ASIA/MONGOLIA - Sor Sandra Garay, directora de Cáritas: “La desertificación amenaza la vida de las comunidades rurales”

jueves, 20 agosto 2026

Miriam Oh/Unsplash

Ulán Bator (Agencia Fides).– “La desertificación en Mongolia se ve a simple vista”, cuenta a la Agencia Fides sor Sandra Garay, religiosa argentina, misionera de la Consolata, en Mongolia desde 2004 y actualmente directora ejecutiva de Cáritas Mongolia, con motivo de la COP17, la Conferencia de la ONU sobre Desertificación que se celebra en Ulán Bator del 17 al 28 de agosto.

“Viajando fuera de la capital, noto cada vez más a menudo las señales de un territorio que está cambiando. Se ve cada vez menos hierba, desaparecen las fuentes de agua, los terrenos se vuelven cada vez más áridos. Los pastores cuentan que los inviernos son rigurosos y los veranos cada vez más secos”, señala.

Para sor Garay, en Mongolia “el cambio climático, la desertificación y la pérdida de biodiversidad son problemas estrechamente relacionados”. El progresivo deterioro de los pastos se entrelaza con la sequía y con fenómenos meteorológicos extremos, pero también con la presión ejercida por las actividades humanas sobre el territorio. Es una crisis ambiental que se transforma rápidamente en una crisis social, especialmente para las familias que viven de la ganadería.

El panorama es preocupante. Según la UNCCD (Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación), Mongolia, con un territorio de aproximadamente 1,56 millones de kilómetros cuadrados, se encuentra entre los países más afectados por la degradación del suelo y la desertificación, que afecta a casi el 77 % de sus tierras. Los pastos ocupan alrededor del 70 % del territorio nacional y constituyen la base de la vida pastoril para aproximadamente un tercio de la población.

Las causas, explica sor Garay, son múltiples: “A la sequía y al cambio climático se suman factores relacionados con las actividades humanas, como el pastoreo intensivo, la deforestación y un uso no sostenible del territorio”.

También los fenómenos meteorológicos extremos están dejando una huella cada vez más evidente. La UNCCD señala que en Mongolia el número anual de días caracterizados por tormentas de arena y polvo se ha más que triplicado respecto a los años sesenta, mientras que las sequías se han vuelto más frecuentes.

Entre las emergencias más dramáticas sigue estando el “dzud”, el fenómeno climático típico de Mongolia que combina condiciones invernales extremadamente rigurosas con dificultades de acceso a los pastos y al forraje, provocando la muerte de grandes cantidades de ganado. Según la FAO, durante el “dzud” de 2023-2024 murieron unos 7,9 millones de animales, equivalentes al 12,3 % de la cabaña ganadera nacional.

“Para las familias de pastores, que viven gracias a la ganadería, perder el ganado significa a menudo perderlo todo, entrar en la pobreza”, observa la religiosa de la Consolata. “Por eso, la lucha contra la desertificación es una lucha para proteger los medios de subsistencia y la propia vida de las comunidades rurales”, observa. La respuesta, según la misionera, contempla conjuntamente la protección del medio ambiente y el apoyo a las personas. “Por un lado, urge prever una gestión más sostenible de los pastos, protegiendo las fuentes y los pozos y promoviendo un uso más eficiente de los recursos hídricos. La reforestación, además, contribuye a proteger el suelo. Pero también se puede ayudar a las familias rurales a diversificar sus fuentes de ingresos, para que no sean aniquiladas por el ‘dzud’ cuando este golpea sus vidas”, explica.

Es un enfoque que une medio ambiente, seguridad alimentaria y dignidad de las comunidades rurales. No por casualidad, la COP17, acogida por Mongolia precisamente en 2026, Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, sitúa también en el centro la restauración de los pastos y el bienestar de las poblaciones ganaderas. En este contexto se inserta la experiencia de Cáritas Mongolia, comprometida desde hace tiempo con la protección del medio ambiente, la agricultura sostenible y el fortalecimiento de los medios de subsistencia de las comunidades locales.

En el pasado, explica Garay, “Cáritas ha llevado a cabo iniciativas agrícolas con la construcción de invernaderos solares pasivos y la formación de las comunidades en métodos de cultivo alternativos, ecológicos y sostenibles. El objetivo era favorecer una producción alimentaria adecuada al clima riguroso de Mongolia, promoviendo al mismo tiempo un uso más responsable del agua y del suelo”.

Además, “acompañamos a las comunidades de pastores en el desarrollo de fuentes de ingresos sostenibles, complementarias a la ganadería tradicional, para reducir su vulnerabilidad ante la degradación ambiental y los efectos del cambio climático”, prosigue. Actualmente, la organización está llevando a cabo un proyecto piloto para experimentar en Mongolia con la técnica de las “medias lunas”, sistemas de recogida de agua y restauración del territorio utilizados en zonas áridas.

“Queremos comprobar si esta metodología puede contribuir a combatir la desertificación, recuperar los pastos degradados y los hábitats naturales, aumentar la humedad del suelo y favorecer la regeneración de la vegetación”, señala la religiosa. “Cuidar la tierra significa cuidar a las personas”, afirma sor Garay, sintetizando la perspectiva del compromiso de Cáritas Mongolia: en un país donde el territorio está directamente ligado a la supervivencia de las comunidades locales. “Combatir la desertificación significa, en efecto, defender no solo el medio ambiente, sino también el futuro de miles de familias”, concluye.
(PA) (Agencia Fides 20/8/2026)


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