facebook - Conferencia Episcopal Panameña
Ciudad de Panamá (Agencia Fides) – Al término de la 225ª Asamblea ordinaria, celebrada del 29 de junio al 3 de julio, los obispos de Panamá han difundido un comunicado titulado “Una palabra de fe y esperanza para nuestro pueblo - «La esperanza no defrauda» (Rm 5,5)”. En su pronunciamiento, los prelados panameños releen a la luz del Evangelio la actual crisis social, política e institucional del país y lanzan un “urgente llamado nacional al reencuentro”, invitando a la reconciliación y al diálogo.
La Conferencia Episcopal se detiene en un momento que califica de “decisivo” en la historia panameña, marcado por la polarización y el debilitamiento del diálogo, así como por una creciente desconfianza en las instituciones, dificultades económicas, desempleo e incertidumbre que afectan especialmente a las familias y a los jóvenes. A este panorama interno se suman las tensiones en torno al Canal de Panamá, que sufre los efectos combinados de la sequía vinculada al cambio climático y de una creciente presión geopolítica sobre la gestión de sus infraestructuras.
En este contexto, tras días de oración, escucha de la Palabra, reflexión y discernimiento, los obispos retoman la invitación del papa León XIV a “escuchar, discernir e interpretar los signos de los tiempos” (Magnifica Humanitas) y exhortan a todos a reencontrar el país como “una sola familia nacional”. El objetivo es reconstruir la confianza, superar la lógica de la confrontación y colocar el bien común por encima de los intereses particulares y de los cálculos partidistas.
El comunicado insiste en la centralidad de la dignidad humana como fundamento de la vida nacional: “Ningún interés político, económico o particular puede situarse por encima de ella”, afirman los obispos. De ahí el llamado a fortalecer el Estado de derecho, la independencia de poderes y la credibilidad de las instituciones, condiciones esenciales para una sociedad reconciliada, justa y pacífica, en un país donde en los últimos años las protestas y huelgas indefinidas han denunciado corrupción, violencia y desigualdad.
Se dedica una atención especial al sistema penitenciario. Las personas privadas de libertad viven, subrayan los pastores, en espacios de hacinamiento, violencia y desesperanza que a menudo no dejan entrever un futuro. Aunque se reconoce el derecho de la sociedad a la seguridad, la Iglesia reafirma que ningún delito ni circunstancia puede borrar la dignidad de las personas detenidas y pide políticas penitenciarias que, sin renunciar a la justicia, promuevan la rehabilitación integral, la reinserción social y el respeto de los derechos fundamentales.
Otra sección del texto aborda la cuestión del agua, cada vez más central tanto en la vida cotidiana como en la estrategia nacional. “Expresamos profunda preocupación - escriben los obispos - porque crece el número de sectores de la población que sufren por la falta de acceso suficiente y continuo al agua potable”. El agua es definida como “don de Dios, derecho humano fundamental y bien común que debe ser protegido y garantizado para todos”; citando la encíclica Laudato si’ n. 30, los obispos recuerdan que el acceso al agua potable segura es un “derecho humano básico, fundamental y universal”.
En este contexto, la sequía vinculada a El Niño ya ha reducido el tráfico en el Canal y ha reavivado el debate sobre los grandes embalses y los impactos sociales y ambientales de los proyectos de expansión.
Precisamente por ello, durante la Asamblea los obispos recibieron, “en un clima de respeto, escucha y diálogo”, a representantes de la Autoridad del Canal de Panamá y de las comunidades de Río Indio, Donoso y otros territorios afectados por el proyecto hídrico estratégico del Canal, donde se han registrado tensiones y movilizaciones. La Conferencia Episcopal agradece a ambas partes su disposición a exponer sus inquietudes y reafirma que solo el diálogo “sincero y respetuoso” permite construir soluciones duraderas, armonizando el interés nacional con los derechos de las comunidades locales, su participación en las decisiones y el cuidado responsable de la creación.
El texto manifiesta además la cercanía de los obispos al pueblo venezolano, afectado por un devastador terremoto, y a las familias panameñas dañadas por los recientes incendios en la capital. Para traducir esta solidaridad en gestos concretos, se propone una colecta nacional en todas las celebraciones eucarísticas del domingo 5 de julio, cuyos fondos serán destinados a apoyar a los hermanos y hermanas de Venezuela.
Encomiando los frutos de la Asamblea a la maternal intercesión de Santa María la Antigua, patrona del país, los obispos renuevan su compromiso de anunciar el Evangelio, defender la dignidad de cada persona, acompañar a las familias, promover la reconciliación y trabajar incansablemente por la justicia, la paz y el bien común. En sintonía con el papa León XIV, invitan a cada ciudadano a “mirar bien cómo construye” y a preguntarse qué Panamá quiere dejar a las futuras generaciones, recordando la bienaventuranza evangélica: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).
(MLK) (Agencia Fides 6/7/2026)