Catholic Cambodia
Phnom Penh (Agencia Fides) – «Los bulldozers tailandeses están arrasando durante kilómetros las casas de civiles camboyanos; alambres de púas y contenedores bloquean el acceso a los pueblos. Y todas las instituciones internacionales guardan silencio. Los templos, lugares sagrados por excelencia para la veneración de los dioses y la memoria de la humanidad, han sido reducidos a polvo. Y el mundo permanece en silencio. A pesar de un alto el fuego, cientos de miles de civiles y niños siguen viviendo en campos miserables. Hoy también Camboya quiere hacer oír su voz, pidiendo justicia y reparación en la escena mundial, donde el poder de la fuerza parece haberse convertido en la nueva regla».
Así se expresa el llamamiento difundido hoy, 7 de enero, por el obispo Olivier Schmitthaeusler, vicario apostólico de Phnom Penh, titulado de manera significativa «Silencio». «Lo que estamos presenciando –afirma el obispo– hoy nos llama ciertamente a la oración, pero no al silencio».
El obispo expresa la tristeza y la preocupación de todo el pueblo camboyano ante la situación local, y amplía su mirada al contexto internacional, recordando los escenarios de guerra en Ucrania, Gaza, Camboya y el reciente ataque estadounidense en Venezuela.
Y se pregunta: «¿El poder pertenece solo a los más fuertes? Desde los filósofos griegos hasta los pensadores cristianos, ¿pueden 2.500 años de esfuerzo para construir los valores de la democracia, la libertad y la soberanía de los pueblos ser barridos en pocos meses en nombre de intereses geopolíticos, en desprecio del derecho internacional y, aún más, en desprecio de la gente común, los nuevos mártires de este siglo XXI?».
El texto continúa: «La Navidad es el vuelco de las certezas humanas: el poder para el más fuerte, la riqueza para el más cruel, la vida para el más sanguinario. Mientras que Dios omnipotente, creador del cielo y de la tierra, se hace hombre en un recién nacido, frágil e indefenso. Y ese Jesús, víctima inocente de los celos y del odio humano, del poder religioso y temporal, de la crueldad y la avidez del mundo, morirá en una cruz. De esa cruz, signo de la violencia y de la deshumanización del corazón humano, nacerá la vida, la vida eterna y la salvación para todos los que aman con hechos y en la verdad».
Según monseñor Schmitthaeusler, el silencio es útil «para rezar a Dios, para pedirle que nos ilumine, que nos conceda sabiduría y capacidad de discernimiento, a todos nosotros pero especialmente a los líderes del mundo, para que podamos recorrer los caminos de la verdad, del derecho y de la justicia». «Pero ciertamente –observa– no podemos permanecer en silencio y permitir que los inocentes sean despreciados y humillados, como si existiera incluso una jerarquía de valor en la vida humana».
El llamamiento concluye retomando las palabras del Papa León XIV en su mensaje del 1 de enero de 2026: «Paz en la tierra, cantan los ángeles, anunciando la presencia de un Dios indefenso, cuyo amor la humanidad solo puede descubrir cuidando de Él. En todo el mundo, es de esperar que cada comunidad se convierta en una “casa de paz”, donde la hostilidad sea desactivada mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se cultive el perdón».
(PA) (Agencia Fides 7/1/2026)