VATICANO - AVE MARIA por Mons. Luciano Alimandi - Solo Dios nos puede salvar

miércoles, 18 junio 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides)- “Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?” (Mt 6, 26-30).
Las palabras de Jesús, a lo largo de los siglos, llegan a nuestros tiempos con una actualidad y atractiva irresistible para quien tiene el corazón abierto a Su Verdad. Cuántas veces vemos las aves en el cielo, vemos las flores del campo y quedamos sorprendidos de la belleza de sus colores, de los precisos detalles de sus formas, “estudiadas” en sus mínimos particulares. Y a veces, tan distraídos que vamos, no pensamos que aquellos colores, aquellas formas originales, aquella vida en miniatura que está frente a nosotros, es una de las potentes enseñanzas, que la creación nos ofrece sobre su Creador que también es el nuestro: ¡Dios cuida de cada uno de nosotros!
Jesús lo recuerda y hace una invitación personal: “Mirad como vuestro Padre celeste nutre las aves y viste la hierba del campo”. Se tomásemos seriamente estas palabras, bastaría observar un ave que toma una migaja de pan, para concluir: también esta migaja de pan la ha “calculado” la Divina Providencia, y si el infinito Dios también ha pensado en la migaja, entonces ¿qué no hará por mí, que soy llamado a vivir eternamente por Él y con Él?
Se Dios ha querido tan bellos colores para la flor, ¿con cuánta más belleza sobrenatural adornará un alma que confía en Él, que vive de Su gracia? La Sagrada Escritura nos revela claramente que el origen de todos los males del hombre está en el hecho que él ha querido prescindir de Dios, ha querido ignorar que todo el universo se sostiene gracias a la Divina Providencia. El orgullo del hombre ha crecido al punto que pretende sustituir a Dios, en ámbitos como la bioética, cuando no se respeta las leyes del Creador: “los progresos de la ciencia y de la técnica en el ámbito de la bioética se transforman en amenazas cuando el hombre pierde el sentido de sus límites y, en la práctica, pretende ponerse en el lugar de Dios Creador” (Benedicto XVI, Discurso del 13 de mayo del 2006).
La creación, sin embargo, no puede seguir al hombre en su abierta rebelión a la obra de Dios y continúa sirviendo al Creador. Por esto los santos, como Francisco de Asís, tenían un profundo respeto por lo creado, por los animales, por los elementos de la naturaleza, como el fuego y el agua. En todo ellos alababan a Dios y agradecían por su fidelidad, opuesta a la infidelidad que los hombres habían sembrado por todas partes.
Al hombre que ofende al Creador, la naturaleza responde continuamente con un ejemplo de fidelidad a las leyes que Dios ha dado. A veces parece que la naturaleza se rebela, ciertamente no ante Dios, sino ante el hombre que se ha rebelado al Señor.
Entonces el hombre se siente impotente, no puede dominar mas es dominado por violentas fuerzas naturales que van contra de él. Cuantos ejemplos a lo largo de la historia de la Iglesia testimonian que solo gracias a la ayuda de Dios se ha evitado una tragedia: como cuando la lava de un volcán se detuvo a los pies de una ciudad o una tormenta se calmó antes que fuera demasiado tarde. En todos estos casos “milagrosos”, se realizaba la palabra del salmo “Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra.” (sal 123,8), pronunciada por los humildes de Dios que han recurrido con fe a Él.
El Santo Padre Benedicto XVI, en su reciente visita pastoral a Santa María de Leuca y Brindisi, invitó a toda la Iglesia a recurrir con confianza a la Virgen para que el mundo entero sea defendido “de las tormentas que amenazan la fe y los verdaderos valores”: “Desde este pedazo de Europa a orilla del Mediterráneo, entre Oriente y Occidente, nos dirigimos una vez más a María, Madre que nos “muestra el camino” –Odigitria- donándonos a Jesús, camino de la paz. La invocamos con todos los títulos con los que es venerada en los Santuarios de Puglia, y en particular aquí, este antiguo puerto, le pedimos que sea “puerto de salvación” para cada hombre y por toda la humanida. Que su maternal protección defienda siempre vuestra ciudad y región, Italia, Europa y el mundo entero de las tormentas que amenazan la fe y los verdaderos valores; que permita a las jóvenes generaciones asumir los desafíos sin miedo, para afrontar con cristiana esperanza el viaje de la vida. ¡María, puerto de salvación, ora por nosotros!” (Benedicto XVI, Ángelus del 15 de junio del 2008) (Agencia Fides 18/6/2008; 54 líneas, 874 palabras)


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