“El intercambio de dones entre las Iglesias requiere conversión”: el padre Stan Chu Ilo sobre la “Iglesia de las Gavillas”

viernes, 23 octubre 2026 misión   anuncio   dicasterio para la evangelización   iglesias locales  

Photo Fides

Por Marie-Lucile Kubacki

Roma (Agencia Fides) – Iglesias diferentes, muchas historias y un intercambio de dones que fluye en todas las direcciones. Con motivo del primer Congreso Internacional sobre la «Iglesia de las Gavillas», celebrado en la Pontificia Universidad Urbaniana del 22 al 24 de octubre de 2026, la Agencia Fides ha entrevistado al padre Stan Chu Ilo. Sacerdote de la diócesis de Awgu, en Nigeria, es profesor investigador titular en el Centro para el Catolicismo Mundial y la Teología Intercultural de la Universidad DePaul de Chicago. Junto con el padre Massimiliano Jaeho Chung, dirige «The Church of the Sheaves: Equipping the Saints for Mission as Gift Exchange» («La Iglesia de las Gavillas: preparar a los santos para la misión como intercambio de dones»), una iniciativa del Dicasterio para la Evangelización (Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares).

-¿Qué ha conseguido hasta ahora el proyecto y qué impresiones le han dejado estos primeros intercambios?

-Lo primero que se percibe es la belleza de la Iglesia católica. Es una Iglesia bellísima, rica en diversidad, historias, entusiasmo y alegría. Es obra del Espíritu Santo. Cuando comenzamos el proyecto, no sabíamos muy bien cómo iba a desarrollarse. La mayoría de los colaboradores no se conocían y procedían de todas partes del mundo. Sin embargo, se puede ver su entusiasmo mientras trabajan juntos, encuentran la armonía y construyen un relato convincente de lo que Dios está realizando en las distintas partes del mundo.
Cada vez que tengo el privilegio de participar en una asamblea como esta, me conmueve ver cómo personas llegadas de tantos lugares diferentes convergen, guiadas por el Espíritu Santo e impulsadas por la alegría y la vocación misionera. Juntas llevan a la Iglesia universal algunos de los grandes relatos que estamos escuchando estos días. Pienso en el vídeo de una mujer filipina que trabaja en Escandinavia. Hablaba del clima y de cómo consigue mantenerlo todo unido. El mensaje es este: vengas de donde vengas, encuentras un hogar. No siempre es así, pero ese es el horizonte al que queremos llegar: una Iglesia sinodal, una Iglesia verdaderamente católica, en la que cada persona se sienta en casa.

-La Iglesia de las Gavillas se centra en el intercambio de dones. ¿Cómo podemos cambiar nuestras prácticas y nuestra mentalidad para que este intercambio se convierta verdaderamente en un enriquecimiento mutuo?

- El primer elemento es la conversión, que, a mi juicio, está en el centro del discipulado. En los Evangelios, una de las primeras palabras de Jesús es que ha llegado el tiempo favorable de Dios: convertíos y creed en el Evangelio. El intercambio de dones requiere conversión, porque nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón deben purificarse para poder ver a Dios. Los seres humanos nos dejamos llevar a menudo por el orgullo y la autosuficiencia: pensamos que lo sabemos todo. La Iglesia que Dios quiere nos ayuda a ver con los ojos de Jesús, a pensar con su mente y a sentir con su corazón. Esto exige una purificación: menos yo y más Dios.
Esto no se aplica únicamente a las personas, sino también a las culturas, porque las culturas son como individuos a una escala mayor. Como decía el papa Juan Pablo II, el pecado social nace de comportamientos, hábitos y prácticas personales. Nadie convoca un sínodo para decidir: «Vamos a comportarnos mal con los demás». Sucede por imitación, copiando a otros.
Esto me lleva al segundo punto: el ejemplo. Por eso, en el proyecto recopilamos buenas prácticas y experiencias ejemplares. En el fondo, esta es la esencia de la Iglesia: la fe transmitida de una vez para siempre a los santos y la valentía de la Iglesia de los orígenes. No tenían dinero, poder ni influencia. Eran personas corrientes, pero audaces, y su testimonio de fe, conservado en los relatos bíblicos, sigue inspirándonos hoy. Estamos viviendo los Hechos de los Apóstoles, no como un texto de la Escritura, sino como las obras que Dios continúa realizando en la vida cotidiana de nuestro mundo. Queremos mostrar concretamente qué significa el intercambio de dones. Por eso recopilamos estas historias, para que se pueda decir: «Lo que en Europa consideráis imposible está sucediendo en América del Norte». El don consiste precisamente en mostrar todo lo que está ocurriendo.
El tercer punto es el liderazgo de las comunidades. Si tenemos cristianos convertidos, tendremos sistemas e instituciones convertidos y prácticas que reflejen la vida de la Trinidad. Pienso en la perijóresis, el intercambio de dones entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, cuyo dinamismo interno genera la diversidad y la belleza del mundo. Pero también necesitamos pastores convertidos, porque en la Iglesia católica todo se juega en la parroquia. La Constitución ‘Lumen gentium’ del Concilio Vaticano II habla de las Iglesias particulares: la Iglesia está plenamente presente cuando se reúne para el culto y la celebración de la Eucaristía. Entonces, ¿qué tipo de párrocos tenemos en nuestras parroquias? ¿Qué tipo de obispos tenemos en nuestras diócesis? No todo depende de Roma. El papa León da ejemplo cuando dice que quiere una Iglesia que construya puentes, pero no irá personalmente a Nigeria a construirlos. Esa es la tarea de los sacerdotes, las religiosas y las pequeñas comunidades cristianas. Así será la Iglesia cuando las pequeñas comunidades cristianas, en todos los rincones del mundo, comiencen a tejer redes de relaciones que reflejen esta comunión.
Hay un último punto: el carácter inacabado de la vida. La vida está inacabada, marcada por grietas. Pero Dios nos colma con su gracia y mediante la presencia del otro. El Sínodo sobre la sinodalidad y su ‘Instrumentum laboris’ han puesto de relieve precisamente esta necesidad recíproca, frente a cualquier sentimiento de superioridad. No se trata de decir: «No te necesito», sino: «Nos necesitamos unos a otros». Como dice una canción famosa, podemos apoyarnos los unos en los otros.

- ¿Cómo está cambiando la misión? Antes se concebía como un movimiento del Norte y de Occidente hacia el Sur del mundo. Hoy, a veces se dice que es el Sur el que envía misioneros a un Occidente secularizado y con pocas vocaciones. ¿Es realmente así?

-Los antiguos nos legaron la imagen de la perijóresis: las tres Personas divinas que danzan juntas. Se trata de hacernos más trinitarios. No hay uno que dé y otro que reciba: todos dan y todos reciben. No se puede decir que sea solo el Padre, o solo el Hijo, o solo el Espíritu Santo. Muchos, entre ellos, creo, también el papa Benedicto XVI, han afirmado que la crisis que estamos viviendo es una crisis antropológica. Yo diría que la crisis que atraviesa constantemente la Iglesia es de naturaleza trinitaria. Cuanto más nos asemejamos a Dios por la gracia, más creíble, fiel y fecunda se vuelve la Iglesia y, si se quiere, más capaz de generar vida.
Estoy de acuerdo, por tanto, en que hace falta una nueva visión de la misión. Pero preferiría hablar de un retorno a su fundamento auténtico: el fundamento trinitario. En el proyecto de la Iglesia de las Gavillas hemos unido dos realidades: la Iglesia de las Gavillas, el Sur del mundo, y la Iglesia de las Semillas, el Norte del mundo. Como dije ayer, las gavillas se han convertido en semillas y las semillas se convertirán en gavillas. Así es como actúa la vida de Dios en nosotros.
(Agencia Fides, 23/10/2026)


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