VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Ecología, fe y ateísmo

jueves, 17 julio 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Ha sido una verdadera sorpresa para la opinión pública y para los diversos medios el que las primeras palabras del Santo Padre en su viaje a Sydney, con ocasión de la JMJ 2008, hayan sido dirigidas al tema de la salvaguardia de la creación. En realidad, es siempre prudente leer por entero los Discursos Papales, sin dar jamás por descontado que el “centro temático”, identificado por el periodista de turno, sea el verdadero corazón del mensaje que se intentaba transmitir.
Sin embargo, no es algo que deba maravillar el interés de la Iglesia, y de su Cabeza visible, por la salvaguardia de la Creación y la promoción de todas aquellas iniciativas que van, para tal fin, en la dirección correcta. Los cristianos creen en Dios “Creador y Señor del Cielo y de la Tierra, de todas las cosas visibles e invisibles”. En la plena conciencia de que el hombre “no ha creado el mundo” y “no se ha creado ni se crea a sí mismo”, sería inconcebible una actitud diferente en relación a la Obra que Dios ha puesto en las manos de la más alta de sus criaturas.
El desastre ecológico hacia el cual se está caminando, y que pide medidas urgentes, es fruto de una concepción del mundo antropocéntrica, que ve sólo al hombre como centro, y que ha excluido, o quiere excluir a Dios del horizonte de significado de todo. Ciertamente la modernidad, con todos sus elementos, teóricos o no, con la secularización y con “cierta interpretación” del cristianismo, ha tenido y tiene un rol propio: la superación, debida a la tecnología, de toda “fatiga cósmica”, que imponía al hombre una relación física con la tierra para poder sobrevivir y, por ello, una relación “justamente obligada” con la realidad no es irrelevante en dicho contexto. La inimaginable facilidad de cambio y la inmediatez de las comunicaciones, están progresivamente y constantemente rediseñando, no sólo la concepción del tiempo y del espacio, sino la misma antropología humana.
En dicho contexto, el tema de la ecología sigue siendo uno de los ámbitos en los cuales, con mayor evidencia, se ve cómo el hombre quiere eliminar a Dios, para simultáneamente destruirse a sí mismo.
El ateismo tiene un rol que no es irrelevante en relación a la situación ecológica contemporánea. No tanto el ateísmo teórico que, paradójicamente, no reconociendo a Dios, ha elaborado una concepción neopagana y casi sagrada de la tierra, como forma de “verdadero ateísmo práctico”, según el cual se vive “como si Dios no existiese”, como si no fue Él el Creador del Cosmos y, sobretodo, como si cada hombre fuese el centro del tiempo y del espacio, casi un ser inmortal, y por ello irresponsable en relación a los demás hombres y “al lugar de su morada”.
Es urgente, también en este ámbito, recuperar una sana Teología de la Creación, en el contexto de una también sana Antropología Cristiana, evitando prudentemente, por el lado cristiano, dos extremos opuestos e igualmente nocivos: por un lado la absoluta distancia o indiferencia frente al tema de la justa salvaguardia de la Creación, y por otro el excesivo peso dado al ecologismo, que excluye al Autor de la Creación y, con un “naturalismo” totalmente extraño a la concepción cristiana del mundo, lleva consigo posiciones totalmente inaceptables desde el punto de vista moral, sobretodo sobre los temas del inicio y el fin de la vida.
También en la predicación y en la catequesis es urgente recuperar, con convicción y competencia, el tema de la Creación, frente al cual no se debe tolerar la ingenuidad de muchos cristianos, que se encuentran totalmente desorientados frente a las objeciones más elementales del darwinismo o de la teoría del Big Bang. “La catequesis sobre la creación es de capital importancia. Concierne a los fundamentos mismos de la vida humana y cristiana: en efecto, explicita la respuesta de la fe cristiana a los interrogantes fundamentales que los hombres de todo tiempo se han planteado: “¿De dónde venimos?” “¿Cuál es nuestro origen?” “¿Cuál es nuestro fin?” “¿De dónde viene y a dónde va todo lo que existe?”. Las dos cuestiones, la del origen y la del fin, son inseparables. Son decisivas para el sentido y la orientación de nuestra vida y de nuestro actuar” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 282). (Agencia Fides 17/7/2008)


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