Okinawa Uno (Agencia Fides) – Son 33 las capillas que esperan al menos una vez al mes la llegada del padre Ángel Lim Jaejong para la celebración de la Eucaristía. Los caminos que conectan estas capillas en un radio de 50 km² son empinados y carecen de asfalto. El sacerdote, de 35 años y residente en Bolivia desde hace unos cinco, proviene de la arquidiócesis coreana de Kwangju y es vicario parroquial de la parroquia de San Francisco Javier en Okinawa.
En un país donde los católicos constituyen entre el 70 y el 85% de la población, “las fiestas religiosas suelen vivirse con mucha intensidad, con una especial devoción mariana. La gente tiene un corazón generoso y apoya con gran dedicación las obras e iniciativas de la Iglesia”, relata el padre Lim. “Solo al visitarlos en sus casas me doy cuenta de su verdadera pobreza económica”.
Okinawa se encuentra a 146 kilómetros de Santa Cruz de la Sierra, la principal metrópolis de Bolivia. La ciudad recibió en 1899 a los primeros migrantes japoneses; tras llegar inicialmente a Perú, algunos decidieron trasladarse a Bolivia y llevaron consigo el nombre de su ciudad de origen del país del Sol Naciente.
Reflexionando sobre la diferencia en el ejercicio del ministerio sacerdotal entre su país de origen y el país donde ahora realiza su misión, el padre Lim comenta: “Pensándolo un momento, en Corea los niños llaman al sacerdote ‘chibunim’ (신부님), que significa ‘padre’, mientras que aquí tienden a llamarlo ‘papá’. En realidad, los niños suelen sentirse un poco desatendidos por sus padres en casa, ya que estos solo pueden ocuparse de ellos en el poco tiempo libre que les deja el trabajo; por eso, tanto niños como adultos buscan a menudo afecto en la figura del sacerdote”, explica el diocesano de Kwangju.
Ya desde el seminario, Jaejong había pasado un año en Filipinas, donde comenzó a preguntarse sobre su vocación misionera. “No pensé en las dificultades. Para mí el llamado era claro y me puse a estudiar español”, explica Lim.
“Gracias a pequeñas iniciativas, como la venta de snacks organizada por las asociaciones parroquiales, se recaudan fondos”, relata el misionero. “Como Okinawa es una comunidad principalmente agrícola (conocida por el cultivo de trigo), muchos habitantes trabajan en el sector agrícola, pero el escaso desarrollo de las infraestructuras les permite un acceso limitado a los mercados locales como fuente estable de ingresos. Las solicitudes de ayuda que recibimos son numerosas”.
El misionero explica además cómo las ayudas se distribuyen tras un proceso de verificación. Este cuidado ha hecho que, con el tiempo, solo acudan a pedir ayuda quienes realmente la necesitan. “Con el dinero recaudado visitamos a los enfermos. Además del apoyo espiritual que ofrecemos, hay un formulario que se debe completar, por lo que visitamos las casas junto con personal médico para verificar la situación y establecer un importe máximo de ayuda”, aclara el padre Lim.
“Un tema especialmente sensible en el contexto boliviano, sobre todo rural, es el de los certificados de bautismo. Muchas personas mayores acuden a la iglesia a solicitar el Certificado de Bautizo para poder acceder a sus derechos como ciudadanos”, cuenta el padre Ángel. “Si se hace a tiempo, las personas nacidas antes de 1940 pueden acceder a una vejez digna”.
Según el SEGIP (Servicio General de Identificación Personal), las últimas estadísticas sobre bolivianos sin registro civil datan de 2014 y señalan que el 7% de la población no posee documentos de identidad. La ley promulgada el 5 de abril de 1945 permitió a los bolivianos nacidos antes de 1940 -cuando aún no existía el registro civil- obtener certificados de nacimiento presentando el certificado de bautismo, por lo que el Certificado de Bautizo ha adquirido un importante valor histórico.
Bolivia es presentada como la nación más corrupta de América Latina y el Caribe, según los últimos datos del World Justice Project de 2024, y como el segundo país más corrupto del mundo, con 141 puntos sobre 142, después de la República Democrática del Congo. Una de las urgencias más sentidas es la de encontrar y gestionar recursos y donaciones sin tener que pagar un precio a dinámicas no transparentes.
A comienzos de semana, la Cámara boliviana aprobó una ley que amplía los poderes del gobierno para declarar el estado de emergencia. Esto ocurre tras cinco semanas de protestas y bloqueos de carreteras, cientos de detenciones y una decena de muertos. Aprobada por dos tercios de los votos, la norma permite al presidente Rodrigo Paz adoptar medidas extraordinarias durante hasta tres meses, y ha generado polémica, especialmente por parte del expresidente Evo Morales y de organizaciones de derechos humanos.
“Vivo lejos de casa y encuentro aspectos de Corea en la convivencia con otros sacerdotes presentes en Bolivia, pero no siento una nostalgia particular, porque sé que soy recordado en las oraciones de mi madre, y eso me da fuerza para seguir adelante”, concluye el padre Ángel Jaejong Lim.
(Agencia Fides 19/6/2026)
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