La Paz (Agencia Fides) – Bolivia atraviesa un escenario de creciente conflictividad social marcado por protestas, dificultades económicas y tensiones políticas. En las últimas semanas, transportistas, sindicatos, campesinos y organizaciones indígenas han impulsado bloqueos de carreteras, paros y movilizaciones para exigir respuestas a demandas económicas y estructurales. Las protestas se producen en un contexto de inflación elevada, escasez de divisas y problemas en el suministro de combustibles, factores que han intensificado el malestar social. Estas acciones han tenido un impacto directo en la vida cotidiana, dificultando el abastecimiento de alimentos y el transporte, con efectos particularmente severos en los sectores más vulnerables.
Miembros destacados de la Iglesia boliviana ha expresado su preocupación por la escalada del conflicto e insistido en la necesidad de buscar soluciones pacíficas a los problemas que alimentan el conflicto social.
En los últimos días, numerosos obispos han intervenido de forma constante tanto en sus homilías como en declaraciones a la prensa.
El secretario general de la Conferencia Episcopal Boliviana y obispo de El Alto, Giovani Arana, ha advertido sobre el “panorama conflictivo” que vive el país, marcado por tensiones sociales e incertidumbre económica. En una de sus homilías ha señalado que “ninguna reforma estructural fructifica sin cambio de corazón, principios éticos y centralidad de la persona humana”, subrayando la urgencia del diálogo entre autoridades y sectores movilizados.
El vicepresidente del episcopado y obispo de Sucre, Ricardo Centellas, ha centrado su mensaje en la dimensión social de la crisis, llamando a la fraternidad y la reconciliación ante el creciente desgarro del tejido social. Durante la homilía del 3 de mayo, ha afirmado: “Estamos en este mundo para apoyarnos, no para destruirnos”, y ha añadido que la vivencia de la hermandad en Cristo debe traducirse en “solidaridad, misericordia y compasión”.
Por su parte, el arzobispo de La Paz, Percy Galván, ha exhortado a un “diálogo sincero”, basado en la transparencia y orientado al bien común. En declaraciones a la prensa ha pedido dejar de lado intereses políticos o ideológicos y ha insistido en la necesidad de construir acuerdos que devuelvan estabilidad y paz social.
Desde Potosí, el obispo Renán Aguilera ha alertado sobre el impacto de los bloqueos por las protestas sobre las familias más pobres, que ven limitado su acceso a bienes básicos. “Los sectores vulnerables son los que más sufren”, ha señalado, insistiendo en la urgencia de retomar el diálogo y destacando el papel de la Iglesia como puente para la búsqueda de soluciones reales y compartidas.
El obispo del Vicariato Apostólico de Beni, Aurelio Pesoa, Presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, ha vinculado la situación del país con una reflexión más amplia sobre la responsabilidad social, al referirse a problemas como la escasez de combustibles, la crisis sanitaria, la corrupción y la economía. Ha invitado a una conversión social y ha afirmado: “La autoridad debe ser siempre servicio, no busqueda de beneficio”.
Desde Santa Cruz, el arzobispo René Leigue ha cuestionado la eficacia de los bloqueos y paros como vía de solución a la crisis, señalando que lo económico, aunque importante, no es el único problema del país. En una intervención del 3 de mayo, ha pedido ampliar la mirada a los problemas que asedian la sanidad, la educación y el trabajo, así como otras emergencias sociales como la violencia y el consumo de drogas entre los jóvenes. “Tenemos que ver más amplio, ir más allá y concentrarnos en una realidad tan grande con todos sus problemas”, ha afirmado. (Agencia Fides 6/5/2026)