La fiesta de la Transfiguración de Jesús en un mundo desfigurado por la guerra

jueves, 6 agosto 2026 cardenal tagle   liturgia   evangelio   guerras  

photo Pascale Rizk

del cardenal Luis Antonio G. Tagle*

Roma (Agencia Fides) – Publicamos la homilía pronunciada por el cardenal Luis Antonio Gokim Tagle durante la misa celebrada hoy en Roma, fiesta de la Transfiguración del Señor, en la capilla dedicada a San John Henry Newman, en el Palacio de Propaganda Fide.

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Demos gracias a Dios, que nos ha reunido como comunidad en esta fiesta de la Transfiguración del Señor Jesús.

El relato de la Transfiguración que acabamos de escuchar en el Evangelio encuentra confirmación en la segunda lectura, en las palabras de san Pedro, uno de los testigos oculares de aquel acontecimiento. Recordemos que, antes de la Transfiguración, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién decís que soy yo?». Simón Pedro confesó que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Jesús respondió inmediatamente que el conocimiento que Pedro tenía de Él provenía de una revelación del Padre. Solo el Padre puede revelar quién es verdaderamente Jesús.

Después, Jesús reveló que Él, el Mesías, tendría que sufrir, morir y resucitar al tercer día. Pedro se opuso a esta imagen del Mesías. Pero Jesús lo llamó inmediatamente Satanás, piedra de tropiezo, escándalo que no se basaba en la revelación de Dios, sino en el razonamiento humano.
Solo el Padre puede revelar quién es verdaderamente Jesús. Al cerrar su mente a la sabiduría del Padre, Pedro «desfiguró» a Jesús.

Una semana después, en un monte, Jesús fue «transfigurado» por el Padre ante Pedro, Santiago y Juan. La voz del Padre reveló a Jesús como su Hijo amado. Mientras conversaba con Moisés y Elías, Jesús se manifestó como el cumplimiento de la Ley y de los Profetas. Su rostro resplandeciente y sus vestidos luminosos revelaban que Jesús era mucho más que Moisés, porque Él era el Hijo de Dios. El cuerpo de Jesús, que un día sería crucificado y sepultado, fue revelado como el cuerpo glorioso del Hijo de Dios en su resurrección.

La Transfiguración de Jesús es la revelación que el Padre ofrece a los discípulos y a nosotros de la verdadera identidad y misión de Jesús. El Padre transforma nuestra manera de mirar a Jesús. El Padre nos pide que escuchemos a Jesús si queremos seguirlo. Lo que Pedro «desfiguró», Dios Padre lo «transfiguró».

Miremos a Jesús tal como el Padre nos lo revela, y no como nosotros quisiéramos que fuera. Escuchemos a Jesús tal como el Padre habla a través de Él, y no como esperamos que hable. Al imponer nuestras ideas y expectativas sobre Jesús, corremos el riesgo de desfigurarlo y terminamos desfigurándonos también a nosotros mismos. El Padre transfigura pacientemente a Jesús ante nuestros ojos y nuestros oídos, para que también nosotros, como sus discípulos, podamos ser transfigurados. Lo que el mundo desfigura, el Padre lo transfigura.

El 6 de agosto de 1945, hace ochenta y un años, a las 8:15 de la mañana, un destello de luz iluminó la ciudad de Hiroshima, en Japón: era la luz de una bomba atómica que llevó consigo la oscuridad de la destrucción, la enfermedad y la muerte. Algunos sostienen que aquel día «transfiguró» el mundo porque provocó la rendición de un enemigo y contribuyó al final de la Segunda Guerra Mundial. Hoy nos preguntamos: ¿ha terminado realmente la guerra? ¿Podemos definir verdaderamente la guerra como una «transfiguración»? ¿Por qué no llamarla por su verdadero nombre: desfiguración? Solo la revelación de Dios, y no la guerra, puede llevar la transfiguración a la humanidad.
(Agencia Fides 6/8/2026)

*Pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización (Sección para la primera evangelización y las nuevas Iglesias particulares)


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