Hawái, 200 años de misión católica: Para hacer crecer un árbol hace falta una semilla

martes, 14 julio 2026 misión   misioneros   iglesias locales   inculturación  

catholichawaii200.org

por Marie-Lucile Kubacki

Honolulu (Agencia Fides) – «La llegada de los primeros misioneros católicos a Hawái en 1827 no fue el comienzo del camino. En un sentido muy real, aunque el pueblo hawaiano apenas sabía nada de antemano sobre la llegada de los misioneros, Dios ya había preparado los corazones para recibir el Evangelio de Jesucristo».
Con estas palabras, el obispo de Honolulu, Clarence Richard “Larry” Silva, inauguró el 9 de julio de 2026 el Año Jubilar que conmemora los doscientos años de la llegada de los primeros misioneros católicos a Hawái.
«Este pueblo -explicó el obispo- ya era religioso, con muchos relatos semejantes a las historias de la Biblia. Era un pueblo que valoraba la comunidad y cuyo corazón estaba abierto a la acción del Espíritu Santo. Por eso, su apertura a la fe católica no comenzó con la llegada de los primeros misioneros. Dios ya había preparado el terreno para que fuera plantada aquella gran semilla de la Palabra del Dios verdadero y vivo. Y así ha sido siempre».
La celebración eucarística inaugural del Año Jubilar, presidida por el obispo Silva en la Catedral de Nuestra Señora de la Paz, marca el inicio de un camino de memoria y conversión que llevará a la Iglesia local, en julio de 2027, a conmemorar los 200 años de la llegada del padre Alexis Bachelot, religioso de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y María y primer prefecto apostólico de las islas Sandwich. Recordando que «Dios ya había preparado el terreno» en el corazón de un pueblo profundamente religioso, el obispo invitó a los fieles a releer la historia de la evangelización como una obra paciente del Espíritu, iniciada mucho antes de la llegada visible de los misioneros.

Una mirada al pasado

A comienzos del siglo XIX, el Reino de Hawái atravesaba un profundo proceso de transformación religiosa y política. En 1819, un año antes de la llegada de los primeros misioneros protestantes, los soberanos abolieron el antiguo sistema de los kapu (tabúes), que hasta entonces había estructurado la vida social, política y espiritual del archipiélago. El pueblo hawaiano seguía siendo profundamente religioso, con una cosmovisión y unas tradiciones que daban sentido a su existencia, pero sus referentes tradicionales comenzaron a verse sacudidos por esta decisión y por los crecientes contactos con el exterior, a través de marinos y comerciantes occidentales. Fue en este contexto de profundo cambio cultural cuando el cristianismo hizo su entrada en las islas.
En 1820, los misioneros protestantes estadounidenses del American Board of Commissioners for Foreign Missions desembarcaron en Oʻahu, poco después de la abolición del sistema kapu. Abrieron escuelas, formaron catequistas, tradujeron las Sagradas Escrituras y acompañaron la progresiva conversión de la monarquía y de las élites locales, a menudo con la colaboración de polinesios ya evangelizados en otras islas del Pacífico.
En un artículo publicado en Christianity Today, titulado «Tahitians First Came to Hawaiʻi in Power. They Later Returned with the Gospel» («Los tahitianos llegaron primero a Hawái con poder. Después regresaron con el Evangelio»), Christopher Cook, investigador especializado en el periodo misionero de la monarquía hawaiana y autor de una biografía de Henry ʻŌpūkahaʻia, el primer hawaiano nativo bautizado como cristiano, destaca que este proceso no fue únicamente obra de los misioneros anglosajones. Matrimonios tahitianos ya convertidos al cristianismo desempeñaron un papel decisivo en los primeros pasos en la fe de una reina hawaiana, una conversión que tendría una influencia determinante en la historia del cristianismo en el archipiélago.
Sobre este escenario, ya transformado por la llegada de los primeros misioneros protestantes, en 1827 comenzó una nueva etapa con la implantación del catolicismo en Hawái. Ese año llegó a Honolulu el sacerdote francés Alexis Jean-Augustin Bachelot, enviado por el papa León XII con la misión de evangelizar el archipiélago. Animado por el espíritu misionero de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, llegó con el propósito de establecer una presencia católica estable y servir a la población local.
Junto con algunos de sus compañeros, el padre Bachelot celebró las primeras misas en suelo hawaiano y comenzó a organizar una pequeña comunidad en torno a los sacramentos, la catequesis y la vida de oración. Además, redactó diversos textos en lengua hawaiana -una gramática, catecismos y un libro de oraciones- que testimonian su profundo interés por la cultura local. Aunque su permanencia estuvo marcada por dificultades que lo obligaron a abandonar las islas en 1831, sentó las bases de la misión de los Sagrados Corazones y del futuro Vicariato Apostólico, dejando una huella perdurable en la memoria de la Iglesia local.

Las semillas del Prosopis y la semilla del Evangelio

Como en una parábola evangélica, el misionero contribuyó también a transformar de manera concreta el paisaje de las islas. Había llevado consigo semillas de Prosopis, un arbusto perenne originario de Sudamérica, procedentes del Jardin du Roi de París -actual Jardin des Plantes-, fruto de las extensas redes de intercambio botánico del siglo XIX. Alexis Jean-Augustin Bachelot las plantó en Honolulu y, con el tiempo, la especie se extendió ampliamente por todo el archipiélago.
Desarrollando precisamente la metáfora de la semilla, el obispo Larry Silva recordó que el padre Bachelot deseaba sembrarlas «en este nuevo campo de misión, para que, así como ese árbol echaría raíces y se extendería por las islas, también la fe católica pudiera arraigar y difundirse». Hoy, el territorio de la diócesis de Honolulu está cubierto de árboles de Prosopis y cuenta con 66 parroquias y 23 iglesias que atienden a los católicos distribuidos en las seis islas habitadas del archipiélago.
El obispo relacionó además el bicentenario con una perspectiva más amplia, recordando que la Iglesia universal se prepara para celebrar en 2033 los dos mil años de la muerte y resurrección de Cristo. En la Biblia –explicó- es Dios mismo quien prepara este acontecimiento, «eligiendo de entre el pueblo de Israel a mensajeros particulares, enviando profetas y realizando signos poderosos para volver a tocar el corazón de su pueblo amado». Por eso, la vida misionera hunde siempre sus raíces en la oración, entendida como búsqueda de la voluntad de Dios, sin la cual la acción humana corre el riesgo de resultar estéril.
A la luz de esta historia de la salvación, monseñor Silva invitó a los católicos de Hawái a vivir el bicentenario como una renovada llamada a la misión: «¿De qué manera nuestra forma de vivir hoy la fe hará que siga floreciendo y creciendo en estas islas y en el mundo? ¿Cómo será sembrada la Palabra de Dios en el corazón de quienes no conocen a Jesús, si nosotros mismos no nos convertimos en sembradores?».
Además el obispo animó a la comunidad a no centrarse, ante todo, en las estructuras o en los programas, sino a volver la mirada a Cristo y a seguir las huellas de los misioneros de ayer para ofrecer, hoy y mañana, «un terreno en el que pueda germinar la Palabra del Dios vivo, Jesucristo, nuestro Señor».
El obispo Larry Silva ha guiado la diócesis de Hawái durante veinte años. El pasado 6 de mayo, el papa León XIV aceptó su renuncia y nombró nuevo obispo de Honolulu al jesuita Michael T. Castori. La ordenación episcopal y la toma de posesión del sexto obispo de Honolulu tendrán lugar el martes 28 de julio en la concatedral de Santa Teresa del Niño Jesús.
(Agencia Fides 14/7/2026)


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