ASIA/MYANMAR - El cardenal Bo: “En el Myanmar devastado por la guerra y abandonado por el mundo aún hay esperanza”

jueves, 12 febrero 2026

Yangon (Agencia Fides) – «En el drama colectivo marcado por la inseguridad y la incertidumbre sobre el futuro, todavía es posible mantener la esperanza en Myanmar, incluso en medio del conflicto, la pobreza y el doloroso sentimiento de abandono internacional. Pero esta esperanza no es un optimismo ingenuo: es una esperanza cristiana nacida de la Cruz y de la Resurrección. La esperanza en Myanmar hoy es una esperanza crucificada y, sin embargo, no está muerta». Así lo afirma el arzobispo de Yangon, el cardenal Charles Maung Bo, en un mensaje enviado a la Agencia Fides, en el que describe la situación del país cinco años después del golpe de Estado.
«Ante todo –señala– nuestra esperanza está puesta en Dios, no en las circunstancias. El pueblo de Myanmar ha perdido muchas seguridades, la paz, los medios de subsistencia, la estabilidad e incluso la atención internacional, pero no ha perdido la presencia de Dios. Como recuerdan los Salmos, “El Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado”. En las aldeas vaciadas por la guerra, en los campos de desplazados internos, entre las lágrimas silenciosas de las madres y la perseverancia de catequistas y religiosos, Dios sigue caminando con su pueblo».
«En segundo lugar –explica el cardenal– los mismos pobres se han convertido en signos de esperanza. En Myanmar, los pobres continúan compartiendo lo poco que tienen; las familias siguen rezando juntas; los jóvenes continúan realizando voluntariado, sirviendo y soñando con un futuro mejor. La Iglesia permanece cercana a quienes sufren, a través de la educación, la asistencia sanitaria, la ayuda humanitaria y la mediación silenciosa. No son signos espectaculares, sino signos del Evangelio, como el grano de mostaza».
En un tercer punto, el cardenal Bo subraya que «la fidelidad de la Iglesia es en sí misma esperanza. Cuando la Iglesia rechaza el odio, repudia la violencia y continúa hablando el lenguaje de la reconciliación y de la dignidad humana, se convierte en un sacramento de esperanza. Incluso cuando el mundo parece indiferente, la Iglesia en Myanmar sigue creyendo que la violencia no tendrá la última palabra».
Asimismo, señala que, aunque pueda parecer que existe indiferencia por parte de la comunidad internacional, «eso no significa abandono por parte de Dios, que a menudo actúa en los lugares olvidados. Myanmar puede sentirse descuidado, pero no está olvidado en el plan de Dios. La sangre de los inocentes, las oraciones de quienes sufren y la resiliencia de los fieles no son en vano».
El arzobispo de Yangon añade que «la esperanza en Myanmar es un deber moral. Perder la esperanza significaría abandonar el futuro a la violencia y a la desesperación. La esperanza cristiana nos da la fuerza para resistir la injusticia de forma no violenta, proteger la vida, educar a los niños incluso en el exilio y preparar el terreno para la reconciliación, mucho antes de que se firmen acuerdos de paz». «Myanmar tiene esperanza –afirma– no porque la situación sea fácil, sino porque Dios es fiel. Y mientras haya personas que recen, perdonen, sirvan y se nieguen a odiar, la esperanza seguirá viva en Myanmar».
En el contexto de la violencia generalizada, el sufrimiento y el desplazamiento forzado, el cardenal Bo destaca que «las comunidades continúan cuidándose mutuamente y los líderes religiosos, en particular cristianos, budistas y musulmanes, siguen alzando la voz a favor de la paz».
Las comunidades cristianas en Myanmar, tanto católicas como protestantes, apoyadas por organismos ecuménicos, dice para concluir el purpurado, «están comprometidas en el esfuerzo por construir paz y reconciliación en distintos niveles». Sus responsables continúan difundiendo llamamientos para el fin de la violencia e invitan a la población a abrazar la reconciliación y el perdón. En todo el país, las Iglesias organizan encuentros de oración interreligiosa por la paz, iniciativas que «promueven y refuerzan un marco de convivencia».
(PA) (Agencia Fides 12/2/2026)


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