Pobreza, educación y acceso al agua: el grito de alerta de los vicariatos de la región peruana de Loreto

viernes, 22 mayo 2026 amazonia   iglesias locales   pobreza   indígenas   agua  

vicariatodeiquitos.org

Iquitos (Agencia Fides) – Los vicariatos apostólicos de la región peruana de Loreto han lanzado un grito de alarma: a la luz de los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) sobre la pobreza económica en 2025, denuncian una situación “que no mejora, sino que empeora”, marcada por desigualdades profundas y por un sentimiento de abandono por parte del Estado.

En un reciente mensaje conjunto, los obispos de Iquitos, Yurimaguas y San José del Amazonas recuerdan que Loreto es la segunda región más afectada por la pobreza a nivel nacional, con más del 40% de la población en situación de pobreza o pobreza extrema, y más de un 32% en condición de vulnerabilidad, es decir, al borde de caer en la pobreza ante cualquier crisis. La realidad es aún más grave en los hogares cuyo jefe de familia tiene como lengua materna una lengua indígena amazónica, donde los índices de pobreza superan el 46%.

Para Pablo Francisco Díaz Sevillano, responsable de comunicación del vicariato apostólico de Iquitos, esta pobreza es profundamente “multidimensional” y estructural. Uno de sus síntomas más visibles es el acceso al agua potable. Según el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN), en 2024 solo el 74,1% de los hogares de Loreto estaba conectado a una red pública de agua, lo que convierte a la región en la peor atendida del país, muy por debajo de departamentos como Moquegua, que alcanza el 96,7%.

“Muchas familias en la periferia de Iquitos siguen esperando la lluvia para recoger algo de agua o la tienen que comprar cada día a proveedores de los que no siempre se puede garantizar la calidad potable”, explica a la Agencia Fides. Mantener esta situación tiene un impacto directo en la economía familiar, ya que el coste del agua puede ser mucho más alto que el de una familia conectada a la red pública. Además del gasto que supone, la falta de acceso al agua potable favorece la propagación de enfermedades como el cólera, la diarrea o el dengue, con la consiguiente pérdida de horas de trabajo y costes sanitarios adicionales para el Estado y, sobre todo, para las familias. “La enfermedad de un miembro del hogar pone a toda la familia en una situación económica muy difícil”, explica a la Agencia Fides.

El acceso a la educación constituye otra herida abierta. Loreto cuenta únicamente con dos universidades públicas en todo su territorio -la Universidad Nacional de la Amazonía Peruana, en Iquitos, y la Universidad Nacional Autónoma de Alto Amazonas, en Yurimaguas- a las que se suma una sola universidad privada recientemente inaugurada en la capital regional, con costes imposibles para muchos. Para una gran parte de los jóvenes, estudiar implica emigrar a Iquitos o recurrir a itinerarios técnicos de corta duración. Según el INEI, hay alrededor de 65.000 jóvenes entre 15 y 29 años que ni estudian ni trabajan, una realidad que alimenta la economía informal, el tráfico ilegal y las redes criminales. A ello se suman los bajos niveles de comprensión lectora y de competencias matemáticas, con Loreto situado entre las últimas regiones del país en estos indicadores.

Esta fragilidad socioeconómica se combina con otros factores propios de la Amazonía. Las grandes distancias, la dependencia del combustible para el transporte fluvial y la presencia de economías criminales que “han capturado el Estado” contribuyen a una inflación más alta que en otras regiones. Quienes disponen de capital especulan con los precios, de modo que la población más pobre tiene dificultades incluso para acceder a bienes básicos. Se estima que el coste de la cesta básica en Loreto es entre un 15% y un 30% más alto que en Lima, mientras que los salarios son, en general, más bajos. “Podría decirse que en Loreto hay más inflación y menos salario”, resume el responsable de comunicación del vicariato.

Ante este diagnóstico terrible, los pastores de la región hablan sin rodeos de “corrupción” que perpetúa la pobreza y frena el desarrollo. “El gobierno regional de Loreto y las municipalidades disponen delos recursos, pero la calidad de vida de la población no mejora. Esto significa que no hay voluntad política de servicio al bien común por parte de lso gestores publicos, sino que la depredación que desde hace decadas padece la Amazonía alcanza también a los presupuestos estatales”, afirman. Denuncian además una situación de fuerte conflictividad social, tensiones y episodios de violencia -como los ocurridos recientemente en el río Corrientes- que hacen de Loreto, a mitad de 2026, una de las regiones más frágiles del país.

En primera línea a la hora de medir la urgencia de la situación, los obispos lanzan un doble llamamiento. A las autoridades nacionales y locales, para que trabajen “con dedicación y responsabilidad” en la reducción de “las brechas de pobreza que azotan a nuestros pueblos, gestionando los fondos públicos con honestidad y transparencia”. Y luego, a la ciudadanía, a la que invitan a “ejercer su derecho y deber al sufragio, eligiendo candidatos más capacitados y fiables, para buscar el bien común por encima del interes particular o partidario”. En este contexto, el papel de la comunidad eclesial es central.

Durante pico de la pandemia de Covid-19, la comunidad eclesial de Iquitos desempeñó un papel clave: según un estudio citado por el responsable de comunicación, la paralización de las autoridades municipales y regionales ante la emergencia convirtió a Loreto en uno de los territorios más afectados, y la Iglesia se mostró como un actor de referencia, organizando una de las mayores movilizaciones de la sociedad civil a nivel nacional. Tanto es así que, durante una visita a Iquitos, el presidente del Consejo de Ministros se reunió con el administrador diocesano del vicariato, señal de la confianza depositada en la institución eclesial.

Hoy en día, esa confianza se traduce en una constante demanda por parte de las comunidades, aunque la Iglesia no puede ni quiere sustituir al Estado. El vicariato de Iquitos ha puesto en marcha diversas iniciativas concretas. “Contamos con el apoyo de aliados importantes que nos ayudan a sostener proyectos de gran relevancia, lo que nos permite acompañar a las poblaciones vulnerables en su lucha por el acceso al agua potable, la protección de ríos como el Marañón, declarado sujeto de derechos en 2024, la reparación de daños ambientales, la defensa de los líderes indígenas, la prevención de abusos en espacios eclesiales, la acogida de personas sin hogar y la participación en la oferta educativa de la ciudad”, explica Pablo Francisco Díaz Sevillano. En total, cinco escuelas parroquiales ofrecen educación de calidad en este departamento, marcado por resultados escolares muy bajos.

Muchas de estas acciones se desarrollan de forma discreta, pero resultan decisivas para quienes se benefician de ellas. Pablo Francisco Díaz Sevillano reconoce que algunos compromisos encuentran resistencias dentro de ciertos ámbitos eclesiales, pero insiste: “Actuamos a la luz del Evangelio”.

Retomando el llamamiento bíblico a escuchar “el clamor del pueblo pobre y vulnerable” (Ex 3,7-9), los vicariatos apostólicos de Loreto apelan a la responsabilidad e invitan al conjunto de la sociedad a participar en esta urgente tarea de conversión social, política y pastoral.
(ML) (Agencia Fides 22/5/2026)


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