de Marie-Lucile Kubacki
Yakarta (Agencia Fides) – La verdadera esperanza cristiana no se construye sobre grandes programas institucionales, sino sobre percibir y reconocer en silencio la delicada acción de Dios en los momentos ordinarios de la vida diaria. Este mensaje fue el eje del retiro espiritual dirigido por el cardenal Luis Antonio G. Tagle para los obispos y delegados reunidos en Yakarta con motivo de la XII Asamblea Plenaria de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FCEA).
Dirigiéndose a los representantes de las Iglesias de todo el continente, el Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización invitó a la asamblea a una profunda conversión de la mirada para aprender a reconocer la extraordinaria acción de Dios en las cosas ordinarias.
Ver a Dios en lo ordinario
Reflexionando sobre el Evangelio de Juan, el Cardenal Tagle destacó que el liderazgo pastoral debe comenzar con una mirada contemplativa, dispuesta a percibir cómo Dios obra a través de medios humildes y sencillos. En lugar de sobrecargar a la Iglesia con las exigencias apremiantes del éxito autogenerado, el discipulado requiere un espíritu sereno, capaz de detenerse, observar y maravillarse ante lo que Cristo ya realiza en silencio. Destacando la promesa de Jesús a Natanael, el Cardenal clarificó la naturaleza auténtica de la misión cristiana: “La Escritura no dice: 'Haréis grandes cosas'. Jesús dice: 'Veréis grandes cosas'. Es Jesús quien realiza grandes obras. Nuestra tarea es verlas”.
A lo largo de la narración evangélica, la presencia divina se revela constantemente no en manifestaciones espectaculares, sino a través de modestas realidades cotidianas. “En las bodas de Caná, los discípulos presenciaron el primer milagro de Jesús cuando convirtió el agua en vino tras lo que parecía un tropiezo social. Del mismo modo, la mujer samaritana se encontró con el Mesías durante una conversación sencilla junto al pozo. María Magdalena confundió inicialmente a Cristo resucitado con un jardinero, y los discípulos en el camino a Emaús lo reconocieron solo al partir el pan”, explicó. “Las grandes obras de Jesús se realizan a través de lo ordinario”, recordó el cardenal Tagle a la asamblea, añadiendo que “parte de nuestra conversión consiste en recuperar nuestra capacidad de asombro ante la obra de Dios”.
Para ilustrar esta verdad con experiencias personales, el cardenal relató un momento en las calles de Manila, cuando un vendedor ambulante le ofreció comida inesperadamente como un gesto de generosidad; así como un conmovedor encuentro en el Líbano, donde una joven refugiada expresó su deseo de conocer a Jesús tras recibir sencillos actos de caridad. Estos momentos, señaló, revelan que el Evangelio se difunde no mediante estrategias complejas, sino a través de gestos de amor auténticos y sinceros.
Reconocer a las María Magdalenas de hoy
Este tema de la sencillez divina encontró su máxima expresión durante la celebración eucarística de clausura en la fiesta de Santa María Magdalena. Honrada como la “Apóstol de los Apóstoles”, María Magdalena ejemplifica cómo Dios se acerca a aquellos a quienes la sociedad a menudo ignora o considera insignificantes. Recordando su camino desde el sufrimiento hasta la recuperación de su dignidad, el cardenal Tagle señaló: “María Magdalena tuvo una hermosa historia. Sufrió mucho, pero Jesús la vio. Fue llamada por su nombre, reconocida y transformada por su amor”. Incluso al pie de la Cruz, cuando el miedo había dispersado a muchos, su presencia inquebrantable dio testimonio silencioso de su devoción: “Aquellas mujeres permanecieron allí como para declarar al mundo: 'Lo conocemos. No podemos negarlo. Nuestro compromiso no flaqueará'”.
Fue precisamente en la sencillez de oír su nombre pronunciado por el Señor Resucitado que el dolor de María Magdalena se transformó en gozoso conocimiento. Como reiteró el cardenal, “un acto muy sencillo le permitió presenciar el acontecimiento más grandioso”. Confiada a ella la primera proclamación de la Resurrección, su mensaje contenía un testimonio puro y directo: “He visto al Señor”. Al elegirla como primera testigo de la Resurrección, “el Señor Resucitado se aseguró de que la gran noticia fuera presenciada por personas que el mundo no recibiría fácilmente”, reflexionó el cardenal Tagle subrayando que “ella fue el puente hacia los demás discípulos”.
Para concluir su reflexión, el cardenal Tagle animó a los líderes de las Iglesias asiáticas que participaban en la Asamblea a cultivar esta misma sencillez evangélica en sus comunidades locales, aprendiendo a identificar a los testigos de la gracia que a menudo pasan desapercibidos entre ellos. “En nuestras parroquias y diócesis hay muchas Marías Magdalena. Es importante reconocerlas”, insistió, resaltando la virtud divina de la sencillez.
(Agencia Fides, 23/7/2026)