Wecare
Por Laura Gómez Ruiz
Roma (Agencia Fides) – Una experiencia de misión puede comenzar con un gesto concreto: construir, ayudar, compartir el día a día con una comunidad. Pero las preguntas que nacen durante ese tiempo pueden abrir otros caminos. ¿Quién soy? ¿Qué puede llenar mi corazón? ¿Cómo puedo ser feliz?...
Para los jóvenes que participan en las experiencias de Wecare, el servicio está acompañado por un recorrido de reflexión que busca dar espacio precisamente a esas preguntas.
Como se contaba en la primera parte de esta historia, (véase Fides 23/09/2026) algunos encuentros con los demás pueden cambiar la mirada sobre la propia vida. Hay gestos, palabras, cercanía que pueden acompañar las preguntas que surgen durante el viaje.
Las raíces de Wecare se remontan a las primeras experiencias de voluntariado iniciadas en 2005, en Perú, mientras que la actual realidad asociativa nació en 2023, después de integrar las distintas iniciativas desarrolladas a lo largo de los años. «No queremos que sea simplemente una experiencia de voluntariado», explica Fernando Lozada Baldoceda, iniciador de las experiencias de voluntariado en el extranjero y hoy director de Wecare.
Preparar el terreno
Junto al trabajo concreto, la organización propone un itinerario de reflexión inspirado en los valores del Evangelio, aunque sin presentarlos explícitamente. Por eso lo definen como un camino de «pre-evangelización».
La propuesta parte de cuestiones profundamente arraigadas en el corazón de cada uno acerca de la propia identidad, el sufrimiento, el amor, la amistad, la felicidad, la misión y la vocación. «Son preguntas que pueden llevar a preguntarse incluso por lo sobrenatural», señala Fernando. No se trata, por tanto, de ofrecer respuestas prefabricadas, sino de crear un espacio en el que cada joven pueda confrontarse con aquello que vive y con las preguntas que atraviesan su propia existencia.
El recorrido combina momentos comunes de reflexión con pequeños grupos. «Son conferencias», explica Fernando, pero después los jóvenes tienen la posibilidad de compartir y confrontarse entre ellos. Y la reflexión no queda limitada a lo sucedido durante el viaje: las preguntas buscan poner en juego también la propia historia, las decisiones, las relaciones y la manera de mirar la vida.
A este camino se suma un diario de viaje. Cada tema está acompañado por textos, también de literatura cristiana, y por preguntas que ayudan a transformar la lectura en una reflexión personal. Los contenidos están relacionados con lo que los jóvenes están viviendo, «la idea es que el tema no quede desconectado de la experiencia», explica Fernando.
Una cercanía discreta
Es precisamente en este punto donde adquiere un papel particular la cercanía del sacerdote. El padre Gonzalo Len Alvarez, vicerrector de la iglesia de ‘San Paolo alla Regola’, en Roma, acompaña a los jóvenes durante las experiencias de misión y comparte con ellos el camino, la vida cotidiana y los momentos de reflexión. Para él, uno de los elementos fundamentales de la propuesta es que los jóvenes puedan llegar «al encuentro con Cristo a través de dos experiencias fundamentales: el encuentro con el otro y el encuentro con uno mismo».
El primero, explica p. Gonzalo, nace de la cercanía con personas y comunidades que viven situaciones diferentes de las propias. El joven conoce historias que no forman parte de su vida cotidiana, «aprenden a vivir el servicio, la gratuidad, la caridad y el don de sí», explica el sacerdote.
A partir de ahí puede surgir el segundo encuentro: el del joven consigo mismo. El padre Gonzalo explica cómo «hay también un verdadero recorrido interior que invita a cada uno a confrontarse con las grandes preguntas de la vida: quién soy, qué es lo que hace verdaderamente feliz, por qué existe el sufrimiento o qué significa amar». No todos los jóvenes recorren el mismo camino ni llegan a las mismas conclusiones. Cada uno responde desde su propia historia y con su propia libertad.
Para algunos, explica el padre Gonzalo, la experiencia puede significar «redescubrir una fe que se había alejado de su vida; para otros, encontrar una luz ante una decisión importante o descubrir nuevamente la belleza de la oración y de la vida cristiana». En algunos casos, no pocos, el encuentro con Cristo aparece de una manera nueva, «Cristo no es simplemente una propuesta religiosa, sino la respuesta más profunda a los anhelos del corazón».
En ese recorrido, la presencia de un sacerdote que comparte con los jóvenes la experiencia de misión adquiere un significado especial. El acompañamiento no llega solamente después, para interpretar lo vivido, sino que forma parte del camino desde dentro. El sacerdote participa en la experiencia concreta y puede acompañar las preguntas que nacen de ella. Así, la dimensión espiritual no aparece como un elemento añadido al final de un proyecto de voluntariado. Está vinculada al encuentro con las personas, al trabajo realizado y a la mirada que cada joven dirige hacia su propia vida.
Ninguna respuesta prefabricada
Para Lozada Baldoceda, esta es también la razón por la que el recorrido no se presenta como una simple actividad formativa. La experiencia busca poner en relación lo que el joven ve fuera con aquello que lleva dentro. Los textos y las preguntas del diario, las conversaciones en grupo y la experiencia de servicio forman parte de un mismo camino. El objetivo no es ofrecer respuestas prefabricadas. Las preguntas pueden abrir un proceso que cada uno recorrerá de manera distinta y que puede continuar después del regreso.
El padre Gonzalo concluye explicando que «Es precisamente en estos pequeños y grandes cambios donde descubro el espíritu misionero de la Iglesia: jóvenes que, después de experimentar el amor de Cristo y dejarse transformar por el Evangelio, sienten de manera natural el deseo de compartir con los demás lo que ellos mismos han recibido». No se trata de una obligación añadida al final de la experiencia, sino de la consecuencia de un encuentro que ha dejado huella: quien ha recibido algo bueno desea comunicarlo.
La propia historia de Wecare ofrece un ejemplo de que el servicio puede continuar adoptando formas distintas.
Durante la pandemia, cuando los viajes previstos tuvieron que suspenderse, jóvenes que habían participado en experiencias anteriores quisieron buscar otra manera de ayudar. Así nació ‘Sosteniamoci’, un proyecto que comenzó recogiendo alimentos y preparando lotes para familias necesitadas en Roma y posteriormente en Milán. Con el tiempo, esta experiencia y las iniciativas internacionales confluyeron en la realidad que hoy es Wecare.
Veinte años después de aquellas primeras experiencias en Perú, el desafío sigue siendo el mismo: que la misión no se reduzca a hacer algo por alguien, sino que permita un encuentro capaz de transformar la mirada. La ayuda concreta importa. Pero también importa aquello que ocurre cuando el joven se pregunta qué significa para él haber encontrado a esa persona, haber visto esa realidad y haber compartido su tiempo con ella. Del encuentro con el otro al encuentro consigo mismo; de ahí, para algunos, al encuentro con Cristo. Y de lo recibido, finalmente, puede nacer el deseo de salir de nuevo al encuentro de los demás.
(Agencia Fides 30/09/2026)
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