VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y a don Salvatore Vitiello - Diálogo ecuménico e interreligioso

jueves, 18 enero 2007

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Al inicio de la semana de oración por la unidad de los cristianos, no parece fuera de lugar retomar cuanto ya debería estar definitivamente adquirido en todos los ámbitos eclesiales: la distinción clara e inequívoca entre diálogo ecuménico y dialogo interreligioso. Se multiplican las iniciativas que, bajo títulos como "tiempos de diálogo", confunden e inducen a confundir el diálogo entre bautizados, creyentes en Jesús, en camino hacia el redescubrimiento de la unidad católica y aquel entre cristianos y miembros de otras tradiciones religiosas. Entre estas, evidentemente, tiene una posición eminente el hebraísmo, a cuyas relaciones se dedica toda una jornada para el diálogo hebreo-cristiano.
Una tal confusión, que se convierte en escudo y se toma como una fantasmal "verdad absoluta", sin precisar nunca en que consiste esta verdad y, sobre todo, quién la ha encarnado definitivamente en la historia, se debe absolutamente evitar. Es hija de esa "ideología del diálogo” que continua confundiendo los medios con el fin. El diálogo no es, ni puede ser, un fin; es un medio, que se debe emplear según toda una amplia gama de posibilidades, pero reconociéndolo como lo que es: un medio y no un fin.
El fin para el que existe la Iglesia no puede ser sino la evangelización, el anuncio franco y creíble de Jesús de Nazaret Señor y Cristo, único salvador de todos los hombres. "Beatificado por Benedicto XVI, el padre de Foucauld es considerado como 'un ejemplo de diálogo respetuoso entre religiones, un anticipador del Vaticano II '. Ahora bien, este anticipador del Vaticano II, que se fue entre los musulmanes para convertirlos y fue asesiando, tradujo en lengua tuareg el Evangelio con las siguientes intenciones: “No es el caso de tratar de enseñar a los tuareg el árabe, que los acerca al Corán, cuando, por el contrario, se les debe alejar de el. Se les debe hacer aprender el tamahaq, lengua excelente y muy fácil, introduciendo poco a pocos términos indispensables para expresar ideas religiosas, virtudes cristianas […]. En cuanto empiece a haber conversiones, se necesitará un catecismo en tamahaq" (A.Gnocchi-M.Palmaro) Contra el desgaste del laicismo moderno, Casale M. 2006, p 106).
La semana de oración por la unidad de los cristianos es pues una importante ocasión para redescubrir con inequívoca claridad y fidelidad la pertenencia a Jesucristo, la fe cristocentrica sin la cual no existe ninguna posibilidad de auténtico encuentro, porque es precisamente el Señor Jesús el único "lugar" y la única "razón-logos" posible de encuentro.
El diálogo, como varias veces recuerda Joseph Ratzinger en su texto "Fe, verdad, tolerancia", debe ser siempre "diálogo de la verdad”: un esfuerzo humano realista, asistido por el Espíritu Santo en cuanto que quien lo realiza es bautizado, para buscar y, sobre todo, reconocer, una verdad que, en el caso de Jesucristo, no es construida por el hombre, sino que es dada, como todo elemento fundamental de la realidad.
Una fe cristocéntrica, capaz de acoger a la persona de Jesucristo según la totalidad de los factores que la constituyen, no puede sino tener benéficos efectos en las concepciones eclesiológicas, que, libres y liberadas de lógicas facciosas y de partido, devuelven a la Iglesia su verdadera identidad: presencia divina en el mundo.
Que la semana de oración por la unidad de los cristianos sea realmente un tiempo de redescubrimiento de la común pertenencia, también afectiva, al Jesús de la historia y al Cristo de la fe, que, en realidad, son el único Cristo Señor. Sólo tal conciencia podrá hacer a todos los cristianos capaces de ese impulso misionero del que tanta necesidad tienen hoy Europa y el mundo y de cuyo testimonio también las otras tradiciones religiosas se sentirán llamadas y edificadas. (Agencia Fides 18/1/2007; Líneas: 46 Palabras: 636)


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