Imus (Agencia Fides) – Esta mañana, a las diez, las campanas de la catedral de Imus han resonado por un funeral y por una familia. En la primera diócesis que fue encomendada al ministerio episcopal del cardenal Luis Antonio Gokim Tagle se han celebrado las exequias de su padre, Manuel Topacio Tagle Sr. Para todos, sencillamente, «Tatay Maning».
Ha sido su hijo, el cardenal Tagle, Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización, quien ha presidido la Misa y pronunciado la homilía.
A su alrededor se han reunido numerosos obispos, dos cardenales y el nuncio apostólico en Filipinas, el arzobispo Charles Brown. También cientos de sacerdotes y religiosos, junto con una multitud llegada de Imus, de Manila y de todos los rincones del archipiélago. Todo un pueblo que ha querido expresar así su afecto al Cardenal y a su familia.
En su homilía, Tagle ha recordado cómo la Eucaristía reúne a los creyentes en una única comunión y muestra cómo Dios puede hacer de cada persona un don para los demás.
El cardenal ha reconocido que la muerte de un ser querido está marcada por la soledad y el sufrimiento. Pero ha subrayado que, precisamente en esas circunstancias, puede percibirse con especial claridad que el corazón humano está hecho para la cercanía, la compañía y la comunión: un deseo que su padre había manifestado con particular intensidad también durante sus periodos de enfermedad y hospitalización.
El cardenal ha retomado después el relato evangélico de la crucifixión y la promesa hecha al buen ladrón: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Una respuesta al miedo más antiguo del ser humano, ha explicado: el miedo a ser abandonado.
La vida eterna, ha recordado el cardenal, es permanecer junto a Jesús. Es quedar para siempre al amparo de la memoria amorosa de Dios. Los hombres pueden olvidar, pero Dios nunca olvida a quien ama. Y esto, ha explicado el Pro-Prefecto del Dicasterio misionero, se ha sido muy visible también en la vida de su padre, marcada por el sufrimiento, el servicio y el amor.
Tatay Maning era todavía un muchacho cuando un bombardeo, durante la guerra, mató a su padre. Algunas esquirlas quedaron alojadas para siempre en su cuerpo. De aquella herida, ha dicho el cardenal, nació también una llamada: rechazar la guerra y construir un mundo sin viudas ni heridos.
Ya de adulto volvió a experimentar la violencia. Fue secuestrado después de ser confundido con el hijo de un hombre rico. Y, sin embargo, cuando hablaba de aquel episodio lo hacía sin rencor. El cardenal ha querido leer también aquella herida como una llamada contra los secuestros y toda forma de explotación de los más vulnerables, y a favor de comunidades en las que nadie quede atrás.
La fe de Tatay Maning se reflejaba en pequeños gestos, repetidos con constancia. Como ministro extraordinario de la Eucaristía, llevaba la Comunión a los enfermos y a quienes estaban en sus últimos momentos. Visitaba regularmente a las familias, sin cansarse nunca. Ayudaba discretamente a quienes atravesaban dificultades y apoyaba de forma anónima a algunos estudiantes para que pudieran continuar sus estudios. Muchos lo han descubierto solo ahora, después de su muerte. Era un hombre profundamente agradecido por la ayuda que había recibido a lo largo de su vida, ha dicho el cardenal.
En la familia, Tatay acompañaba al aeropuerto a sus hijos ya adultos y acudía personalmente a recibirlos a su regreso. Eran gestos cotidianos que expresaban su deseo de permanecer cerca de quienes amaba, tanto en cada partida como en cada regreso. Esa misma atención continúa hoy en su hijo y hermano del Cardenal, Manuel «Nonoy» Tagle Jr.
El cardenal ha recordado finalmente la serenidad de los últimos momentos de su padre. Aunque se encontraba en Roma, pudo hablar con él por video-llamada, rezar juntos y darle su bendición. Sabiendo que la familia cuidaría de su esposa, Tatay pudo entregarse al sueño eterno en paz. La homilía ha presentado así su muerte como el paso hacia la promesa del paraíso. En Cristo, ha concluido el cardenal, nadie queda solo, porque todos están guardados en la memoria de Dios y acogidos en la comunión eterna.
Después de la Misa, Tatay Maning ha sido trasladado a la tumba familiar, en un momento reservado a los parientes más cercanos. A continuación se ha celebrado un almuerzo abierto a todos, sencillo y familiar. En ese ambiente se ha podido sentir el gran cariño de la gente por el cardenal y sus seres queridos. Presentes la madre del cardenal, Mila Tagle, «Nanay», de 96 años; su hermano Manuel «Nonoy» Tagle Jr. y numerosos familiares, algunos llegados también del extranjero. La jornada ha concluido con un momento más íntimo, reservado a la familia.
(GV) (Agencia Fides 10/9/2026)