Credit foto CCM - Apostolic Prefecture of Ulaanbaatar
Ulán Bator (Agencia Fides)– El padre Robert Goessens, misionero belga de la Congregación del Corazón Inmaculado de María (CICM), falleció el 15 de agosto en Japón, a los 97 años. Figura clave de los primeros pasos de la presencia católica contemporánea en Mongolia, formó parte, en julio de 1992, del primer grupo de tres misioneros de la CICM que llegaron a Ulán Bator, en un país que por entonces salía de varias décadas de régimen comunista.
Junto al padre Wenceslao Padilla, misionero filipino que se convertiría en el primer prefecto apostólico de Ulán Bator, y al padre Gilbert Sales, el padre Goessens recibió el encargo de poner en marcha la misión. Llegados el 10 de julio de 1992, en vísperas de la fiesta nacional del Naadam, los tres religiosos se encontraron ante una tarea completamente nueva: aprender la lengua mongola, entrar en contacto con una población que conocía poco o nada del catolicismo y sentar pacientemente las bases de una comunidad eclesial.
Antes de llegar a Ulán Bator, el padre Goessens había dejado una profunda huella en el ámbito pastoral y social de Kansai. Llegó a Japón el 2 de octubre de 1955, poco después de su ordenación sacerdotal, y ejerció allí su ministerio durante casi cuatro décadas, especialmente en la diócesis de Osaka y en la parroquia de Sakai. Además de sus responsabilidades parroquiales, destacó por su compromiso pionero en el ámbito de la acción social y de la infancia. Entre otras iniciativas, fundó la entidad médico-social Junshinkai (社会福祉法人 淳心会), bajo cuyo amparo se crearon varios jardines de infancia y guarderías (Heiwa no Sono). Esta atención a las personas más vulnerables y a los niños, unida a un profundo respeto por las culturas locales, sería también un rasgo distintivo de su labor en suelo mongol.
Nacido en Bélgica en 1928, el padre Goessens contaba ya con una larga experiencia misionera en Japón, donde había vivido y ejercido el ministerio durante 37 años antes de partir hacia Mongolia. Su conocimiento de Asia y su experiencia pastoral fueron puestos al servicio de esta nueva misión encomendada a los “scheutistas”, nombre con el que se conoce habitualmente a los miembros de la CICM, fundada en Scheut, cerca de Bruselas, por el padre Théophile Verbist.
En los primeros tiempos, los misioneros vivieron en un hotel antes de trasladarse a un apartamento. Celebraban misa para los católicos extranjeros residentes en la capital y ofrecían cursos de inglés. También acogían a los mongoles interesados en comprender su presencia y su forma de vida. “Ninguno de nosotros sabía cómo proceder. Así que no habíamos elaborado ningún plan antes de llegar, porque queríamos observar a nuestro alrededor”, confesaba a la agencia APIC en 2001.
Esta presencia se tradujo rápidamente en iniciativas sociales, especialmente en favor de los niños de la calle. Con el apoyo de las autoridades mongolas, la misión católica participó en la creación de un centro de acogida con capacidad para un centenar de niños, al tiempo que desarrollaba actividades educativas y cursos de idiomas. Posteriormente, la obra cobró impulso y favoreció especialmente la llegada de otros misioneros procedentes de distintas congregaciones religiosas.
La labor de los primeros misioneros de la CICM se caracterizó por el rechazo del proselitismo y por la voluntad de construir relaciones respetuosas con la sociedad mongola, sus tradiciones religiosas y sus autoridades, siguiendo el modelo del “venid y veréis”, una actitud que debía permitir a la Iglesia católica crecer lentamente, pero con serenidad.
En 2012, el padre Goessens regresó a Mongolia para participar en las celebraciones del vigésimo aniversario de la recuperación de la presencia católica en el país y reencontrarse con las personas con las que había compartido los años fundacionales de esta misión. Aquel viaje fue su última visita a Mongolia.
En un mensaje de condolencias, la Prefectura Apostólica de Ulán Bator rindió homenaje a quien describe como uno de los primeros misioneros que contribuyeron a sentar las bases de la Iglesia católica mongola. El comunicado recuerda su fiel servicio, desempeñado junto a sus hermanos de congregación, y su compromiso por sembrar “la fe, la esperanza, la compasión y el amor” entre el pueblo mongol.
Los miembros de la CICM en Japón celebraron la misa exequial del padre Robert Goessens el 18 de agosto, dando gracias por su vida y su ministerio. La Iglesia católica en Mongolia expresó sus condolencias a su familia, a sus hermanos de congregación y a todos aquellos que trabajaron con él, confiando su alma a la misericordia de Dios.
“Que las semillas de fe que entregó a Mongolia, el amor de Cristo que compartió y la esperanza de la que dio testimonio continúen dando fruto en la vida de la Iglesia católica en Mongolia”, deseó la Prefectura Apostólica de Ulán Bator.
(MLK) (Agencia Fides 20/8/2026)