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de Marie-Lucile Kubacki
Dar es Salaam (Agencia Fides) – La inculturación litúrgica no consiste en “canonizar” costumbres personales ni en añadir indiscriminadamente elementos culturales al rito romano. Su objetivo es ayudar al Pueblo de Dios a celebrar el Misterio Pascual con mayor profundidad en su propio contexto cultural. Esta es una de las convicciones expresadas por los participantes en el segundo Congreso de Liturgistas Africanos que se celebró del 2 al 8 de agosto en Dar es Salaam, Tanzania.
Reunidos en el Centro Kurusani, sede de la Conferencia Episcopal de Tanzania, 112 participantes de once países africanos trabajaron en torno al tema: “Las prácticas de inculturación litúrgica en África: pasado, presente y futuro”.
Tras el Congreso de Dakar de diciembre de 2023, dedicado al estado de la cuestión litúrgica en el continente, los participantes se centraron esta vez en la música, el canto, la danza y la arquitectura. En su resumen final, destacaron ante todo la necesidad de una comprensión rigurosa de la inculturación. “No se trata de crear un nuevo rito”, aclararon, sino que, partiendo de las realidades culturales locales, se trata “de ayudar al pueblo de Dios a celebrar el Misterio Pascual”. El texto advierte así contra la tentación de enriquecer el Rito Romano con elementos que podrían “sobrecargarlo” o “a veces oscurecer el misterio que se celebra”. “No todos los elementos culturales son susceptibles de inculturación”, añadieron. Los liturgistas retoman la orientación de la Instrucción “Varietates legitimae” de 1994, según la cual la inculturación debe permitir la celebración de los sagrados misterios a partir de expresiones culturales auténticas, dotadas de verdadero valor cultual, en armonía con el Evangelio y reconocidas por la Iglesia. Su propósito es que los fieles encuentren a Cristo de manera más profunda en su contexto cultural. Por lo tanto, este camino presupone formación e introducción a la liturgia, de acuerdo con la Constitución del Concilio Vaticano II Sacrosanctum Concilium (núms. 14-16) y con la Carta Apostólica del Papa Francisco, Desiderio desideravi (núms. 31, 37-38 y 62).
El documento recuerda también que la participación activa que exige la Constitución Conciliar sobre la Liturgia no puede reducirse a una mera colección de gestos o posturas corporales (Sacrosanctum Concilium, n.30). Debe ser, ante todo, “consciente, devota y fructífera” (Sacrosanctum Concilium, n.11-12). Desde esta perspectiva se abordó el papel de la música, el canto y la danza.
Los participantes reconocieron que el canto y la danza acompañan momentos de la vida en las culturas africanas. Sin embargo, también señalaron que las propias tradiciones religiosas africanas distinguen las expresiones profanas de las apropiadas para el culto. El reto, por lo tanto, no consiste en reducir la creatividad, sino en orientarla para que las expresiones artísticas permanezcan “verdaderamente al servicio de la oración de la Iglesia”.
El resumen es particularmente claro con respecto a la danza: “La danza litúrgica no es un espectáculo, ni una animación, ni un entretenimiento, y mucho menos un interludio recreativo”, afirma. Puede incorporarse a la acción litúrgica cuando expresa “con dignidad el misterio que se celebra” y, por lo tanto, se convierte en oración. Los grupos cuyo ministerio consiste exclusivamente en danzas alrededor o dentro del santuario deben, por esta razón, someterse a un “discernimiento cuidadoso”; dicha expresión requiere formación, guía y discernimiento para evitar “cualquier folclorización o teatralización” de las celebraciones.
Por lo tanto, se invita a las Conferencias Episcopales a promover la música y los cantos tradicionales, tal como se conciben en Sacrosanctum Concilium (n.119), discerniendo aquellas formas “que concuerdan con la dignidad del templo y fomentan verdaderamente la edificación de los fieles” (n.120). El Congreso recomienda, en particular, la formación de operadores litúrgicos y compositores, la revitalización de los centros de música sacra y el desarrollo de un repertorio que integre la Palabra de Dios, los sacramentos, los sacramentales y la Liturgia de las Horas.
Finalmente, la reflexión sobre la arquitectura recordó que una iglesia no puede reducirse a una sala de reuniones. Un edificio cristiano debe transmitir un mensaje que una fe y cultura, y ser “un lugar revelador y edificante”. Sin espacios que expresen lo sagrado y sirvan a la oración, advirtieron los participantes, “crearemos bellas obras de arte”, pero corren el riesgo de convertirse simplemente en “atracciones turísticas”.
Finalmente, los participantes propopusieron la creación de un instituto litúrgico para África, con el fin de profundizar en la liturgia católica a partir de las ricas tradiciones del continente. “Existen centros de formación litúrgica en todo el mundo, especialmente en Roma, Padua, París, Madrid, Barcelona… Sin embargo, estos institutos, a los que asisten muchos africanos, no siempre están preparados para abordar los diversos retos litúrgicos propios de África”, explica a Fides el padre Olivier-Marie Sarr, abad de Keur Moussa, profesor de liturgia en Sant'Anselmo y coordinador de la Consociatio Liturgica Africana (Asociación de Liturgistas Africanos). “Contar con un instituto litúrgico para África, abierto a la Iglesia universal y en estrecha colaboración con institutos dedicados a la formación litúrgica”, añade el padre Sarr, “puede ayudarnos a explorar mejor diversos temas relacionados con la liturgia en África y brindar orientación teológica, litúrgica y pastoral.
Ofrecería a África un laboratorio para el estudio, la investigación y la experimentación sobre la celebración de la liturgia para los fieles africanos”. El deseo de los liturgistas africanos es, por tanto, contribuir a una celebración caracterizada por “una belleza genuinamente africana y completamente católica”: no una adaptación decorativa, sino un camino auténticamente africano en la relación con Dios a través de la liturgia.
(Agencia Fides, 14/8/2026)
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