por Marie-Lucile Kubacki
Lyon (Agencia Fides) – En la iglesia de Saint-Nizier, en Lyon, una pareja reza ante la tumba de Pauline Jaricot, situada en uno de los brazos del transepto. La mujer da unos pasos hacia la estatua de la beata, toma el rosario color granate que se encuentra entrelazado en la mano de la imagen y lo sustituye por otro idéntico, colocado en una pequeña cesta junto a ella.
Con este sencillo gesto, al que los peregrinos son invitados, se conmemora cada día la institución del “Rosario Viviente”, ideado hace dos siglos por la laica lionense, convertida en 1816 precisamente en este lugar, tras escuchar un sermón sobre la vanidad.
En el corazón de la Presqu’île de Lyon, el cardenal Luis Antonio Tagle, Pro-Prefecto del Dicasterio para la Evangelización, presidió el sábado 13 de junio la concelebración eucarística de acción de gracias por los 200 años del Rosario Viviente.
Al inicio de su homilía, el cardenal situó la celebración dentro de la historia espiritual iniciada por Pauline: «Damos gracias al Señor que nos ha reunido como comunidad en la Eucaristía con motivo del bicentenario de la fundación del Rosario Viviente por la beata Pauline Jaricot, originaria de Lyon, quien fundó la Sociedad para la Propagación de la Fe hace 204 años». Recordando que Pauline pertenecía a la Tercera Orden dominicana, el cardenal elogió su genio, que la llevó a «transformar de manera creativa la devoción del Santo Rosario en una fuerza espiritual» al servicio de comunidades implicadas «en la misión de la Iglesia a través de la oración, la animación y las obras de caridad».
La oración que abre las puertas del Cenáculo
¿De qué modo el Rosario puede formar misioneros? Recurriendo al relato de los Hechos de los Apóstoles, fuente de agua viva para comprender la misión cristiana, el cardenal Tagle fijó primero la mirada en la pequeña comunidad reunida en el Cenáculo: «encontramos a los discípulos junto a María, la madre de Jesús, algunas mujeres y amigos. Siguiendo las instrucciones de Jesús, se dedicaban a la oración mientras esperaban al Espíritu Santo, la fuerza del Padre, que los convertiría en testigos de Jesús hasta los confines de la tierra. La comunidad no estaba allí para esconderse, sino para esperar al Espíritu Santo que los haría salir a anunciar el Evangelio».
Cuando el Espíritu desciende, «su oración se transforma en testimonio de las maravillas que Dios ha realizado en Jesús, proclamado en las distintas lenguas del mundo». De ahí surge una intuición clave para el presente: «Hermanos y hermanas, la oración forma una comunidad de personas abiertas a la acogida del Espíritu Santo. La verdadera oración abre el corazón a la comunión con Dios, con los demás discípulos y con el mundo».
El Rosario Viviente no es un refugio cerrado, sino una escuela de apertura: «la oración y el culto no deben dividir a los discípulos. No aíslan a la comunidad del mundo, sino que abren puertas y lenguas a un testimonio misionero centrado en Jesús». El cardenal encomendó la memoria y el futuro de esta misión a María: «María, que guardaba todo en su corazón, ayudará a la comunidad misionera a orar, recordar y proclamar las grandes obras de Dios».
El Rosario, una pedagogía misionera
En un segundo momento, el cardenal Tagle profundizó en la «dimensión misionera de la oración del Rosario», a partir de las distintas oraciones que estructuran cada decena. «Creo que se llama “Rosario Viviente” porque busca formar comunidades vivas que viven su misión cristiana», explicó.
Los misterios del Rosario introducen a los fieles en la vida de Cristo: «a través de la meditación de estos misterios nos unimos a Jesús en las distintas etapas de su misión, con la esperanza de adquirir su espíritu y su corazón mientras llevamos a cabo nuestra misión». El Padre Nuestro, añadió, purifica el corazón del discípulo: «forma corazones de hermanos y hermanas que perdonan y piden perdón». En un mundo donde «muchos construyen su propio imperio para hacerse un nombre y tratan a los demás como objetos», advirtió: «no es esta la misión cristiana expresada en el Padre Nuestro, no se puede recitar esta oración y comportarse como reyes hipócritas».
El Ave María, repetida diez veces en cada decena, es una escuela de misión en clave mariana. El cardenal recordó que sus primeras palabras retoman el anuncio del ángel: «cada vez que rezamos el Ave María asumimos el papel de mensajeros de Dios». «Debemos ser ángeles de salvación y no de condena», insistió, invitando a ayudar a cada persona a descubrir su vocación, y no a desviarla hacia falsos objetivos como «la fama, la riqueza o la autosuficiencia». «¿Vemos todavía a Dios caminar por nuestras calles, saludarnos a través de los pobres, realizar sencillos actos de bondad?», interpeló. «Nuestro mundo está lleno de distracciones procedentes de las redes sociales, de una explosión de imágenes, de noticias falsas, de drogas y de vicios. Tener un corazón sereno y sensible, capaz de percibir las visitas del Señor, es una contemplación misionera que se convierte en cooperación con la acción de Dios».
Finalmente, el Gloria al Padre ofrece la clave de toda misión cristiana: «una misión que conduce a la auto-glorificación no es cristiana. La auténtica misión debe resonar con el cántico de María: “Mi alma glorifica al Señor”».
La vigilia de las naciones en torno al Rosario Viviente
Antes de la misa, el padre Dinh Anh Nhue Nguyen, OFM Conv, Secretario general de la Pontificia Unión Misional, recordó en su conferencia que «la misión es tarea de todos y la comunión es condición de toda fecundidad misionera».
Imaginó una red mundial de grupos de oración: «¿Se puede imaginar qué representaría una gran red internacional de “Rosas” que rezan por las mismas intenciones?» dijo. «Grupos procedentes de Polonia, Francia, Italia, Vietnam, Filipinas, Tanzania, Brasil o México podrían sentirse unidos en una misma misión espiritual. Esta dimensión internacional permitiría hacer visible de manera concreta lo que el Concilio Vaticano II llama la comunión de las Iglesias particulares en la única misión de la Iglesia universal».
La jornada continuó con testimonios de distintos continentes. Desde Mozambique, el padre Jorge Joaquim Pinho destacó la expansión aún incipiente pero prometedora de esta espiritualidad. En Filipinas, voluntarios de la fundación ANAK-Tnk describieron cómo los niños de la calle rezan diariamente el Rosario, convirtiéndolo en experiencia viva de la vida de Cristo.
“Una contemplación misionera” que salva
La vigilia concluyó con el conmovedor testimonio de Emmanuel Tran, padre de familia cuya vida se vio sacudida cuando su hija Mayline, de tres años y medio, cayó en coma tras sufrir asfixia a causa de un accidente doméstico. Relató cómo la oración del Rosario Viviente acompañó, sin que él lo supiera, la inesperada recuperación de Mayline, a la que la medicina daba por perdida, mientras él mismo vivía un encuentro personal con Cristo que lo llevó a solicitar el bautismo. En aquel momento no conocía a Pauline Jaricot y solo descubrió su existencia algún tiempo después de la recuperación de su hija. «A medida que avanzábamos en la vida, sentíamos cada vez más de forma constante la presencia de Dios», contó. «Las personas que nos acompañaban en el hospital eran creyentes fervientes, y entonces nosotros no éramos conscientes de ello. Lo fuimos descubriendo poco a poco. Hoy mi esposa Nathalie y yo rezamos cada día una decena». «Después me di cuenta de que, cuando uno reza, tiene la impresión de estar solo junto a la cama de un niño o de un padre enfermo. Al salir de la habitación parece que uno está solo, pero en realidad no lo está. Si pudiéramos ver de verdad, veríamos que millones de personas están rezando y que la oración une a los hombres y mujeres de este mundo».
Palabras en perfecta sintonía con las pronunciadas poco antes por el cardenal Tagle: la invitación a entrar en una «contemplación misionera», para «percibir las visitas del Señor» incluso en las pruebas de la vida. La escucha siempre renovada de la promesa hecha por Cristo: «Vayan, pues, y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».
(Agencia Fides 14/6/2026)