VATICANO - AVE MARIA de Mons. Luciano Alimandi - ¡Sólo ama verdaderamente quién se olvida de si mismo!

miércoles, 23 enero 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - "¡Preparad el camino al Señor que viene!" El llamamiento de San Juan Bautista resuena siempre a lo largo de la historia y es válido para toda persona que quiera abrir su corazón a Dios. Si creemos realmente en Él, entonces es necesario preparar el camino cada día, abriendo de par en par las puertas de la propia existencia a Jesús.
La vida del Precursor y de los Apóstoles nos enseña que el hombre se abre a Cristo cuando comienza a amar realmente a Dios y al prójimo, cuando sale de si mismo abandonando la jaula psicológica del propio "yo". El hombre libre, porque ha sido liberado por Cristo, sólo tendrá un deseo en el corazón: consagrarse, sin reservas, a Dios y a los hermanos.
San Juan nos reprocha en sus cartas que “Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano" (1Jn 4, 20-21). Así, parafraseando, podríamos decir que si queremos amar más a Dios, debemos amar más al prójimo y viceversa.
Los Santos, con su testimonio, nos enseñan claramente que estas dos direcciones del amor son inseparables y que la intensidad del amor a Dios es directamente proporcional a la del amor al prójimo. Jesús dice claramente en el Evangelio, que el mandamiento del amor a Dios y a el del amor al prójimo son inseparables.
San Bernardo y otros Santos, han hablado de la extrema importancia de "amar a Dios por Dios". Santa Teresa del Niño Jesús lo dice de modo explícito, hablando del amor como servicio: "muchos sirven a Jesús cuándo reciben consuelos, pero pocos están dispuestos a estar junto a Jesús que duerme en medio de las olas o que sufre en el huerto de la agonía. ¿Quién estará pues dispuesto a servir a Jesús solo por Jesús?” San Pablo nos habla de este amor puro en el insuperable Himno a la Caridad: "… la caridad es paciente, es benigna la caridad; no es envidiosa la caridad, no se jacta, no se hincha, no falta al respeto, no busca su propio interés” (1 Cor 13, 4-5). Podemos decir que solamente se tiene caridad cuando se ama desinteresadamente, esto es, se ama olvidándose uno a si mismo, olvidando su propio beneficio.
Quien quiera practicar la caridad no debe preguntarse: ¿qué gano con amar a esa persona? ¿Qué provecho sacaré de este o aquel servicio? El amor puro se difunde por si mismo sin hacer cálculos. Es como la mujer pecadora que, en la casa de Simón el fariseo, se inclina a los pies de Jesús y los unge con perfume valioso. Y el Señor da a todos una lección formidable sobre el amor desinteresado: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» (Lc 7, 44-47).
En otras palabras: ¡Simón pensó en si mismo, incluso habiendo invitado a Jesús, mientras que esa mujer sólo pensó en Jesús, porque se olvidó de si y de esta manera ¡fue capaz de practicar la caridad!
La caridad es el verdadero amor y he aquí porque todo lo que es auténtico gira en torno a la misma. También la fe es auténtica sólo si se ama desinteresadamente, de otro modo será una fe debilitada por el amor propio. Uno de los descubrimientos decisivos en el camino de la conversión personal es precisamente la que atañe a la caridad. Sólo decidiéndose uno a olvidarse de si mismo se puede acceder al verdadero amor a Dios y a los hermanos, de otra manera uno se hace prisionero de su propio egoísmo, del cálculo y pide cuentas.
El Señor quiere que tratemos con Él y con el prójimo sin una lógica de provecho, sin un interés personal. Sólo quién se olvida de si mismo ama verdaderamente. Este amor resplandece en toda la existencia de la Virgen. El Santo Padre Benedicto XVI usa una expresión fuerte cuando, hablando de Maria, dice que: "Ella está, por así decir, totalmente expropiada de si misma; se ha dado completamente a Cristo y con Él se da como don a todos nosotros." (Benedicto XVI, homilía del 8 de diciembre 2005). Sí, Maria se ha olvidado a si misma, siempre y totalmente, y por ello Jesús tuvo un puesto en Ella y "con Él - nos dice el Papa - se nos da como don a todos nosotros". (Agencia Fides 23/1/2008; Líneas. 54 Palabras: 847)


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