Archdiocese of Lahore
por Paolo Affatato
Lahore (Agencia Fides) – En Pakistán, el diálogo interreligioso «no es una opción, sino una necesidad». Sobre esta convicción se fundamenta el ministerio pastoral del arzobispo de Lahore, Khalil Rehmat OFM Cap., fraile capuchino llamado a dirigir una de las comunidades católicas más antiguas y significativas del país. Nombrado arzobispo metropolitano de Lahore por el Papa el 10 de marzo de 2026, Rehmat recibió el palio de manos del Pontífice el pasado 29 de junio, durante la celebración en la Basílica de San Pedro en la que fue impuesto este signo litúrgico a 35 nuevos arzobispos nombrados a lo largo del último año. En el año en que se conmemora el octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís (1226-2026), proclamado por el Papa León XIV como «Año Jubilar Franciscano» (10 de enero de 2026-10 de enero de 2027), celebrado en Pakistán con gran devoción y también mediante encuentros interreligiosos, monseñor Rehmat da una clave de lectura, en una entrevista concedida a la Agencia Fides, sobre el carisma del santo de Asís como una brújula capaz de orientar la misión de la Iglesia en Pakistán ante los desafíos cotidianos, el cuidado de la creación, el testimonio del Evangelio y la construcción de la paz.
La arquidiócesis de Lahore, considerada la «diócesis madre» del Punjab, reúne a más de medio millón de católicos en una metrópoli de unos 33 millones de habitantes, de amplia mayoría musulmana. La presencia cristiana hunde allí sus raíces en las misiones jesuitas del siglo XVI y, posteriormente, desde finales del siglo XIX, quedó profundamente marcada por la labor de los Frailes Menores Capuchinos, a quienes fue confiada la diócesis en 1888. Hoy, la arquidiócesis está dirigida precisamente por un capuchino pakistaní, signo de la madurez alcanzada por la Iglesia local.
Según Rehmat, la espiritualidad franciscana conserva una sorprendente actualidad y constituye un patrimonio común para todos los bautizados. «La espiritualidad de san Francisco sigue siendo una fuente de inspiración para todos, no solo para los miembros de la familia franciscana, sacerdotes y religiosas, sino para todos los fieles», afirma. El santo de Asís –subraya- comprendió hace ya ocho siglos la fraternidad que une a los seres humanos entre sí y con toda la creación. «Invitaba a la humanidad a considerar el universo como nuestra “casa común” y a reconocer en cada persona y en cada criatura a un hermano y una hermana. Desde su sencillez y con un corazón conforme al de Dios, san Francisco mostró a la humanidad el camino para evitar tanto la crisis de las relaciones humanas, hoy profundamente marcadas por la guerra y la violencia, como la crisis ecológica».
La herencia franciscana se entrelaza con el magisterio pontificio sobre el cuidado de la creación. «El Papa León, y antes que él el Papa Francisco con la encíclica Laudato si', subrayan claramente que la Madre Tierra es nuestra casa común y que debemos cuidarla. No somos dueños de la tierra ni de sus recursos; somos administradores. Y, con espíritu de responsabilidad y de compartir, estamos llamados a garantizar la vida de las generaciones futuras», afirma el arzobispo.
Sin embargo, es en el ámbito de las relaciones entre las comunidades religiosas donde el testimonio franciscano adquiere un valor especialmente concreto y decisivo en Pakistán. «El diálogo interreligioso no es una opción para nosotros. Es una necesidad; forma parte de nuestra propia realidad», explica, evocando el ejemplo de san Francisco, que visitó y dialogó con el sultán. En un país donde los cristianos constituyen una pequeña minoría, «construir relaciones de confianza cotidianas con la mayoría musulmana significa contribuir a la convivencia de toda la sociedad», comenta.
«Pakistán es un país hermoso. Amamos sus paisajes, su cultura, su gastronomía y a su gente, y recibimos muchas bendiciones de nuestra querida patria. Pero también existen crisis y dificultades», reconoce el fraile. Por ello –añade- «toda la Conferencia Episcopal y las comunidades franciscanas están realizando una labor extraordinaria para promover la armonía social, la paz y la fraternidad». Ese compromiso continúa gracias también al legado de figuras como el capuchino padre Francis Nadeem OFM Cap., referente del diálogo interreligioso fallecido en 2020, cuya misión continúa hoy el padre Nakash Azam, director diocesano para el diálogo interreligioso.
Las dificultades siguen siendo numerosas en el contexto social pakistaní. Los cristianos continúan padeciendo situaciones de discriminación social y económica, permanecen expuestos a los abusos derivados de la legislación sobre la blasfemia y a los matrimonios y conversiones forzados, que afectan especialmente a las jóvenes pertenecientes a las minorías religiosas. A ello se suman la pobreza, el analfabetismo y la necesidad de mantener elevadas medidas de seguridad en torno a las iglesias y a los barrios cristianos.
Ante estos desafíos, monseñor Rehmat apuesta por el camino de la colaboración con las instituciones y con todas las personas de buena voluntad. «Reconocemos que existen problemas, como el secuestro de jóvenes cristianas obligadas a casarse con hombres musulmanes o los episodios de violencia contra los cristianos. Pero las instituciones del país, los responsables políticos, las organizaciones sociales, los líderes religiosos musulmanes y muchas personas de buena voluntad son conscientes de estos desafíos, nos apoyan y creen en la justicia. Por eso trabajamos en estrecha colaboración con los líderes musulmanes, que son nuestros hermanos, y con las instituciones del Estado. Esta es nuestra patria, este es nuestro país. Creemos que, afrontando juntos estos problemas, las cosas podrán mejorar gradualmente gracias a un espíritu de colaboración orientado al bien común».
A pesar de las dificultades, lo que más impresiona al pastor de Lahore, que llegó a la ciudad del Punjab tras sus primeros años de ministerio episcopal en el Vicariato Apostólico de Quetta, es la vitalidad de la comunidad católica. «La fe aquí es viva y muy fuerte. Pero quisiera destacar que no existe en Pakistán una Iglesia que no sea joven. Somos una comunidad vibrante, sobre la que el Señor derrama con generosidad sus dones», afirma. Los jóvenes menores de 30 años representan alrededor del 60 % de la población pakistaní y, según los obispos del país, constituyen también aproximadamente el 60 % de la comunidad cristiana. En las diócesis pakistaníes -recuerda el arzobispo- participan activamente «en la liturgia y la animación de las celebraciones, en los grupos bíblicos y de oración, en las actividades de Cáritas y del voluntariado, en los programas de diálogo interreligioso y en los movimientos juveniles diocesanos y nacionales». «La presencia de niños, adolescentes y familias jóvenes es uno de los signos más evidentes de la vitalidad de la Iglesia en Pakistán y constituye la principal fuente de nuestra esperanza para el futuro», destaca.
En una tierra donde los cristianos son una pequeña comunidad –prosigue-, el testimonio de la Iglesia de Lahore continúa expresándose a través del servicio, el diálogo y la fraternidad. En el espíritu de san Francisco, insiste el arzobispo, «la paz nace de la convicción de que toda persona es un hermano o una hermana y de que nuestra tierra pertenece a todos». Animada por ese espíritu de anunciar y vivir la paz, la Iglesia sigue sirviendo a la sociedad mediante escuelas, universidades, centros sanitarios, programas de formación profesional e iniciativas humanitarias de Cáritas, que benefician a ciudadanos de todas las confesiones religiosas. «La educación -recuerda el arzobispo- sigue siendo el instrumento más eficaz para romper el círculo de la pobreza y la marginación».
Al contemplar su ministerio episcopal, iniciado en la diócesis de Quetta y continuado ahora en Lahore, el arzobispo confía su misión a Dios con el espíritu del Magnificat. «Quiero dar gracias a Dios, como hace María en el Magnificat, por todo el bien que ha realizado en mí y en toda la comunidad. El Señor ha hecho obras grandes por nosotros y santo es su nombre».
Y concluye: «Pondré todo mi empeño en servir a la arquidiócesis de Lahore con todo el corazón, en comunión colegial con los demás obispos y en obediencia al Papa. Estoy aquí para cuidar la fe del pueblo de Dios. Mi prioridad es la atención pastoral de los fieles: celebrar para ellos y con ellos los sacramentos, alimentar la esperanza, fortalecer la caridad y animar a mis sacerdotes a trabajar en unidad».
(Agencia Fides 9/7/2026)