AMÉRICA/PERÚ - El obispo Martínez de Aguirre: testigo de la predilección de Jesús por los pueblos amazónicos

jueves, 5 febrero 2026 misión   misioneros   amazonia   indígenas   jóvenes   liturgia   inculturación  

selvasamazonicas.org

Por Gianni Valente

Puerto Maldonado (Agencia Fides) - Jesús se conmueve al escuchar los relatos de los discípulos que Él mismo envió “de dos en dos” a anunciar su salvación. La preocupación por los jóvenes amazónicos, amenazados por quienes los explotan como sicarios o como carne de cañón en las nuevas “fiebres del oro”. La experiencia de los dominicos, que llegaron a América influenciados por la “ideología de los conquistadores” y regresaron a Europa para re-anunciar el Evangelio a través de las “llagas de Cristo” que habían encontrado entre los pueblos originarios de esas tierras.
Y un toque de ironía amable hacia los misioneros llegados de fuera, que, pese a sus buenas intenciones, se entusiasman con símbolos y signos “más o menos exóticos, pero que poco o nada tienen que ver con la vida real de nuestras comunidades”.
Llenas de pasión apostólica son las historias y reflexiones que el obispo David Martínez de Aguirre Guinea comparte con la Agencia Fides, tras concluir su visita “Ad Limina Apostolorum” y reunirse junto a otros obispos peruanos, con el Sucesor de Pedro.
De origen vasco y hijo de los Frailes Predicadores, el vicario apostólico de Puerto Maldonado deja constancia en cada respuesta de cómo y por qué la misión que se desarrolla en la Amazonía es crucial y determinante no solo para toda la Iglesia universal, sino para el mundo entero.

- El Papa os ha exhortado, a los obispos peruanos, a vivir “al estilo de los Apóstoles”. ¿Cómo resuena esta referencia a los Apóstoles en la vida de los obispos en la Amazonía?
- La conexión más fructífera y evocadora entre la experiencia de los primeros apóstoles y nuestra experiencia como obispos de la Amazonía es que aquellos hombres fueron tocados profundamente por una experiencia de encuentro con Jesús que les cautivó, les sorprendió y les impactó toda su vida. Jesús les ayudó a mirar el mundo de otra manera, a mirar a las personas, a mirar la multitud de la que hablan los Evangelios, y a tratar de dar una respuesta desde Dios al sufrimiento, al dolor, al vacío, y a llenar el corazón con la alegría de Dios.
Siempre pienso en esos textos en los que los apóstoles empezaron a compartir la misión de Jesús: Él los enviaba y ellos volvían entusiasmados y con alegría. Me imagino a Jesús con los ojos llenos de lágrimas y emoción, dando gracias al cielo “por estos apóstoles que me has regalado”. Ese entusiasmo apostólico es el que vivimos los misioneros, no solo los obispos, en el día a día, en medio de nuestras dificultades en la selva. Tratamos de alimentarnos de esa experiencia maravillosa de Cristo, compartir la vida de nuestros pueblos, compartir con ellos la alegría del Evangelio y escuchar el sufrimiento, como hacían los apóstoles con los enfermos, los endemoniados y los oprimidos, viendo que en Cristo encontraban esperanza.
Eso es lo que nosotros queremos también: mirar el dolor y el sufrimiento que existen en nuestra Amazonía y tratar de iluminarlos y sanarlos con la alegría, la fuerza y la paz de Jesús.

- ¿Pero bastan los llamamientos a la misión para suscitar el entusiasmo misionero?
- Los apóstoles, en esa alegría, tuvieron que empeñarse de todo. Ellos tenían sus propias ideas iniciales, como nosotros cuando llegamos a la Amazonía como misioneros y teníamos nuestras ideas iniciales, nuestros pensamientos, nuestras preconcepciones, que como las de Pedro, como las de Santiago o Juan, tienen que ser corregidas por Jesús. Eso supone un proceso de conversión personal que vivimos con Jesús y con los pueblos a los que servimos. Al final, Jesús nos conduce hacia el testimonio, incluso hacia el martirio, que es dar testimonio entregando toda la vida, todo lo que somos.

- Durante las visitas ad Limina habéis encontrado a León XIV en varias ocasiones.
- Hemos tenido dos encuentros con el Papa. Uno con toda la Conferencia Episcopal y otro específico con los obispos amazónicos. Durante estos días nos hemos encontrado con él varias veces, también en los jardines vaticanos, donde tuvimos el privilegio de colocar un mosaico de advocaciones de la Virgen María y una estatua de Santa Rosa de Lima. El Papa ha sido para nosotros el Vicario de Cristo, nos ha unido y nos ha hecho sentir más hermanos. Nos ha dicho que debemos vivir al estilo de los apóstoles, mirando a Santo Toribio de Mogrovejo, patrón del episcopado peruano. Nos ha pedido unidad y comunión entre nosotros. Durante el año los obispos nos vemos poco, pero estos días hemos podido conocernos mejor y compartir la vida. Nos ha llamado a anunciar con fidelidad el Evangelio, no a nosotros mismos sino a Cristo vivo y resucitado. Nos ha pedido valentía, incluso conciencia martirial, y que estemos cerca de la gente, de los sacerdotes, de los religiosos y religiosas, cerca de todos.

- ¿Y en el encuentro con los obispos amazónicos?
- En el diálogo que hemos tenido con el Papa, le hemos contado nuestras dificultades, nuestra organización eclesial, cómo tenemos que seguir mejorando. Él nos ha escuchado muy atentamente y nos han animado a seguir haciendo una realidad el anuncio del Evangelio en nuestros pueblos, y nos han animado a sigamos buscando maneras de promover la ministerialidad y a buscar ayuda de iglesias hermanas para responder a la necesidad de pastores y agentes pastorales que existe en la Amazonía.

- El Papa Francisco visitó Puerto Maldonado. ¿Se conserva la memoria de aquella visita?
- La memoria de esa visita ha sido grandiosa y está en el corazón de todos los que lo hemos vivido. Algunos obispos decían que Puerto Maldonado ha sido el “balcón de la profecía del Papa Francisco”. Él posicionó a la Amazonía en el corazón de la Iglesia y dio un mensaje claro a los pueblos originarios: la Iglesia ha estado siempre con ellos y sigue estando con ellos y están en el corazón del Papa y en el corazón de todos los apóstoles y seguidores de Cristo.

- Después de ese momento tan intenso, ¿han madurado frutos concretos?
- Sí, ha dado frutos maravillosos. Ha permitido visibilizar el trabajo de tantos misioneros y misioneras que se entregan cada día en la Amazonía. Este es un momento en el que las congregaciones lo pasan mal por la falta de vocaciones y que tienden a abandonar estos lugares de periferia buscando sostener sus obras e instituciones. El Papa Francisco puso la mirada y señaló a la Amazonía, haciendo que muchas congregaciones se lo piensen dos veces antes de cerrar una presencia, y otras congregaciones también tengan la ilusión de abrir una casa en la Amazonía junto a estos pueblos.

- Pero para vosotros, sobre el terreno, ¿qué ha cambiado?
- Ha habido un dinamismo sinodal entre las Iglesias amazónicas. En el Perú ya había una tradición de muchos años atrás, desde los años 70: misioneros, misioneras y agentes de pastoral de la Amazonía se reunían en Lima una vez al año. Pero eso que se había desvanecido un poco, con la visita del Papa Francisco a Puerto Maldonado y con el sínodo de la Amazonía, se ha revitalizado y se mantiene hoy con esta Conferencia Eclesial de la Amazonía que tiene su expresión también en el Perú, con estos encuentros de los inter-vicariatos que hacemos todos los años en el mes de enero en Lima

- ¿Ahora habéis invitado también a León XIV?
- Por supuesto que hemos invitado al Papa León. Sabemos de su deseo de venir al Perú y esperamos que pueda hacerlo. Le hemos invitado a tener presente la Amazonía peruana como un lugar desde donde lanzar un mensaje fuerte y donde los pueblos desean acogerlo y abrazarlo en su ministerio petrino.

- ¿Continúa el trabajo en torno al “Rito amazónico”?
- El Rito Amazónico es una respuesta al Sínodo sobre la Amazonía. Nace de la escucha de la Iglesia amazónica por parte de la Iglesia universal, dentro del proceso que ha unido la fase pre-sinodal, el Sínodo y luego la Exhortación apostólica Querida Amazonia. De ese trabajo puede surgir una respuesta sistematizada, que se puede experimentar tanto en la liturgia como en las normas que ordenan la vida eclesial: un Rito Amazónico que deberá ser evaluado y acogido por un organismo eclesial que es la Conferencia Eclesial de la Amazonía.

- ¿Se trata de materias reservadas a liturgistas y estudiosos?
- El camino para llegar a un rito amazónico no se refiere solo al ritualismo o a la elección de ciertos signos y símbolos que se utilizarán en la acción litúrgica. La Iglesia está viva, sigue buscando formas de expresar la fe en Jesús, y en esta búsqueda los impulsos pueden provenir de las comunidades más pequeñas y de los misioneros. Estamos en un proceso de autodescubrimiento, de encuentro con la forma de sentir profunda de nuestros pueblos. A veces se persiguen construcciones que pueden parecer muy efectivas, pero que resultan forzadas. Así, tal vez por el deseo de que los pueblos amazónicos encuentren su propia manera de expresar la fe, el misionero venido de fuera puede introducir elementos que pueden resultar más o menos exóticos, pero que no tienen nada que ver con la vida real de nuestros pueblos.

- ¿Algún ejemplo?
- Así ocurrió durante el Sínodo sobre la Amazonía, con la conocida imagen que se decía que era de la “Pachamama”. Nos sorprendió mucho la interpretación que se le dio a esa circunstancia, y que dio lugar a tantas interpretaciones erróneas. Todo había surgido de un señor que había visto una imagen de madera en Manaos, que le pareció excelente para simbolizar la fertilidad de la tierra y la vida de nuestros pueblos amazónicos. Pensó que era una especie de tótem de algún pueblo amazónico. Y ni siquiera era eso. Porque, por otra parte, la Pachamama no es de los pueblos amazónicos, sino de los pueblos andinos. Además, la Pachamama no tiene ningún tipo de representación iconográfica. Por lo tanto, hay que tener cuidado. Porque a veces desde fuera se construyen representaciones alejadas de la vida de los pueblos, de la vida litúrgica y también de su cosmovisión.

- ¿Cuáles serán los próximos pasos para llegar al Rito amazónico?
- Ahora vamos a analizar la forma de celebrar que siguen nuestros pueblos, cómo viven las enfermedades y la purificación, cómo viven la relación con la trascendencia y entre ellos. Luego, con el tiempo, se encontrarán las formas y los símbolos para expresar lo que se comparte con toda la Iglesia universal. En comunión con toda la Iglesia.
Todos compartimos lo mismo y nos adaptamos para expresar con los signos y formas propios lo que nos comunica la liturgia de la Iglesia, que es el misterio de Cristo vivo, de Cristo resucitado.

- En la Asamblea de la Iglesia amazónica peruana celebrada en enero, surgió también la propuesta de crear una escuela de misionología. ¿Para qué puede servir?
- La Iglesia amazónica es eminentemente misionera: es una iglesia en salida que no solo se preocupa de sostener la fe de los que ya lo tienen, sino que siempre trata de anunciar la buena noticia que es Cristo como esperanza para todos los pueblos, y de hacer la propuesta, una propuesta humilde, sencilla, pero decidida, convencida desde el propio testimonio de vida.
Y en este sentido, es importante que los misioneros tengan los elementos necesarios para comprender los códigos culturales y comunicar el mensaje de Cristo de forma comprensible. Ese es un primer paso de la inculturación. Después, la inculturación la realiza el propio pueblo amazónico. El misionero debe manejar algunos códigos básicos para no cometer errores culturales. Luego son los propios pueblos amazónicos quienes traducen el Evangelio a sus culturas. Ellos son los encargados y los protagonistas de una inculturación.
Pero sí es cierto que el misionero, cuando acude, tiene que manejar unos mínimos códigos, que para no cometer errores: un código de una cultura significa una cosa y en otra tiene un significado totalmente contrario. Entonces es bueno manejar unos mínimos códigos para poder hacer llegar el mensaje de Cristo lo más nítidamente posible. Y luego dejar que los propios pueblos, las propias culturas se vayan apropiando de él. Son ellos los traductores, van a ser los que luego revisen su propia cultura a la luz de la buena noticia que es el Evangelio de Cristo.

- Entonces, ¿no sirven unas “instrucciones de uso” para quienes vienen de fuera?
- Lo que se busca es una escuela de misionología que ofrezca esos instrumentos tanto a quienes llegan de fuera como a las comunidades locales, para descubrir cómo el bautismo y el seguimiento de Cristo nos lanza inmediatamente al contagio, a contagiar a los demás, a compartir el Evangelio. El anuncio del Evangelio no es una experiencia individual que nos haga decir “que bien, que se está aquí, ¿por qué lo hacemos tres tiendas?”. Jesús nos hace volver al llano inmediatamente, al llano amazónico en este caso, a anunciar una buena noticia, que es Cristo para todos los pueblos.

- En la Asamblea eclesial de la Amazonía peruana habéis manifestado también preocupación por los jóvenes. ¿Cuáles son sus fragilidades y peligros?
- Pues sí, efectivamente, los jóvenes en la Amazonía están amenazados. Los niños, adolescentes y jóvenes sufren desde todos los frentes. La Amazonía - ya lo dijo el Papa Francisco-, probablemente nunca ha estado tan amenazada en la historia como lo está hoy.
La Amazonía, como un lugar de extractivismo, atrae a muchas personas con la sed del oro, sed de una riqueza rápida, que pone la riqueza, el dinero, en el centro como un dios, y cae todo lo demás: cae la familia, cae Jesucristo, cae la comunidad, cae la nación, cae un sentimiento comunitario. Todo se viene abajo y entramos en un “sálvese quien pueda”, la ley de la selva se dice -que no es la ley amazónica-, donde uno no mira al otro, incluso no le importa pisar al otro con tal de lograr su objetivo.
Esta forma de vivir nos lleva a la autodestrucción. Los que más están sufriendo este individualismo atroz, esta búsqueda de dinero rápido y sin mirar más allá de las consecuencias, son los niños, adolescentes y jóvenes. Ellos sufren la violencia y el abandono. Los padres muchas veces, se rompen la familia se disgrega y los jóvenes y niños se sienten solos, abandonados. Saben que están abocados a un futuro marcado por la ilegalidad, bien en actividades ilícitas o en la minería, bien en los cultivos o el transporte de sustancias prohibidas.

- ¿A qué se refiere?
- Cuando hablamos de la trata de personas, muchas veces pensamos que solamente es para el abuso sexual -que lo es y es terrible-, pero no solo para eso, también hay trata de personas cuando se capta a los jóvenes y adolescentes para la extorsión o se les capta para actividades ilícitas. Casi siempre son jóvenes los que son reclutados como sicarios, aprovechando su vulnerabilidad. Son las primeras víctimas del sistema.
Por eso estamos preocupados por los jóvenes y por eso queremos trabajar con una mirada muy atenta hacia los niños, hacia los adolescentes y hacia los jóvenes.
Para que encuentren entre ellos una forma de relacionarse que ayude a suplir la carencia del cariño y del afecto y de las relaciones en el ámbito familiar, que encuentren un modo de relaciones humanas dignificantes entre ellos y también con Cristo Jesús. Que esté en el centro y les devuelva la dignidad que ellos tienen y pueda darles la fuerza de lo que ellos están llamados a ser, esa vocación bonita de ser humanos, como Dios nos ha soñado a todos.

- Usted pertenece a la Orden de los Dominicos. ¿Qué significa hoy ser herederos de esa historia misionera en América Latina?
- Efectivamente, yo como dominico llegue al Perú muy tocado por esa tradición de aquellos dominicos que, perteneciendo a una ideología de la época europea y con una teología propia, formaban parte de aquel contexto. Ellos partieron de Europa y seguro compartían, de alguna manera, el pensamiento de los conquistadores. Con ese pensamiento y esa doctrina llegaron a América y entraron en contacto con unos pueblos que los transformaron.
Los frailes dominicos que llegaron entraron en un proceso personal de conversión y, mirando la realidad como lo hacían los apóstoles con Cristo, aprendieron a percibir el gemido y el dolor de aquellos pueblos profundamente oprimidos por la ideología de los conquistadores, de la que esos mismos misioneros procedían. Rápidamente, estos primeros misioneros dominicos, como Pedro de Córdova y Antón de Montesinos, fueron el fruto de este proceso y lugar al más conocido Bartolomé de las Casas. Desde toda esta reflexión dominicana, aquellos frailes, reconociendo ese dolor, regresaron a Europa.
Cuántos viajes hizo fray Pedro de Córdoba después del sermón de Antón de Montesinos en el que dijo: “¿Acaso no son hombres estos pueblos? ¿Los habéis reducido a esta condición? ¿No creéis que están tan alejados de la fe como aquellos a quienes entonces considerabais infieles en Europa?”. Pedro de Córdoba llevó esas contundentes palabras a Europa, y lograron cambiar la teología y la ideología, se introdujeron las nuevas leyes de Indias y comenzaron a producirse cambios.
Fueron a evangelizar pero se sintieron ellos re-evangelizados y de ahí llamados a evangelizar Europa

-¿Cuál es hoy el rasgo más vivo de la misión dominicana en Perú?
- Creo que hoy la Orden aquí, en la Amazonía y en Perú, está llamada a escuchar la realidad, el dolor de nuestros pueblos y, al anunciar la buena nueva de Cristo, mirar también su rostro, el rostro de Cristo sufriente que nuestros pueblos nos muestran. Y a partir de esa escucha, al igual que nuestros pueblos, también nosotros escuchamos cómo nos es devuelta esa palabra de Dios, para predicarla al mundo entero, descubriendo siempre la predicación de la gracia, de Dios que salva, de Dios que nos llama a vivir en la dignidad de hijas e hijos suyos.
Me parece que esta debe ser la característica de la misión dominicana aquí en Perú: una predicación que escucha el grito de dolor de los pueblos, una predicación que se deja tocar por lo que Cristo suscita en el corazón de aquellos pueblos a los que predicamos, y que se convierte en predicación para toda la humanidad, para provocar una conversión al Evangelio y a la vida, que es Cristo.
(Agencia Fides 5/2/2026)


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