Por Andrew Doan Thanh Phong
Păc Năm (Agencia Fides) – En lugar de esperar a que los habitantes de la zona vayan a buscarlo, el padre Pedro Nguyen Quang Doan sale a su encuentro.
Una de las primeras oportunidades surge al hacer la compra en el mercado local. Allí se establecen relaciones sencillas y directas con las personas y se les puede informar de que los domingos se celebra la Misa en la iglesia. Después, el sacerdote se desplaza a los pueblos para visitar a las familias, entablar amistad con ellas, compartir conversaciones sobre la vida cotidiana y escucharlas con atención. De este modo, el padre Pedro experimenta también cada día una realidad fundamental: «Para anunciar el Evangelio, primero hay que comprender la cultura local, entrar en sintonía con las circunstancias de las personas y caminar a su lado».
Después de años de siembra evangelizadora, cerca de 500 personas pertenecientes a grupos étnicos como los H’Mông, los Tày, los Dao Rojos y los Sán Chí han recibido el sacramento del Bautismo y se han incorporado a la Iglesia católica.
Solo durante el periodo 2025-2026, más de 200 personas pertenecientes a grupos étnicos minoritarios han sido bautizadas en las montañas y bosques de Păc Năm.
El 4 de octubre de 2025, la comunidad católica local fue elevada oficialmente a la categoría de parroquia. Es una pequeña Iglesia naciente, guiada por su primer párroco, el padre Pedro Nguyen Quang Doan, de la Congregación del Santísimo Redentor, situada a unos 270 kilómetros al norte de la sede episcopal de Bac Ninh.
Se trata de uno de los territorios misioneros más remotos y exigentes de la diócesis de Bac Ninh. Se extiende por una amplia zona montañosa de unos 473,64 kilómetros cuadrados, con un terreno escarpado y accidentado y un paisaje salpicado de numerosos pueblos dispersos.
La población local está formada principalmente por los grupos étnicos Hmong y Tay, junto con otras comunidades como los San Chi y los Dao Rojos, que viven fundamentalmente de la agricultura, de los recursos obtenidos de los bosques y de la ganadería.
En 2021, poco después de su ordenación sacerdotal, el padre Pedro Nguyen Quang Doan fue destinado como vicario a la parroquia de Bac Kan, donde se dedicó a la atención pastoral de la comunidad parroquial y asumió también la responsabilidad de los católicos de Păc Năm.
Por aquel entonces, la comunidad no tenía ni iglesia propia ni terreno para levantar un centro pastoral. Por eso, el padre Pedro Doan alquiló una pequeña casa de una sola planta que servía como vivienda y, al mismo tiempo, como lugar para celebrar diariamente la Misa ante una diminuta comunidad formada por apenas cinco familias, migrantes procedentes del delta del río Rojo, en el norte de Vietnam.
A comienzos de 2026, para alegría de toda la comunidad católica, se inauguró la iglesia de Păc Năm, que desde el primer momento se convirtió en un espacio común para la oración, la catequesis y la celebración diaria de la Santa Misa, sustituyendo a la pequeña casa de una sola planta utilizada durante tantos años. La iglesia es también un lugar de encuentro cultural para personas pertenecientes a distintos grupos étnicos. Los miembros de las minorías étnicas suelen acudir allí para dialogar entre ellos; sus culturas autóctonas son respetadas y ellos mismos reciben acompañamiento en el crecimiento de su joven fe católica.
El 25 de agosto de 2026, el obispo Joseph Do Quang Khang, de la diócesis de Bac Ninh, realizó una visita pastoral a la parroquia de Păc Năm. Durante la visita inauguró la sala de oración dedicada a san Gerardo, presidió la bendición de una estatua de la Virgen María representada con el traje tradicional de la etnia Hmong y celebró el sacramento del Bautismo de 105 catecúmenos procedentes de distintos grupos étnicos, entre ellos los Hmong, los Tay, los Dao Rojos y los San Chi. Los coloridos trajes tradicionales, unidos a los rostros iluminados por las sonrisas amables y sinceras de los participantes en la Misa, crearon una atmósfera encantadora, solemne y acogedora en esta zona misionera de montaña.
La imagen de la Virgen de Păc Năm, vestida con el traje tradicional del pueblo Hmong, es como un signo de cercanía a la cultura local y representa a la Madre que acompaña, protege y guía constantemente a sus hijos hacia Jesús.
En su homilía, el obispo Joseph Do Quang Khang no pudo ocultar su alegría al ver cómo estas almas sencillas y humildes entraban aquel día a formar parte de la familia de nuestra Iglesia, y afirmó: «El fruto de hoy no es solo el resultado del esfuerzo humano; es, sobre todo, un don de la gracia de Dios, que en silencio ha sembrado, alimentado y hecho crecer las semillas de la fe en medio de tantas dificultades y pruebas».
Después de recibir los sacramentos, el obispo invitó también a los 105 recién bautizados a seguir alimentando y haciendo crecer su fe para convertirse en testigos del Evangelio dentro de sus propias familias, de sus pueblos y de las comunidades locales, en la vida cotidiana. Su propia existencia puede convertirse en un anuncio tangible y vivo del Evangelio allí donde viven.
(Agencia Fides 30/9/2026).