VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - “Tradición o traición”

jueves, 11 mayo 2006

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - “Tradición o traición”. Para impedir también en nuestros tiempos eso que Pablo VI definía como la “autodemolición de la Iglesia”, el Santo Padre, Benedicto XVI, ha iniciado la nueva serie de catequesis precisamente sobre el tema de la Iglesia. Se debe mirar a la Iglesia como a un misterio que se debe acoger; por eso está la Tradición Apostólica, es decir, la transmisión hasta nosotros de la verdad de Jesucristo sobre Dios y sobre el hombre que los Apóstoles recibieron y entregaron a sus sucesores. El ser enviados (en griego apostellein) implica la tarea de hacer discípulos a todos los pueblos mediante el bautismo y la transmisión de todo lo que el Señor ha enseñado, con la certeza de que Él está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 19-20). Según esta totalidad, la Iglesia es católica. Tal transmisión es un movimiento incesante. La Iglesia misma - que etimológicamente significa convocación de cada parte - es un movimiento: así lo dijo Juan Pablo II. Por eso no puede ser reducida a las épocas que ha atravesado. Cuando se comienza a elegir la Iglesia antigua mejor que la medieval o la moderna, un milenio en lugar de otro, o a preferir una verdad de fe o parte de ella contra otra, se pasa de la tradición a la traición. Para los Padres, precisamente esa elección (en griego airesis) era la herejía.
Así, en el campo ecuménico se ha idealizado la Iglesia del primer milenio o una nueva Iglesia; en el campo litúrgico se ha admirado la liturgia de los orígenes, como correspondiente a la eclesiología de comunión, que se ha convertido casi en una ideología. Se nos ha hecho perder tiempo poniendo un Papa contra otro, terminando por estar siempre “un Papa por detrás”. ¿Se ha olvidado ya cuántos, en el momento de su elección, calificaron a Juan Pablo II de tradicionalista? Sucede ahora con Benedicto XVI. A un año de su elección, los “intérpretes confusos” del Concilio Vaticano II o de la “discontinuidad” de la Iglesia, comenzaron a moverse “Contra Ratzinger” en nombre del “espíritu del Concilio”. La palabra al orden del día es: “No apagar el espíritu”. Todo se desarrolla a la sombra de comunidades ecuménicas donde parece que incluso algunos Obispos se inspiren mejor que en plaza San Pedro; bajo las alas de centros culturales o sociales que reducen al Cristianismo, como diría el historiador francés Alain Becançon “en el anquilosado entre religión humanitaria y religión democrática”. Decirse católico se considera anticuado, es mejor decir ecuménico.
¿Qué hacer? Es necesario proclamar sobre los tejados lo que se dice en el secreto. Es más que antes la hora del debate, de la discusión sincera sobre los argumentos, conscientes de que la Iglesia existía antes de nosotros y no que comienza con nosotros. En primer lugar, es necesario decir que el Magisterio es siempre del Papa y no de un Papa; de los Obispos en unión con él en la comunión de la palabra y de la liturgia y no de las entrevistas de uno sólo; que la Eucaristía es siempre apostólica, proveniente en su forma de los Apóstoles y ninguno la puede hacer más atrayente con su creatividad (cf. Encíclica Ecclesia de Eucaristia, cap. III); sobre todo, como dice Agustín, que los espacios de la caridad deben dilatarse como obra de su Iglesia, no sólo de una de sus organizaciones cualquiera.
Si tuviéramos la humildad de no sentirnos más grandes que los Apóstoles, si creyéramos en aquello que siempre, todos y en todas partes han creído, entonces la Tradición Apostólica continuará su carrera, especialmente hacia los jóvenes de todas las naciones: porque, como dice Balthasar, Jesucristo es católico ¿El pluralismo? En la Iglesia es obvio tanto como que los Apóstoles son Doce, pero no es un artículo de fe. Lo es en cambio la comunión: ser siempre un solo corazón y una sola alma. De esa manera, la Tradición Apostólica coincide con el Cristianismo: la obediencia es esa forma de enseñanza, afirmaba el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, a la que hemos sido entregados. (Agencia Fides 11/5/2006 Líneas: 49 Palabras: 708)


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