LEÓN XIV EN ESPAÑA - El Papa a los obispos españoles: custodien “como un tesoro” lo que facilita el camino en la fe

lunes, 8 junio 2026 papa león xiv   viaje apostólico   obispos   iglesias locales   misión  

VaticanMedia

Madrid (Agencia Fides) - «Se me ha ocurrido proponeros la imagen de un viaje en el que el destino es Dios, hacia quien alzamos nuestra mirada». En el discurso a los obispos de España del 8 de junio, León XIV ha reiterado que la misión de la Iglesia es ante todo un camino de fe, más que un conjunto de cosas o de resultados que se pueden medir.

El Papa ha advertido contra la tentación de fijarse en lo que se deja atrás, «los lugares, las cosas, las formas», sin «abrirnos, en la docilidad al Espíritu, a la novedad de lo que encontramos», y ha invitado a «conjugar prudentemente libertad y valentía» para «dejar estructuras que no nos ayudan, no responden o incluso nos alejan de nuestro fin, con la fortaleza de conservar como un tesoro aquello que lo facilita». Al hacerlo, ha subrayado la belleza del patrimonio arquitectónico español, señalando el «enorme desafío» de lograr que «este patrimonio produzca los frutos de los que es capaz».

La fuerza de la Iglesia, ha reiterado el Papa, «no nace de la grandeza de los medios, sino de la santidad de sus hijos, de la comunión de sus pastores, de la fidelidad humilde y perseverante de quien se deja guiar por el Espíritu», del caminar juntos como un solo cuerpo, incluso en un tiempo «de polarizaciones y contraposiciones cada vez más duras». La comunión se convierte así en el primer signo misionero, capaz de hablar al mundo más que las estrategias o el uso hábil de los medios disponibles. «Esta llamada a ser signo de comunión en Cristo, caminando en unidad y tendiendo nuestra mano al hermano que encontramos, nos pone delante de otro desafío que toca hoy el corazón de muchos: la dificultad de asumir compromisos definitivos y de tomar decisiones vitales profundas», ha proseguido.

En muchos jóvenes, y no sólo en ellos – ha señalado el Papa - la pregunta: «¿Para quién soy?» resuena como una búsqueda sincera de sentido, de pertenencia y de don. El corazón humano no se llena acumulando experiencias, posibilidades o seguridades provisionales: se llena cuando descubre una llamada, cuando comprende que la vida alcanza su plenitud sólo si es donada.

En este horizonte se comprende también el llamado a la pastoral vocacional, que «no puede reducirse a una simple búsqueda de números». Las vocaciones nacen en el camino, en comunidades vivas, «de sacerdotes felices» y de familias que testimonian «la belleza de la fidelidad».

La misión, para León XIV, es también un viaje de encuentro y de diálogo. El Papa invita a «aprender el lenguaje del otro», a «ir tejiendo vínculos» para que el patrimonio cristiano se convierta en «instrumento y oportunidad de diálogo» con las distintas realidades, desde las «inmensas llanuras castellanas» marcadas por la despoblación hasta las metrópolis donde «el silencio y la lejanía no son físicos, sino íntimos». En este itinerario, la Iglesia está llamada a reconocer la «profunda sed de sentido» que habita en muchos hombres y mujeres, ofreciendo el «tesoro» que ha recibido: Jesucristo, en cuyo nombre el hombre «puede levantarse y caminar».

En este camino hecho de encuentros, las dificultades «pueden afrontarse como oportunidades». «A veces nos resulta difícil presentar la vocación de los laicos y su integración en este viaje de vida que como Iglesia estamos realizando», ha reconocido. «Por otro lado, vemos como en muchas obras, tradicionalmente gestionadas por religiosos, se recurre a colaboradores laicos para poder seguir realizando la tarea. Es una dificultad que podemos convertir en oportunidad de encuentro, de diálogo y de comunicación. De nosotros depende que estos laicos lleguen a percibir su participación en este servicio eclesial como una llamada que Dios les hace a asumir su responsabilidad como cristianos, interiorizando el espíritu, sintiéndose parte de la misión que el Señor encomendó a los religiosos que la pusieron en pie».

Entre estos encuentros está también el de las personas «heridas precisamente por quienes debían cuidarlas, incluso por miembros del clero», ante las cuales la comunidad eclesial está llamada a hacerse verdaderamente «samaritana», respondiendo «con la escucha, la verdad, la justicia, la reparación» y con un compromiso decidido en «la prevención y la cultura del cuidado».

En un mundo secularizado, ha añadido el Obispo de Roma, muchos no «rechazan simplemente a Dios», sino que llevan dentro «una profunda sed de sentido, de verdad, de pertenencia y de esperanza», incluso cuando no saben darle un nombre. La misión consiste entonces en reconocer estos deseos, escucharlos con respeto y ofrecer, como Pedro y Juan al paralítico a la puerta del templo, «el tesoro» que la Iglesia ha recibido: Jesucristo, en cuyo nombre el hombre «puede levantarse y caminar».

Así, la misión se configura como una peregrinación compartida, en la que «nosotros caminamos con Él», guiados por Cristo y acompañados por María, «pequeña a los ojos del mundo» y sin embargo capaz de hacer «fermentar la masa» como levadura escondida.

El Papa ha concluido su reflexión citando a san Juan de Ávila, patrono del clero español: «Si me mandáis, Señor, hacer lo que vos hicisteis, dadme vuestro corazón» (Sermón 57,20).
(ML) Agencia Fides 8/6/2026)


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