Kigali (Agencia Fides) – Cuando Jesús «dio el mandato final: “Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones”, no se dirigía solo, ni mucho menos principalmente, a los especialistas de los medios de comunicación. Se dirigía a todos sus discípulos». Y además «los comunicadores católicos son ante todo discípulos, antes incluso que “influencers”». Están llamados a reconocer, con realismo cristiano, que la «civilización del amor» prefigurada por el Papa Pablo VI y retomada ahora en las intervenciones de León XIV no será construida jamás «por mejores algoritmos», sino por discípulos que, a veces casi por casualidad, llevan consigo también «cámaras fotográficas, micrófonos y ordenadores portátiles»: hombres y mujeres que comprenden que el discipulado debe estar siempre antes que la influencia.
Está impregnada de realismo cristiano y de sensus Ecclesiae la intervención central con la que el arzobispo Fortunatus Nwachukwu ha inaugurado este 4 de agosto el Congreso Internacional de SIGNIS, que se está celebrando hasta el sábado 8 de agosto en Kigali, capital de Ruanda. S
IGNIS, Asociación Católica Mundial, es una red global que reúne a profesionales de los medios de comunicación católicos en más de 100 países.
Dirigiéndose idealmente a la familia cada vez más amplia de los «comunicadores católicos», el secretario del Dicasterio para la Evangelización ha ofrecido una valiosa brújula para evitar tanto los lugares comunes de los discursos catastrofistas como las exaltaciones entusiastas de los supuestos «horizontes ilimitados y nuevas oportunidades» que la nueva era digital y la inteligencia artificial abrirían también a la acción apostólica y al anuncio del Evangelio.
«La tecnología nunca es una herramienta neutral»
Con el realismo de la fe y recogiendo también algunas de las intuiciones contenidas en la encíclica de León XIV Magnifica Humanitas, el secretario del Dicasterio misionero describe la realidad tal como es, lejos de los discursos conformistas. Reconoce que «vivimos en una época en la que la comunicación ya no se limita a describir el mundo, sino que lo configura». Un tiempo en el que «un breve vídeo grabado en Kigali puede ser visto en Manila en cuestión de minutos. Una homilía pronunciada en una pequeña parroquia de las tierras altas del Kilimanjaro puede llegar a una comunidad de la diáspora en Bruselas antes incluso de que se imparta la bendición final de la misa».
Internet «ha derribado las fronteras geográficas y, al hacerlo, ha puesto un extraordinario instrumento de encuentro -o de división- en manos de una única generación: la nuestra».
El arzobispo nigeriano constata que la comunicación digital, abandonada a la sola lógica de los algoritmos, «probablemente generaría y alimentaría el tribalismo en lugar de la comunión y la solidaridad». Es evidente que la «comunicación digital, basada exclusivamente en los algoritmos, tiende a premiar lo que hace ruido, no lo que es verdadero; lo que polariza, no lo que reconcilia». Y esto sucede porque la tecnología «nunca es una herramienta neutral». Tampoco se le puede atribuir ningún valor salvífico.
Al mismo tiempo -señala Fortunatus Nwachukwu-, «hoy las naciones, las panta ta ethne del mandato del Señor, se reúnen también en Instagram, TikTok, YouTube y en las innumerables plataformas que no existían hace tan solo una generación. Si estas plataformas son ahora el lugar donde las personas buscan la verdad, el sentido y el sentido de pertenencia, entonces son también el lugar donde deben estar los comunicadores de la Iglesia: no para buscar atención, sino para dar testimonio con sabiduría y amor».
Precisamente la sabiduría y el amor con los que se manifiesta el testimonio cristiano, más que las competencias técnicas y «profesionales», pueden ayudar a los comunicadores católicos a comprender que «la armonía cultural no es producida por algoritmos que reducen a cada pueblo a un mismo contenido, ni por una monocultura globalizada que borra aquello que es propio y hermoso de cada nación».
El texto bíblico -recuerda el arzobispo, apoyándose en sus conocimientos de exégesis bíblica- «nos enseña que Dios ama las diferencias». Y, en efecto, «creó todos los seres vivientes según su especie o sus diferencias». Solo el ser humano «fue creado a imagen de Dios. Por tanto, la armonía cultural no se construye eliminando las diferencias».
Predilecciones y opciones
Otro rasgo distintivo de las opciones de los auténticos comunicadores católicos -prosigue el secretario del Dicasterio misionero- es la predilección por los pobres y los pequeños. «Mucho antes de la invención de la imprenta, por no hablar del teléfono inteligente, esto ya se entendía como una tarea sagrada. Los profetas de Israel daban voz a la viuda, al huérfano y al extranjero; Cristo mismo se identificaba con “los últimos”».
Y «un periodista, un director o un presentador católico», añade el arzobispo, «hereda esa misma misión profética. La vuestra no es simplemente una competencia profesional; es una vocación a ser la voz de aquellos a quienes la sociedad ha dejado sin voz: el migrante sin documentos, la comunidad rural sin un micrófono, la víctima de abusos sin una plataforma, el trabajador sin un sindicato, el niño sin quien lo defienda».
Nwachukwu señala también los puntos de tensión entre la autopromoción de la nueva era digital y de la inteligencia artificial y la fidelidad a la realidad que debería caracterizar el trabajo de los profesionales de los medios y de la comunicación animados por la fe en Cristo. No oculta que la nueva realidad digital puede convertirse en una poderosa herramienta de manipulación de los corazones y las mentes en cualquier rincón del mundo.
«Cada algoritmo de cada plataforma que utilizáis -reconoce Nwachukwu- está programado para amplificar la voz de los poderosos, de los ricos y de quienes ya son famosos. Hace falta una decisión deliberada, valiente y a menudo costosa para dirigir, en cambio, el micrófono hacia aquellos a quienes los algoritmos preferirían ignorar».
El Congreso Internacional de SIGNIS está dedicado a la «Comunicación digital para la armonía cultural y el bienestar ambiental». «Como enseñó el Papa Francisco en Laudato si’», señala el arzobispo al referirse al tema del Congreso, «un verdadero enfoque ecológico debe integrar las cuestiones de justicia, para escuchar tanto el grito de la tierra como el grito de los pobres».
En este ámbito, la comunicación digital «tiene un papel decisivo que desempeñar. Puede hacer visible aquello que los poderosos preferirían mantener oculto: la sequía en una región, las inundaciones en otra, la comunidad desplazada a causa de la extracción o la explotación de recursos a los que nunca dio su consentimiento. Pero también puede sepultar estas realidades bajo un flujo infinito de distracciones».
Imitar a Cristo también en el universo digital
Los rasgos propios del «comunicador católico» -insiste el arzobispo Nwachukwu- se manifiestan en sus predilecciones, su mirada crítica, su apertura y su fidelidad a la realidad. Pero la fuente de su acción se encuentra en el misterio mismo de su configuración con Cristo. Porque «“católico” no es una etiqueta que llevamos, sino una identidad que encarnamos». Y «todo acto auténtico de comunicación encuentra, en última instancia, su modelo en Cristo mismo, el Verbo eterno hecho carne, que vino no solo a proclamar la verdad, sino a revelarla en su propia persona, reconciliando a la humanidad con Dios y entre nosotros».
Por eso, «cada artículo que escribís, cada imagen que publicáis, cada documental que producís» -recuerda el secretario del Dicasterio misionero, retomando la alternativa planteada por León XIV en Magnifica Humanitas- «es un ladrillo colocado hacia una u otra ciudad, una nueva Torre de Babel o una nueva ciudad de Dios. No existe una obra de construcción neutral».
Cuatro fronteras para los “misioneros digitales”
Para traducir estas sugerencias y orientaciones en acciones concretas, el arzobispo Nwachukwu señala, en su intervención ante el Congreso de SIGNIS, cuatro fronteras para los «misioneros digitales», presentándolas como «breves invitaciones» dirigidas especialmente a los jóvenes comunicadores.
En primer lugar, los invita a construir «vuestra mente antes de construir vuestra plataforma», recordando que «una comprensión superficial de vuestra cultura y de la de vuestro prójimo no puede producir armonía cultural. Leed en profundidad. Escuchad durante más tiempo del que habláis».
Cada «camino digital» -prosigue el arzobispo al señalar la «segunda frontera»- «debe recorrerse como un camino hacia el encuentro, no hacia el tribalismo o las divisiones. Cada historia que contáis puede defender la dignidad de un pueblo o reducirlo a una caricatura. Elegid la primera opción, incluso cuando probablemente obtengáis más clics con la segunda».
El tercer «breve consejo» ofrecido por el secretario del Dicasterio misionero consiste en considerar el cuidado de la Creación como «parte integrante de la historia que contáis, no como algo que se añade después».
La cuarta y crucial «frontera» coincide con la invitación a recordar «que la inteligencia artificial puede ayudaros en la investigación, pero no puede sustituiros a la hora de dar testimonio». «Dejad que la tecnología esté al servicio de vuestra misión. No permitáis nunca -subraya el arzobispo- que sustituya vuestra conciencia».
La voz (y el orgullo) de las Iglesias africanas “adolescentes”
Desde el comienzo de su discurso, Fortunatus Nwachukwu ha recordado que el Congreso Internacional SIGNIS 2026 es el primero de esta larga serie que se celebra en África, y que este hecho «dice a la Iglesia universal lo que muchos de nosotros sabemos desde hace tiempo: que la Iglesia en África ha alcanzado ya la madurez y que su voz, su energía y su esperanza tienen algo esencial que ofrecer a toda la comunión de los creyentes».
La voz de la Iglesia en África -añade el arzobispo nigeriano- «ya no es, ni debería seguir siendo tratada como, la voz de un recién nacido en la cuna», necesitado de recibir «leche» de las Iglesias de tradición más antigua. Ha llegado, en cambio, el momento «de que las Iglesias de África despierten y comiencen a comportarse, al menos como adolescentes, si no como adultos plenamente desarrollados, capaces de atender gran parte de sus propias necesidades fundamentales».
Ruanda, país anfitrión -insiste el secretario del Dicasterio misionero, al referirse a la tragedia de los genocidios que han marcado la historia del país- «sabe mejor que gran parte de las naciones de la tierra lo que se pierde cuando se permite que la comunicación se convierta en un instrumento de división en lugar de verdad, y lo que se gana cuando un pueblo elige, deliberadamente y con sufrimiento, el camino más difícil de la reconciliación».
Esta nación -añade el arzobispo nigeriano- «es una de las que despiertan nuestro orgullo como africanos, demostrando que también África puede salir adelante cuando cuenta con líderes valientes que se preocupan sinceramente por el bien de su pueblo, aunque sigan siendo imperfectos como todo ser humano».
(GV) (Agencia Fides 7/8/2026)