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Por Marie-Lucile Kubacki
Madrid (Agencia Fides) – Del 6 al 12 de junio de 2026, el Papa León XIV ha elegido España como destino de su cuarto viaje apostólico fuera de Italia. En esta ocasión, visitará Madrid y Barcelona, donde celebrará una misa en la basílica de la Sagrada Familia con motivo del centenario de la muerte de su célebre arquitecto, Antoni Gaudí (1852-1926). El Pontífice también se desplazará a las Islas Canarias, archipiélago marcado por la crisis migratoria del Atlántico (véase Fides 29/05/2026).
Desde el punto de vista eclesial y misionero, la situación española resulta especialmente significativa. País históricamente marcado por el cristianismo, España ha entrado plenamente en los procesos de secularización, aunque la comunidad eclesial sigue teniendo una presencia socialmente visible.
Según una encuesta del CIS (Encuesta sobre Tendencias Sociales V, estudio n.º 3535, diciembre de 2025), el 15,2% de los encuestados se declara católico practicante. En el conjunto de la muestra, el 11,4% afirma asistir a misa «todos los domingos y fiestas de guardar», mientras que un 4,7% lo hace «varias veces por semana».
Ante este escenario, la Conferencia Episcopal Española viene desarrollando desde hace años una reflexión profunda para repensar la misión en el contexto actual del país.
Semanas antes de la llegada del Papa, ha publicado un extenso documento titulado “Poneos en camino” (Lc 10,3), en el que propone orientaciones pastorales para los próximos cuatro años.
Mientras el papa León XIV ha recordado recientemente, en su discurso a las Obras Misionales Pontificias, la importancia de que las “Iglesias más antiguas” se integren en el dinamismo misionero de toda la Iglesia (véase Fides, 1/6/2026), el texto de los obispos españoles ofrece un diagnóstico lúcido y dinámico. «En España ha pasado la época, asentada durante siglos, en la que decíamos: “soy católico porque he nacido en España”», reconoce el documento.
«Las dificultades que encontramos en la evangelización, así como el envejecimiento y disminución numérica de los miembros de la comunidad cristiana, de los matrimonios, consagrados, pastores y laicos comprometidos en la misión de la Iglesia, provocan cierto desánimo en la Iglesia, agravado por la sobrecarga de trabajos y retos evangelizadores, especialmente en los ministros ordenados», añade el texto.
También señala que «Los consagrados viven en España una extraordinaria reconfiguración de sus provincias y presencias apostólicas. La permanente reorganización en ‘unidades pastorales’ de las parroquias en la variedad de nombres y estilos, junto a lo anteriormente expuesto, nos hace vivir con la sensación de estar centrados en la ‘ad ministración de una escasez cuantitativa’ que dificulta el avance en ‘la conversión pastoral’ que la novedad del cambio de época demanda».
La tentación de la “doble vida” y las esperanzas que emergen
La Conferencia Episcopal Española propone una lectura a partir del Cenáculo, donde los discípulos permanecen encerrados por miedo. Algunos -advierte el documento- «prefieren refugiarse en el Cenáculo hasta que pase la tormenta», lo que refleja la tentación de separar la vida de fe del resto de la existencia cotidiana.
«Las dificultades, de honda raíz cultural, empujan a una suerte de doble vida, en la que podemos asumir banderas evangélicas, al tiempo que se asumen formas de vida, instrumentos y medios mundanos», prosigue el texto.
«Se termina por reducir la vida evangélica a los templos, pero fuera de ellos -donde se viven las relaciones laborales, las relaciones con otros, con los vecinos, las relaciones como padres y madres de alumnos en el colegio, como profesionales en un ámbito o en otro- hay que asumir las reglas del juego del mundo, dominadas por el dinero y el poder, que provocan indiferencia y pasividad a la hora evangelizar en los entresijos de la mentalidad dominante». Esta suerte de doble vida es «la alienación social» a la que se refiere Francisco en la encíclica Dilexit nos (2024).
Es de este clima, como analiza la CEE, del que nacen «las reducciones ideológicas de la fe o la nostalgia de tiempos pasados, achacando a la reforma conciliar y su acogida todos los males de la Iglesia».
Entre los rasgos de la cultura contemporánea, los obispos destacan la lógica del «empoderamiento» que afecta a la comprensión de la persona en los ámbitos económico, político y antropológico y que «genera una mentalidad contraria a la comprensión cristiana de la persona».
También señalan el consumismo como estructura cultural dominante. «El sistema cultural, económico y político contemporáneo está estructurado en forma de supermercado: el placer, entendido como la satisfacción de un deseo, y el poder y el dinero como instrumentos para lograrlo», se lee. En un contexto marcado por el avance de un individualismo que debilita la percepción tradicional de los vínculos familiares y comunitarios, la Conferencia Episcopal Española detecta una creciente inquietud ante la incertidumbre y el futuro. La «reducción antropológica de la persona a un simple individuo» genera una profunda insatisfacción, empobreciendo «la razón, el afecto y la voluntad». Ese vacío suele intentar compensarse mediante la búsqueda de «poder» o de diversos «sustitutos adictivos», sin lograr aliviar el malestar de fondo. Sin embargo, esta tensión pone de manifiesto una aspiración más profunda: redescubrir que «la vida es un don y no una forma de poder». Así, detrás de la exaltación del individuo aflora la «nostalgia de la persona»; detrás de la búsqueda de poder, el anhelo de «amor»; y detrás de las promesas de una «vida plenamente realizada» que ofrece la sociedad de consumo, emerge el deseo de «santidad». Para la CEE, son precisamente estas búsquedas y expectativas las que la Iglesia está llamada a escuchar si quiere vivir auténticamente su vocación misionera.
El triunfo de una espiritualidad “a la carta”
Otro dato significativo es que, en el seno de una sociedad española cada vez más secularizada, «el desafío de la Iglesia no es tanto el ateísmo, sino el hambre de Dios que se manifiesta de muy diversas maneras». Según el estudio Jóvenes españoles 2026 de la Fundación SM, citado por diversos medios católicos del país, el porcentaje de jóvenes que se declaran católicos pasó del 31,6 % al 45 % entre 2020 y 2025. Sin embargo, el contenido de esa adhesión religiosa suele presentar rasgos sincréticos: entre los católicos practicantes, el 60,7 % afirma creer en el karma, el 48,5 % en la reencarnación y el 44,1 % en las artes mágicas. Surge así una espiritualidad cada vez más personalizada, que combina elementos de la tradición católica con componentes procedentes de corrientes neoesotéricas.
Sin caer en una lectura excesivamente dependiente de las estadísticas, estos datos reflejan la complejidad del momento actual, que no puede interpretarse únicamente a través de la lógica del declive o del resurgimiento religioso. La búsqueda de sentido y de trascendencia sigue viva, pero con frecuencia se expresa fuera de los cauces eclesiales tradicionales y mediante formas más individualizadas y menos vinculadas a las instituciones. En este contexto, uno de los grandes retos misioneros consiste en saber acompañar y dialogar con quienes manifiestan inquietudes espirituales sin identificarse con una confesión religiosa concreta, ese amplio grupo que los sociólogos suelen denominar “spiritual but not religious” o “nones”. Para la Iglesia, se trata de uno de los campos más urgentes y decisivos para el anuncio del Evangelio en nuestro tiempo.
Son dinámicas que también se observan en Francia, país que el Papa visitará del 25 al 28 de septiembre. En ambos contextos, la constatación de la secularización y de la disminución de la práctica religiosa lleva a poner el acento, más que nunca, en la coherencia de vida y en la fuerza del testimonio cristiano.
En España, la Iglesia propone afrontar este cambio de paradigma a la luz del criterio de discernimiento señalado por el Papa Francisco en su discurso a la Curia romana de 2023. «Sesenta años después del Concilio -afirmó entonces- seguimos discutiendo sobre la división entre “progresistas” y “conservadores”; pero esa no es la verdadera diferencia. La diferencia principal es entre los “enamorados” y los “rutinarios”. Esa es la diferencia. Y solo quien ama puede caminar».
En los últimos años, se han llevado a cabo numerosas iniciativas y experiencias apostólicas «en el campo del primer anuncio, el catecumenado de adultos, la renovación de la iniciación cristiana, los nuevos itinerarios de preparación al matrimonio, la piedad popular, la adoración eucarística y la ayuda a los empobrecidos», observa la CEE, que subraya también la contribución de los inmigrantes católicos en términos de revitalización y rejuvenecimiento de las comunidades. En definitiva, no se trata tanto de inventar nuevas recetas, sino de redescubrir, en cada época y en cada lugar, la fuente de agua viva del Evangelio y los gestos sencillos de siempre de las Bienaventuranzas.
(Agencia Fides 5/6/2026)