ÁFRICA/RUANDA - “Dejad atrás el ibyuma”: el llamamiento del obispo de Byumba a los jóvenes de Ruanda

jueves, 27 agosto 2026

Kigali (Agencia Fides) – “Jóvenes, en el nombre de Jesús, dejad atrás el ibyuma. Combatámoslo. Combatámoslo juntos”. Es el sentido llamamiento dirigido a los jóvenes ruandeses por Papias Musengamana, obispo de Byumba y responsable de la pastoral juvenil de la Conferencia Episcopal de Ruanda.

En kinyarwanda, “ibyuma” significa “acero”, pero en el lenguaje juvenil el término se utiliza ya para indicar productos alcohólicos ilícitos elaborados en casa y, por extensión, las sustancias estupefacientes. En la homilía de la Misa de clausura del Foro Nacional de los Jóvenes, celebrado en Byumba del 19 al 23 de agosto, Musengamana puso en guardia a los jóvenes frente a los mensajes engañosos transmitidos por las redes sociales y las vallas publicitarias. “Hay vallas publicitarias en las que está escrito: 'Es mi derecho'. Cada joven añade lo que quiere, diciendo: 'Es mi derecho. Consumir drogas es mi derecho, cometer inmoralidad sexual es mi derecho, comportarme como quiero es mi derecho'”.

El obispo dirigió después un llamamiento a las autoridades para que presten mayor atención a los mensajes dirigidos a los jóvenes a través de los medios de comunicación y la publicidad. El abuso del alcohol y las drogas y la inmoralidad sexual, según Musengamana, son también fruto de las fragilidades y los fracasos de las familias. “No debemos mirar el problema solo desde el punto de vista de quien consume drogas, sino también de quien las produce, de los padres que han descuidado sus deberes y, como Iglesia, debemos ver qué podemos hacer para ayudarlos”, afirmó el obispo.

Según informa ACI Africa, Musengamana había visitado anteriormente el centro de rehabilitación para jóvenes de Nyagatare. Al describir su visita, el obispo se interrogó sobre las dificultades a las que se enfrentan los jóvenes acogidos en las instalaciones. “Cuando consideramos los desafíos a los que se enfrentan los jóvenes, comenzando por aquellos que hemos encontrado, hablamos de ser testigos de esperanza; ¿cómo se puede tener esperanza a los 14 años, en la plenitud de la propia vida, para después pasar 15 años en un centro de rehabilitación?”.

Otro drama afecta a los hijos de las jóvenes toxicómanas acogidas en los centros. “El valor de un recién nacido supera con creces los errores cometidos por su madre; es mejor evitar que pase 15 años en un centro de rehabilitación junto a una madre que ha cometido errores. Sobre este punto, pido con fuerza que se trabaje para defender a estos niños y comprender qué se debería hacer”, sostuvo el obispo de Byumba.

Las cifras muestran la dimensión del problema. Según Fred Mufurukye, director del National Rehabilitation Service (NRS), en junio de 2025 los cuatro centros de rehabilitación de Ruanda acogían a 6.215 personas dependientes de diferentes tipos de drogas, además de 2.721 personas con una dependencia del alcohol que no les permitía realizar otras actividades.

Mufurukye informó además de que 521 estudiantes fueron expulsados de la escuela por embriaguez, mientras que 776 abandonaron sus estudios a causa del consumo de drogas. Otras 861 personas perdieron su trabajo debido al abuso del alcohol y 846 ya no pueden trabajar a causa de la drogadicción. Las consecuencias también repercuten en las familias: 243 parejas se separaron a causa de las drogas, mientras que 159 familias se disgregaron debido al abuso del alcohol.

Ruanda desempeña un papel marginal en los mercados mundiales de la droga, pero está emergiendo como un punto de tránsito terrestre para la heroína procedente de Kenia y Tanzania y, sobre todo, para el cannabis. Introducido de contrabando desde la República Democrática del Congo, Uganda o Tanzania, este último es la sustancia psicotrópica más utilizada por los jóvenes ruandeses.

También a la luz de estos datos resuena el llamamiento de Musengamana: “Combatámoslo. Combatámoslo juntos”. Un desafío que, en palabras del obispo, no afecta s”lamente a quienes consumen drogas, sino que interpela a las familias, las instituciones y la Iglesia, llamadas conjuntamente a devolver a los jóvenes una perspectiva de esperanza.
(L.M.) (Agencia Fides 27/8/2026)


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