ÁFRICA/BENÍN - Familias que forman a los seminaristas misioneros: pequeños pasos concretos para superar los conflictos y construir la paz

miércoles, 30 septiembre 2026

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Calavi (Agencia Fides) – Este jueves 1 de octubre comenzará en el ‘Centre Brésillac’ de Abomey-Calavi, en la archidiócesis de Cotonú, Benín, el año internacional de espiritualidad para 42 seminaristas de la Sociedad de Misiones Africanas (SMA). Procedentes de 12 países de África y Asia, tienen entre 20 y 30 años y ya han concluido los estudios de Filosofía previstos para quienes se preparan al sacerdocio misionero.

«Acompañados por un equipo de cinco formadores, durante nueve meses vivirán una experiencia de discernimiento que incluirá momentos de interioridad, escucha de la Palabra y oración, con vistas a tomar una decisión sobre su futuro: continuar su vocación como miembros de la SMA u orientarse hacia otra forma de vida y de servicio».

La experiencia llega a la Agencia Fides de la mano del padre Antonio Porcellato, que, tras seis años como Superior General de la SMA, ha recibido una nueva misión de su sucesor, el padre François du Penhoat, quien lo ha nombrado formador por un periodo de tres años, renovable.

«Sigo prestando mi servicio en el ámbito de la formación inicial de los seminaristas, un campo en el que ya trabajé entre 1989 y 2001: seis años en Génova, uno precisamente en Calaví y cinco en Ibadan, Nigeria», explica el misionero. Fue el propio padre Porcellato quien propuso asumir una responsabilidad en el ámbito formativo. «Estoy convencido de que el discernimiento y la formación inicial se encuentran entre las tareas más urgentes de la SMA en la actualidad, que vive un gran florecimiento de vocaciones en África, un crecimiento más moderado en Asia y una presencia prácticamente inexistente en Europa y América».

«También este año, unas treinta familias beninesas han colaborado activamente en la formación misionera de estos jóvenes. Durante todo el mes de septiembre han acogido gratuitamente en sus casas a los seminaristas que necesitaban perfeccionar su conocimiento del francés antes de comenzar el programa anual», prosigue el misionero.

Cada mañana, los seminaristas acuden al Centre Brésillac, donde se reúnen con sus compañeros para las clases de francés y comparten el almuerzo. Por la tarde, cada uno regresa a la familia que lo acoge, donde pasa la tarde y la noche, antes de volver al Centro a la mañana siguiente. Por lo general, son familias con hijos en edad escolar. Con ellos, el seminarista conversa e interactúa de manera natural y participa también en las actividades cotidianas, las comidas y los momentos de oración.

«El grupo de familias que ofrecen su hospitalidad existe desde hace décadas y con el tiempo se ha organizado por sí mismo, identificando cada año a las familias dispuestas a acoger a un seminarista. Siguiendo la tradición africana de la hospitalidad, estas familias viven la acogida como una oportunidad de encuentro y están felices de recibir en sus hogares a jóvenes de otros países. Así nacen relaciones que a menudo continúan mucho más allá de los nueve meses del año de espiritualidad que pasan en Benín».

Es lo que le ha sucedido a Pascaline Assogba, profesora universitaria recientemente jubilada, que cuenta con alegría su experiencia tras veinte años acogiendo seminaristas. Hoy puede hablar de una auténtica familia ampliada en distintos países africanos. «Si tengo que viajar por el continente, prácticamente en todos los países encuentro a algún misionero de la SMA al que he acogido en mi casa y que ahora forma parte de mi familia», cuenta.

El sábado 26 de septiembre se celebró una fiesta de clausura en la que los 24 seminaristas acogidos por las familias expresaron su agradecimiento por la experiencia vivida.

Pasar un mes en una familia beninesa no solo les permite practicar el francés. También constituye una etapa significativa en la formación de los futuros misioneros. Los jóvenes tienen que adaptarse a alimentos que desconocían, a ritmos de vida diferentes -por ejemplo, la costumbre de cenar muy tarde- y a formas de devoción que en algunos casos son nuevas para ellos.

En definitiva, se trata de una escuela práctica de cercanía, interculturalidad y capacidad de adaptación, competencias fundamentales para quienes están llamados a vivir la misión en contextos distintos del propio. La experiencia contribuye además a generar conocimiento y confianza mutuos entre personas procedentes de países y continentes diferentes, incluso cuando sus lugares de origen están marcados por tensiones o conflictos.

Son pequeños pasos concretos que ayudan a superar divisiones, tejer relaciones y contribuir a construir la paz.
(AP) (Agencia Fides 30/9/2026)

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