LG
Por Luigi Galvani*
Kupang (Agencia Fides) – Entre los muchos sueños que habitan el corazón de un misionero, algunos hablan de conversiones, vocaciones u obras de caridad… y otros son más sencillos y cotidianos, impregnados del aroma de lo diario. Pero incluso estos últimos pueden convertirse en signos tangibles del amor de Dios. Cuando los camilos llegaron a Indonesia hace dieciséis años, su meta era clara: servir a enfermos y pobres siguiendo el espíritu de San Camilo de Lelis. Con el paso del tiempo, surgieron numerosas iniciativas tanto en el ámbito educativo -acompañando a cientos de jóvenes- como en el social, apoyando a familias en dificultad y ayudando a decenas de personas con trastornos mentales.
Pero junto a estas obras fundamentales, nacieron también tres proyectos “originales”, quizás inesperados, pero cargados de significado: el agua San Camilo, el helado San Camilo y la pizza San Camilo.
Han sido necesarios casi dieciséis años para que estas iniciativas se hicieran realidad. No surgieron de un plan económico ni de una estrategia comercial, sino del sencillo deseo de llevar un toque de “Italia” a los niños, pobres, enfermos y amigos de la misión: un signo de fiesta, un momento de alegría compartida.
El agua mineral San Camilo, llamada afectuosamente “agua santa” por su pureza y calidad, comenzó a distribuirse hace diez años en el Centro Social San Camilo de Maumere. Ofrecer agua potable segura y controlada es un servicio a la salud. Muchos pobres la reciben de manera gratuita, especialmente en momentos de dificultad.
Luego llegó el helado San Camilo. ¿Quién hubiera pensado que en la remota isla de Flores se podría abrir una pequeña heladería al estilo italiano? Sin embargo, ver los ojos de los niños iluminarse ante un cono de helado es más elocuente que cualquier palabra. Este proyecto no busca generar ganancias, sino sonrisas. Cada vez que un niño prueba un helado “de verdad”, elaborado con cuidado, se experimenta la evangelización: hacer sentirse amados, considerados y dignos de una fiesta.
Finalmente, la iniciativa más reciente: la pizza San Camilo. Otro pequeño símbolo de Italia que se acerca a la gente. Preparar una pizza con sencillez y compartirla con jóvenes, familias y enfermos se convierte en una ocasión de encuentro, fraternidad y diálogo.
El núcleo de estas tres iniciativas no es el beneficio económico, sino la alegría: el deseo de crear espacios de serenidad, dignidad y normalidad en contextos donde la vida a menudo es difícil. En definitiva, también esto es misión: no solo construir estructuras o lanzar programas, sino sembrar pequeños gestos de belleza. Un vaso de agua fresca. Un helado compartido. Una pizza disfrutada en compañía. Son sueños sencillos. Pero en cada sonrisa se vive el Evangelio. Y tras dieciséis años, se puede afirmar que estos gestos humildes se han convertido en caricias concretas para muchos niños, pobres y enfermos de Indonesia.
(Agencia Fides 28/2/2026)
*Misionero Camiliano, Kupang, isla de Timor
LG