“Como el barro en manos del alfarero”. Inicia el trabajo de la Positio en la Causa de canonización de padre Emiliano Tardif

miércoles, 20 mayo 2026 misión   institutos misioneros   misioneros   movimientos eclesiales  

de Javier Trapero

El P. Emiliano Tardif (1928 - 1999), sacerdote canadiense de la Congregación de los Misionero del Sagrado Corazón (MSC) y un conocido predicador del Movimiento Carismático Católico. Comenzó su labor misionera en la República Dominicana poco después de ser ordenado sacerdote en Canadá. Tras años de trabajo intenso cayó gravemente enfermo. Una tuberculosis pulmonar le obligó a volver a su país de origen donde ingresó en el hospital con un diagnóstico poco esperanzador. Debía estar hospitalizado, al menos, un año para su recuperación. Todo está muy bien contado en la película basada en su vida que se estrenó en España el 8 de mayo: ‘Día 8. El soplo del espíritu’.

Emiliano era un misionero convencido de que su labor debía estar con las personas más desfavorecidas, con aquellas que necesitaban el amor compasivo de Jesús. El P. Joaquín Herrera, msc, postulador de la causa, explica que hubo dos circunstancias clave en el carácter misionero del P. Tardif. En primer lugar, la vivencia familiar. Sus padres eran profundamente religiosos y su padre especialmente generoso. Él decía de su padre que tenía el don de la pobreza. En segundo lugar, el carisma de los Misioneros del Sagrado Corazón, que llevan por todo el mundo el mensaje de Jesús, que nos ama con un amor cercano, tierno, compasivo, misericordioso, fuerte y constante.

Durante el periodo de su hospitalización se produjo un episodio que marcó profundamente su vida. Un grupo del Movimiento Carismático Católico se ofreció a orar por él para su sanación. Aunque su experiencia no había sido muy positiva con ellos en las parroquias donde había servido, el padre Emiliano aceptó. Afirmó que, a medida que oraban por él, sintió un calor en el pecho y empezó a mejorar. Días después, los médicos no se explicaban cómo, pero aseguraban que la tuberculosis había desaparecido.

“Su curación -cuenta el P. Joaquín- lo convirtió en un hombre de oración. La verdad es que pienso que también Dios me está llamando a ser más hombre de oración. Quien trabaja con miel, algo se le pega. Espero que se me pegue también. Yo creo que me siento llamado a rezar este trabajo, a interiorizarlo. Como cuando te invitan a predicar un retiro. Lo haces pensando en cómo llevar el Evangelio a aquellos a quienes vas a hablar, pero te das cuenta de que eso también es para ti. En la medida en que trabajas para darte, el Señor te dice que eso es para ti también”.

Emiliano Tardif, al regresar a República Dominicana, repartió su tiempo entre el ministerio parroquial y la predicación, pero poco después solicitó a sus superiores dedicar su labor a la llamada que el Señor le hacía a predicar un Cristo vivo. El P. Joaquín lo explica así: “Unió la Espiritualidad del Corazón, propia de los MSC, con el ardor misionero de la Nueva Evangelización. Hizo de la devoción al Sagrado Corazón el centro de su vida espiritual y anunció el Evangelio del amor misericordioso presentando a Jesús vivo, empeñado en hacer saber a los pobres de este mundo que Dios los quiere, de modo particular a los enfermos. Siempre estaba disponible, con la confianza puesta en Dios, que es amor”.

El padre Joaquín cuenta una anécdota muy particular que le sucedió con él. En una conversación el P. Tardif le decía que ellos eran como burros, que llevan grandes cargas para servir a los demás. Nunca se imaginó que aquellas palabras quedarían grabadas en su memoria y que, años después, escribiría el libro ‘Soy el burro de Jesús’.

El P. Herrera lo conoció antes de la curación, pero sobre todo después, ya con la idea de anunciar ese Jesús vivo y cultivar el don de la sanación. En su relato emerge con fuerza la transformación interior: “Vi otro Emiliano. Un Emiliano que seguía siendo muy MSC, pero ahora totalmente abierto al Espíritu Santo, que le llevó por caminos que ni él se imaginaba. Como persona siguió siendo él mismo, con su disponibilidad, su actitud de trabajo, eso sí, cuidándose más la salud, muy humilde y alegre. Tras la curación le vi con más apertura, con más sentido de ver el amor de Dios. Con un mayor convencimiento en las palabras de Jesús, «el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún» (Jn 14,12), esto concretado en el ministerio de sanación. Se le notó un cambio de vitalidad de espíritu, con más fuerza, entregado a su nueva misión”.

Se presentaba de una manera sencilla. Sin darse importancia por su estudios o títulos. Hablaba de la experiencia de Jesús vivo que actúa ahora, que es un Jesús que ama. Sentía que le había elegido a él para eso. Era el mismo cuando trataba a una persona humilde en la República Dominicana, como cuando trataba con la reina Fabiola en Bélgica. No hacía distinción de personas. Muchas veces a sus encuentros iban personas muy notables. De hecho, cuando falleció, el presidente de República Dominicana decretó un día de luto en el país. No fue sólo una manifestación del pueblo, de las personas humildes a las que ayudó y por las que se hizo misionero, sino también a más alto nivel social, reconocido por su labor.

En esta perspectiva se inscribe también el trabajo actualmente iniciado sobre la Positio. “Afronto el trabajo de la Positio como una de las ‘trampas’ de Dios –explica de modo jocoso el P. Joaquín Herrera-. Acabo de dejar una labor importante en Roma para la Congregación, debía volver como misionero a Centroamérica, donde he estado durante décadas, pero decidí volver a España y, ahora que me encuentro con mucho tiempo para dedicar a labores más ‘intelectuales’, se inicia la fase de redacción de la Positio de la causa de Emiliano Tardif. Labor que ya desarrollé con los Beatos Mártires de El Quiche en Guatemala. Lo voy a hacer con ilusión, sé que me va a costar mucho, pero Dios dirá. Espero tener salud para terminar el trabajo. Quizás pueda entregar la Positio terminada en un año y medio”.

Y continúa: “Simplemente con el encargo y a la espera de los 12 tomos de información de la fase diocesana, ya estoy sintiendo el don de la oración, la necesidad de orar. Lo que me depara este proceso no sé, el Espíritu Santo lo irá iluminando. El texto de la estampa de mi ordenación decía: «Mirad que, como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano» (Jeremías 18,6).

Concluye: “Es una de las cosas que he vuelto a descubrir en Emiliano, al menos a tomar conciencia, que también supo desprenderse de muchas cosas para realizar lo que Dios le había encomendado, anunciar a Jesús vivo y sanar a personas con muchas dificultades”.
(Agencia Fides 20/5/2026)


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