"Escuchar antes de proponer, acompañar sin sustituir": la experiencia enriquecedora de los cooperantes de Cáritas junto a las comunidades

martes, 15 septiembre 2026 cáritas   indígenas   desplazados   promoción humana   cooperación  

Caritas España

Bogotá (Agencia Fides) – El pasado 8 de septiembre se celebró el Día del Cooperante, una jornada de la Cooperación Española que reconoce la labor de los profesionales que trabajan por los derechos y la dignidad de todas las personas con proyectos de desarrollo y acción humanitaria en las zonas más vulnerables del mundo.

Más de 2.300 españoles y españolas desarrollan este trabajo fuera del país, según datos de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) de 2025. Entre ellos está Manuel Gutiérrez Chaparro, cooperante de Cáritas Española en Colombia y Venezuela, que este año cumple dos décadas, dedicado a la cooperación internacional. Su testimonio ha sido compartido con Agencia Fides por Cáritas Española con motivo de esta jornada.

Los cooperantes de Cáritas trabajan junto a las organizaciones locales y las comunidades en contextos de pobreza, conflicto, desplazamiento o emergencia. Su labor combina la gestión de proyectos con la presencia sobre el terreno, la escucha y el fortalecimiento de las capacidades locales. El objetivo no es sustituir a quienes conocen cada territorio, sino acompañar procesos en los que las propias comunidades sean protagonistas.

Para Manuel, esta manera de entender la cooperación comenzó a tomar forma desde sus primeras experiencias. Después de estudiar Pedagogía realizó un voluntariado en un colegio de Nicaragua y, en 2005, inició su relación con Cáritas Española. Allí se formó en la elaboración y gestión de proyectos de cooperación y comenzó un recorrido que lo llevaría posteriormente a Nicaragua, República Dominicana y Colombia.

Este último país terminó convirtiéndose en un lugar decisivo en su trayectoria. “Llegué casi por casualidad, para un proyecto de dos años, y descubrí que aquel era mi lugar en el mundo”. Desde entonces ha trabajado en territorios marcados por la desigualdad, el desplazamiento forzado y el conflicto armado, entre ellos, el Chocó, en el Pacífico norte, una de las zonas de más difícil acceso del país.

“Para mí, ser cooperante no es solo una profesión: es una forma de estar en el mundo”, explica. En su trabajo junto a comunidades indígenas desplazadas que han podido retornar a sus territorios ha encontrado historias de gente que lucha por construir una vida digna a pesar de las adversidades. “Lo he visto también en mujeres que, tras años de silencio, lideran procesos comunitarios y se convierten en referentes de cambio”.

Son experiencias que han marcado su manera de entender la cooperación. Para Manuel, el acompañamiento debe contribuir a que las comunidades sean protagonistas de sus propios procesos, evitando generar dependencia. La tarea de la cooperación, afirma, “es acompañar, fortalecer sus capacidades y poner recursos y conocimientos a su servicio” No se trata de sustituir a quienes están en el territorio: quienes viven en él son quienes conocen sus necesidades y quienes siguen allí cuando termina un proyecto o el cooperante regresa a su país.

Hoy su trabajo puede llevarle de una reunión en Bogotá con los equipos de Cáritas Colombiana a un viaje en lancha por el Pacífico o a Venezuela para encontrarse con comunidades y equipos locales. “Cada contexto tiene su propia historia, sus propios dolores y también sus propias formas de resistencia”, explica.

Se trata de una labor que exige prudencia, conocer cada realidad y mantener una estrecha coordinación con las organizaciones locales. En estas situaciones, Manuel ha tenido que reconocer muchas veces que las posibilidades de respuesta son limitadas frente a la magnitud de las necesidades.

En Venezuela, Manuel ha vivido además una de las experiencias más duras de su trayectoria: la respuesta humanitaria tras los terremotos de junio de 2026. Allí ha acompañado a Cáritas Venezuela y a sus equipos diocesanos en la atención de necesidades urgentes de alimentación, agua, salud, alojamiento y protección.

Pero, aunque buena parte de su día a día está dedicada a la gestión, los proyectos, la coordinación o los informes, explica que nada de eso tendría sentido sin las personas que hay detrás. “Lo que más me gusta es el trabajo con la gente”, afirma. Escuchar, comprender y acompañar permite descubrir detrás de cada intervención historias concretas, familias y comunidades que afrontan situaciones difíciles.
Después de 20 años, resume buena parte de lo aprendido en una frase: “Estar cerca, escuchar antes de proponer, acompañar sin sustituir”.
(LGR) (Agencia Fides 15/09/2026)


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