Por Marie-Lucile Kubacki
Roma (Agencia Fides) – «De los territorios de misión a las Iglesias misioneras»: el título de una de las sesiones resume bien la segunda jornada del primer Congreso Internacional de la «Iglesia de las Gavillas», dedicada a la «Escucha de los continentes».
Los grupos de trabajo de Europa, América del Norte, África, Asia y América Latina han coincidido en señalar el paso que consideran urgente para el presente y el futuro. Se trata de superar lo que el programa define como «una Iglesia dividida entre donantes permanentes y destinatarios permanentes». Es el espíritu señalado por el arzobispo Fortunatus Nwachukwu, quien ayer inauguro los trabajos recordando que «cada Iglesia local tiene dones que ofrecer y dones que recibir».
Superar el esquema de «donantes y beneficiarios»
La hermana Agnès Sory, en nombre del grupo africano, ha marcado la pauta: «Ninguna Iglesia local es solo donante. Ninguna Iglesia local es solo beneficiaria». Los tres verbos «dar, recibir y enviar» «no describen tres etapas sucesivas, sino tres dimensiones inseparables de la comunión misionera». África, con sus Padres de la Iglesia y sus primeras tradiciones monásticas, no ha empezado a dar hoy: «Lo nuevo es la amplitud y la visibilidad de su contribución».
El grupo ha citado las palabras pronunciadas por el papa León XIV en París el 26 de septiembre: «Nadie es tan pobre que no tenga nada que dar; nadie es tan rico que no tenga nada que recibir». La misión circula ya «del Sur al Norte, del Sur al Sur, del Norte al Sur y también dentro de cada Iglesia local». Como había advertido el arzobispo Nwachukwu, «no se trata simplemente de invertir los papeles». El objetivo, ha explicado la hermana Agnès, es «superar la lógica de los roles fijos».
Colaboradores, no destinatarios pasivos
El informe asiático recuerda que el diálogo promovido por la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC) considera también las religiones y las culturas asiáticas «no como objetos de evangelización, sino como colaboradoras de la misión». En las zonas más remotas del Sudeste Asiático, los encuentros no responden al esquema de «misioneros extranjeros que dan mientras las comunidades locales se limitan a recibir». Por el contrario, están marcados por «la reciprocidad y el enriquecimiento mutuo».
Para el grupo africano, «la disponibilidad de recursos económicos no determina por sí sola el valor de un colaborador o de un don». En Camerún, una parroquia que había recibido de otra unos cubos de pintura organizó una colecta para pagar el viaje de regreso de los visitantes, con el fin de que ninguna relación quedara «reducida a la de donante y beneficiario». La aportación de Oceanía pide a los misioneros que «construyan alianzas entre las Iglesias locales, favoreciendo el intercambio recíproco de dones en lugar de limitarse a proporcionar personal». La Iglesia filipina, que eligió el lema «Gifted to Give» («Recibidos los dones para compartirlos») con motivo de su quinto centenario, recuerda que «un don que se demora y se retiene deja de ser un don».
En países como Japón, donde las comunidades católicas son pequeñas y están envejecidas, el informe asiático invita a pasar de la asimilación a una identidad intercultural en la que «todos los miembros son al mismo tiempo anfitriones e invitados». Mientras tanto, los católicos filipinos, indios, esrilanqueses, vietnamitas y coreanos llevan al Norte global «su dinamismo, su hospitalidad y sus propias tradiciones católicas locales». Del mismo modo, el grupo europeo, que observa cómo los migrantes «revitalizan las parroquias», identifica entre los signos de esperanza «el aprendizaje mutuo entre las Iglesias del Sur global y Europa».
El misionero no es un recurso para cubrir vacantes
La persona enviada «no es ni una solución técnica a la falta de sacerdotes ni la representante de una supuesta cultura superior», insiste el informe africano. El padre Cosmas Ajawara es un sacerdote nigeriano fidei donum que ha prestado servicio durante 23 años en Canadá. Allí ha aportado la experiencia de una «Iglesia-Familia» y ha recibido una cultura de protección de los menores y de las personas vulnerables, de responsabilidad financiera y de gestión transparente, que ahora transmite a su diócesis de origen.
En Estados Unidos, una cuarta parte del clero parroquial ha nacido en el extranjero. Los obispos consultados han expresado su agradecimiento por los sacerdotes y religiosos procedentes de otros países, aunque reconocen que «la fraternidad entre el clero local y el extranjero requiere todavía mayor atención». El grupo europeo también ha señalado «incomprensiones entre el clero local y el extranjero, especialmente en lo relativo a la autoridad y a la colaboración con los laicos».
Entre los documentales anunciados dentro del programa de formación inspirado en la fórmula de la «Iglesia de las Gavillas», el estadounidense llevará por título ‘Many Members, Many Gifts, One Body in Christ’ («Muchos miembros, muchos dones, un solo cuerpo en Cristo»). El canadiense estará dedicado al don que representa el recién llegado en una Iglesia formada por inmigrantes: en la archidiócesis de Toronto, la Misa dominical se celebra en una treintena de idiomas. También contará la historia de Quebec, que en otro tiempo fue una gran tierra de misioneros y hoy es una Iglesia pequeña, pero viva. La hermana Agnès ha planteado una pregunta: «¿Estamos dispuestos a acoger a los demás solo por lo que pueden hacer por nosotros, o también estamos preparados para dejarnos transformar por los dones que traen consigo?».
Una colaboración basada en una memoria veraz
La colaboración exige reconocer las asimetrías del pasado. El informe latinoamericano recuerda una evangelización «indisolublemente ligada a los proyectos coloniales de ambas coronas». También señala una crisis de credibilidad provocada por los abusos, que «requiere un proceso de acompañamiento reparador de las víctimas». El documental canadiense comenzará haciendo referencia a las comunidades indígenas -las Primeras Naciones- y al camino de reconciliación emprendido con ellas. Para el grupo europeo, «la protección es una condición de la pertenencia, no un añadido administrativo».
El grupo africano ha propuesto una «misión sin poder»: sus misioneros llegan a menudo «sin un respaldo político, económico o cultural dominante». También ha advertido contra cualquier visión romántica: «El sufrimiento no es un don. La violencia no es un don. La pobreza no es un don».
Dones que no deben idealizarse
«Reconocer los dones no significa idealizarlos», ha advertido la hermana Agnès. La vitalidad de las Iglesias africanas es real, pero «las cifras, las vocaciones y el fervor de las celebraciones no lo dicen todo». Del mismo modo, la Iglesia-Familia «no debe idealizarse hasta el punto de ocultar las divisiones, las exclusiones o las heridas» que atraviesan las comunidades. La misión del óbolo de la viuda, añade el informe africano, «no debe ni sacralizar la pobreza ni justificar la falta de preparación de los misioneros», porque «cruzar una frontera no basta para hacer misión». El equipo que ha presentado el módulo 12, «África y Asia: centros emergentes de fe y solidaridad», ha identificado cuatro signos de vitalidad en estas Iglesias: una Iglesia que, tras su pasado colonial, ha «alcanzado la madurez»; unas teologías más narrativas que sistemáticas; un fuerte sentido de la inclusión; y una Iglesia joven.
También ha reconocido la persistencia del patriarcado, las jerarquías y el clericalismo, las divergencias en cuestiones morales, el retroceso democrático, la corrupción y la injusticia social. Ha pedido un «discernimiento humilde» que no descarte la sabiduría indígena por considerarla primitiva, pero que tampoco la idealice de forma romántica. Asimismo, ha recordado que «la inculturación nunca es una traducción superficial del vocabulario». También ha advertido de que «los proyectos de paz financiados desde el exterior, sin apropiación local, rara vez sobreviven al ciclo de financiación». Inspirándose en el jesuita camerunés Engelbert Mveng, el grupo ha descrito la forma más profunda de pobreza en África como «antropológica». No se trata solo de pobreza económica, sino también de la pérdida de identidad, cultura, voz y dignidad heredada de la esclavitud y el colonialismo.
Cuando la sinodalidad se convierte en una «moda»
El teólogo filipino Andrew Recepción, presidente de la Asociación Internacional de Misionólogos Católicos, insta a impedir que las valiosas intuiciones de la sinodalidad se endurezcan hasta convertirse en eslóganes. La palabra «sinodalidad» «se ha puesto de moda», advierte, y corre el riesgo de transformarse en «un cliché eclesiástico» o de encerrarse en «cámaras de eco sinodales». En ellas hablan entre sí «siempre las mismas personas», lejos de los pobres y los marginados. Sin la misión, la sinodalidad «se reduce a un esfuerzo humano o simplemente a un nuevo enfoque pastoral». Como sucede con la fiesta filipina, que reúne a «todo el país» alrededor de «una misma mesa», también puede «quedarse en una fiesta sin envío».
Colaboradores dentro de cada Iglesia
La misma transformación debe producirse en la vida interna de las Iglesias locales. Para el grupo europeo, una Iglesia se convierte en hogar cuando «quienes antes eran tratados como destinatarios pasan a ser participantes corresponsables». De hecho, «una hospitalidad sin capacidad de influir queda incompleta»: «la mera coexistencia no basta; la misión requiere encuentro, culto compartido y transformación recíproca». En África, los catequistas, las mujeres y los jóvenes sostienen las comunidades. El desafío consiste en «pasar de considerar a las personas simples beneficiarias a reconocerlas como protagonistas», porque «participar no significa simplemente asumir más tareas».
Agnes Brazal ha descrito las 17 estaciones misioneras abiertas en los barrios más pobres de Caloocan, en Filipinas, para migrantes que se consideran católicos, pero permanecen unchurched, es decir, al margen de la vida parroquial. También ha expuesto las discriminaciones por razón de casta en India, donde los dalits representan aproximadamente el 7 % de los obispos y el 4 % de los sacerdotes.
El teólogo filipino Andrew Recepción vuelve a alertar sobre las «cámaras de eco sinodales», en las que la conversación acaba desarrollándose siempre entre «las mismas personas», mientras las voces subordinadas «están en otra parte». Para él, «la formación sinodal es el paso del kami al tayo», es decir, del «nosotros» exclusivo al «nosotros» inclusivo de la lengua tagala. Añade que los millones de filipinos que trabajan en el extranjero son misioneros de pleno derecho: «Ninguna oficina misionera los ha enviado y, sin embargo, por su Bautismo son discípulos misioneros».
El grupo latinoamericano ha pedido una mayor participación de las mujeres y de los laicos «en las estructuras de gobierno y de toma de decisiones de la Iglesia». Para ello, ha recurrido a la experiencia de «una Iglesia cercana al pueblo (pueblo)» y de una esperanza «vivida como virtud activa». Prevé organizar una conferencia regional, posiblemente en agosto de 2027, año en que se cumplirán veinte años de la Conferencia de Aparecida.
El padre Cosmas ha añadido que «la unidad de la fe no exige la uniformidad de sus expresiones», citando como ejemplos el monasterio de Keur Moussa, en Senegal, y el rito congoleño.
En Europa, donde el cristianismo «se ha convertido en una subcultura entre muchas otras», el grupo también ha identificado signos de esperanza. En Francia, en 2026, se han celebrado más de 21.000 bautismos de adultos y adolescentes, y los jóvenes se sienten atraídos «no por un cristianismo aguado, sino por una fe audaz, alegre y exigente». No han faltado preocupaciones concretas: por ejemplo, un participante ha pedido textos accesibles para los catequistas de las zonas rurales.
Las próximas etapas incluirán consultas regionales: en Europa, los días 26 y 27 de noviembre, y también en toda África. La hermana Agnès ha concluido: «No nos convertimos en misioneros cuando dejamos de necesitar recibir. Nos convertimos en misioneros cuando el don recibido de Dios se convierte, a su vez, en un don compartido».
(Agencia Fides, 23/10/2026)