VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - “TEO-LOGÍA: discurso lógico, según el Logos sobre Dios”

jueves, 21 septiembre 2006

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El “tiempo nuevo” del pensamiento cristiano, del que se ha hablado ya en otras ocasiones, inaugurado con la elección a la Sede de Pedro del Santo Padre Benedicto XVI, tiene un carácter particularmente interesante en el ámbito teológico. Desde diversas partes se han alzado y se alzan voces fuertemente críticas respecto a la teología contemporánea, frecuentemente más preocupada en auto-justificar la propia existencia que en dar razón de la fe en Jesús de Nazaret, Señor y Cristo. Una teología “intelectual”, es considerada como lejana y poco útil por el pueblo santo de Dios que, por el contrario, comprende a los Pastores que saben hablar al corazón, explicando con sencillez y claridad las verdades de la fe católica. Los mismos movimientos y nuevas comunidades, y todas aquellas “minorías creativas” que constituyen la verdadera posibilidad de una renovada evangelización y recuperación de las raíces cristianas de Europa, con frecuencia han mostrado una cierta desconfianza respecto de un “cierto pensamiento teológico”, reconociendo inmediatamente el riesgo de que “el discurso sobre Dios” se convierta en un prisionero de las modas y de las filosofías débiles del momento presente.
Ya que, en efecto, el pensamiento contemporáneo está impregnado de relativismo racionalista, el cual, siendo una contradicción en términos, sería ya suficiente para hacerlo reventar, y desde el momento que el único éxito posible de una tal aberrante posición filosófico-cultural, es la deriva nihilista, no se excluye que la teología misma pueda ser víctima de ese clima cultural.
La única posibilidad para la teología de recuperar el propio estatuto verdadero, para no ser reducida al rango de ciencia totalmente subjetiva por estar fundada sobre lo indemostrable, (y por tanto, la no ciencia), está en su imprescindible unión con el Logos, con la razón. Tal unión adquiere objetividad principalmente en dos maneras: la relación con la realidad, la recta comprensión y el recto uso de la razón.
En la relación con la realidad, de la que el hombre es el único punto de autoconciencia, emergen las fundamentales preguntas del yo, las preguntas sobre el significado de la propia existencia y sobre el destino último del sujeto y del cosmos. Sólo en relación con la realidad emerge aquel universal “sentido religioso” humano, considerado por demasiadas escuelas de pensamiento historicistas un mero desarrollo cultural pero que, por el contrario, resistiendo a todo reduccionismo, se representa a través de las épocas como realmente es: elemento constitutivo e imprescindible del sujeto humano. La teología, para ser auténtico servicio a la verdad y al hombre, debe medirse con el “sentido religioso”, con una “razón abierta”, con un hombre que es esencialmente “pregunta”, ventana abierta al Misterio. No puede, un verdadero discurso sobre Dios, adaptar al contemporáneo relativismo filosófico las propias categorías de pensamiento, ni siquiera para “decir Dios hoy”. Todavía menos puede, la teología, permanecer prisionera de un juego lingüístico, auto-referencial y privado de relación auténtica con la realidad, porque se reduciría a auto-ocuparse de sí misma, perdiendo todo anhelo misionero.
De la realidad forman parte los hechos y es un hecho la existencia histórica de Jesús de Nazaret, como son un hecho sus palabras: “Yo y el Padre somos una sola cosa”, “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre”, “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”: Frente a tales afirmaciones, ante el misterio, continuamente provocante, de la Encarnación del Logos, la teología, pensamiento sobre Dios, está llamada a aceptar continuamente el reto, a dar razón, partiendo de los hechos, de la esperanza que anima a los cristianos de todo tiempo. Un auténtico discurso sobre Dios tendrá que sacar a la luz como el sentido religioso humano universal, encuentra en el Logos encarnado la única respuesta completa. Una respuesta que escapa de todo mecanicismo de la necesidad porque está fundada sobre la libertad: la libertad de Dios en mostrarse Logos encarnado al hombre, la libertad del hombre que puede acoger que puede acoger o no la propia estructura ontológica y con ella el anuncio de salvación como cumplimiento pero, sobre todo, la extraordinaria y total libertad del Encuentro entre Cristo presente en la historia, en aquellos que son suyos, y el hombre de cada tiempo. En efecto “al inicio del ser cristiano está el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus Caritas est n. 1) (Agencia Fides 21/9/2006 Líneas: 54 Palabras: 758)


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