Por Andrew Doan Thanh Phong
Tac Say (Agencia Fides) – «Damos gracias a Dios por haber concedido una alegría tan grande a los católicos vietnamitas con la beatificación del padre Diep precisamente aquí, en su tierra natal», declara Nguyen Thi Kim Thoa, una peregrina de 55 años procedente de Ciudad Ho Chi Minh, en el sur de Vietnam. Ya había visitado Tac Say en numerosas ocasiones y expresa así su emoción, afirmando que este ha sido para ella el peregrinaje más especial.
«Se trata de un momento de enorme significado en la historia de la Iglesia católica en Vietnam, porque es la primera vez que una misa de beatificación se celebra en territorio vietnamita», ha dicho Nguyen Ho Hai, secretario del Comité del Partido de la provincia de Ca Mau, al término de la misa de beatificación del 2 de julio, presidida por el cardenal Luis Antonio G. Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización y enviado pontificio en nombre del Papa León XIV. Y añade: «Esta solemne celebración no es solamente una alegría para los católicos vietnamitas, sino también una alegría compartida por todo el pueblo de la provincia de Ca Mau, así como una oportunidad para dar a conocer la tierra y las gentes de Ca Mau a amigos tanto a nivel nacional como internacional».
La mayoría de las personas que participaron en la misa, presencialmente o en línea, así como quienes siguieron las noticias relacionadas con la beatificación del padre Francisco Javier Truong Buu Diep el pasado 2 de julio, han expresado su gran reconocimiento por el acontecimiento. Como ha afirmado Ho Thanh Thuy, vice secretario del Comité del Partido de la provincia de Ca Mau, durante la reunión de evaluación: «La misa de beatificación del padre Francisco Javier Truong Buu Diep se celebró con éxito, de manera solemne y segura, dejando una hermosa impresión de la tierra y del pueblo de Ca Mau».
También otros medios de comunicación del Estado vietnamita contribuyeron a hacer cercano este acontecimiento religioso al pueblo, ofreciendo una cobertura marcada por palabras positivas e imágenes significativas: «Largas filas de personas acudieron a la tumba del padre Francisco Javier Truong Buu Diep para rezar y conservar momentos especiales. Muchos llevaron fotografías familiares, cartas de oración o pequeños ramos de flores para depositarlos ante la tumba como signo de veneración». Asimismo, destacaron que «los peregrinos cantaron himnos de alabanza a Dios y recordaron los méritos del nuevo beato. Todos compartieron una oración común por la paz y una atención renovada a los valores positivos de la vida».
Las noticias sobre la beatificación del padre Francisco Truong Buu Diep, junto con la participación de más de 70.000 personas, más allá de las diferencias religiosas, culturales y sociales, han generado un profundo sentido de unidad entre muchos. Según el obispo de la diócesis de Can Tho, donde tuvo lugar la celebración, monseñor Pedro Nguyen Tan Loi, se trató de un verdadero milagro. Después de la misa el mismo declaró: «El padre Diep no pertenece únicamente a los católicos, sino que es también un punto de encuentro de la compasión. El hecho de que millones de corazones pertenecientes a diferentes credos se hayan inclinado con respeto ante este sacerdote es un gran milagro de armonía y unidad».
La presencia de las autoridades civiles, de representantes de otras religiones y de innumerables voluntarios -católicos y no católicos- comprometidos en un servicio silencioso transformó el acontecimiento en una celebración de la fe y de la compasión. Todo ello manifestó plenamente la belleza de la unidad, especialmente en un mundo todavía marcado por las divisiones provocadas por la guerra, el odio y el egoísmo. La escena vivida aquel día en Tac Say ha sido un testimonio vivo de que las personas todavía pueden unirse a través de la compasión y el respeto mutuo. Quizás esta sea también la obra que el beato Truong Buu Diep continúa realizando: unir los corazones incluso después de su paso a la presencia de Dios.
«Esperamos que el espíritu de compasión y entrega del padre Diep siga iluminando el camino de quienes tienen responsabilidades de gobierno, para que sean siempre servidores fieles del pueblo, atentos a la paz y a la felicidad de nuestros compatriotas. A nuestros hermanos y hermanas no católicos les deseamos que Tac Say permanezca siempre como una casa común de paz, donde el amor sin límites del padre Diep pueda calentar los corazones de todos y ayudarles a descubrir a Dios», subrayó monseñor Pedro Phan Tan Loi al término de la misa.
(Agencia Fides 10/7/2026)