Padua (Agencia Fides) – Universa universis patavina libertas. “La libertad paduana es total y para todos”. Así reza el antiguo lema de la histórica Universidad de Padua.
Precisamente en Padua, con la libertad y la alegría propias de los hijos de Dios, sacerdotes, religiosas, jóvenes, familias y niños de las comunidades católicas chinas se han reunido los días 23 y 24 de mayo, llegados desde distintas ciudades y localidades de toda Italia, para celebrar juntos la XVII Jornada de oración por la Iglesia en China. “Es verdaderamente providencial”, ha afirmado el obispo Claudio Cipolla en la homilía de la misa celebrada con los participantes, “que vuestro encuentro coincida precisamente con la solemnidad de Pentecostés”, la fiesta “en la que Dios ya no habla una sola lengua, sino que llega a todos”.
En esta edición han participado 320 personas, la cifra más alta registrada hasta ahora en las 17 ediciones de la Jornada de oración instituida en 2007 por Benedicto XVI, quien fijó su celebración el 24 de mayo, memoria de María Auxilio de los Cristianos, venerada con este título en el santuario mariano de Sheshan, cerca de Shanghái.
Acogidos en la “Ciudad del Santo”
El intenso programa, organizado por don Giuseppe Feng Bo, capellán de las comunidades católicas chinas de Padua y Treviso, ha combinado momentos de oración, celebraciones litúrgicas y encuentros festivos y conviviales. Todo ello en una ciudad conocida en toda Italia como la “Ciudad del Santo”, expresión que alude a su histórico vínculo con san Antonio de Padua.
La jornada del domingo de Pentecostés ha comenzado temprano con una visita a la Basílica de San Antonio. Tras una breve explicación de don Feng Bo sobre la vida del santo franciscano y la historia de la basílica, los presentes han rezado juntos y emprendido en peregrinación el camino hacia la parroquia del Sagrado Corazón, acogidos por el párroco Daniele Marangon. Este templo se ha convertido en el verdadero centro de las jornadas de convivencia, en las que han participado también, entre otros, don Pierpaolo Felicolo, director general de la Fundación Migrantes; el padre Luciano Morra, director de la Comisión Pastoral para China del Dicasterio para la Evangelización; y don Francesco Pesce, rector de San Gregorio Nacianceno en la Cámara de Diputados.
En su homilía durante la solemne liturgia de Pentecostés, el obispo Cipolla ha retomado la imagen del bambú, “tan profundamente ligada a la cultura china”. Una planta que “crece en bosques compactos, donde cada tallo se sostiene gracias a los demás. Nunca crece aislado. No se impone sobre el resto. Crece junto a los otros”.
“Y cuando llega el viento fuerte”, ha añadido, “no se enfrenta con rigidez. Se inclina, pero no se rompe. Resiste precisamente porque no está solo”. Una imagen que, según el obispo de Padua, ayuda también a comprender “el misterio de la Iglesia”.
“Muchos de vosotros”, ha dicho dirigiéndose a los fieles chinos reunidos en la iglesia, “lleváis años recorriendo un camino marcado por el paso entre dos mundos. Habéis dejado vuestra tierra, habéis atravesado dificultades, soledades e incomprensiones. Habéis aprendido una nueva lengua y construido, con paciencia y tenacidad, una vida para vuestras familias. Y en ese camino os habéis convertido, muchas veces sin proclamarlo, en puentes vivos”.
“Vuestra presencia en las ciudades italianas”, ha proseguido, “forma ya parte de nuestro tejido humano y eclesial. No solo por lo que hacéis, sino por lo que sois: capacidad de trabajo, sentido de la familia, cuidado de los hijos, perseverancia cotidiana y responsabilidad silenciosa”.
El prelado ha evocado también la larga historia del catolicismo en China y subrayado que “hoy la Iglesia en China está viva”. “Muchos católicos chinos viven su fe con discreción y perseverancia, a menudo en condiciones nada fáciles: conservan la oración en las familias, el domingo como día del Señor, la devoción a María y la fidelidad diaria al Evangelio”.
Se trata de una fe “que no busca visibilidad, pero que permanece en el tiempo; una fe que muchas veces se transmite en silencio, pero que sigue generando vida”.
Al finalizar la misa, toda la asamblea ha rezado ante la imagen de la Virgen la súplica a Nuestra Señora de Sheshan, la oración mariana incluida por Benedicto XVI en su carta a los católicos chinos de 2007.
La “semilla” plantada por Benedicto XVI
La tarde del sábado 23 de mayo, el encuentro había comenzado en la parroquia del Sagrado Corazón con el rezo del Santo Rosario. La misa de la víspera de Pentecostés fue presidida por Riccardo Battocchio, obispo de Vittorio Veneto.
“El hecho de que estemos hoy aquí”, destacó en su homilía, “es también signo de nuestro deseo de ayudarnos mutuamente a vivir la unidad de la fe y del amor, como única Iglesia de Cristo, como pueblo llamado a anunciar las maravillas que Dios realiza en la historia”.
Asimismo, añadió que los cristianos están llamados “a luchar pacíficamente contra todo lo que genera muerte, contra los egoísmos de individuos y naciones, y contra la pretensión de resolver los problemas mediante la violencia y la guerra”.
La noche del sábado continuó con una fiesta de canciones, danzas y música en la parroquia del Sagrado Corazón. Grupos y representantes de distintas comunidades católicas chinas en Italia ofrecieron actuaciones conducidas por los presentadores Ren Yang y Song Yang, entre arias de Mozart y romanzas de Donizetti.
Los niños de la comunidad de Milán interpretaron la canción ‘Fuerza Jesús’, mientras que el grupo estudiantil de la comunidad de Roma presentó el canto titulado ‘Corazón chino’.
Papa Benedicto XVI plantó para nosotros esta semilla de esperanza”, recordó la presentadora Song Yang al final de la velada, anunciando que en 2027 los católicos chinos en Italia celebrarán juntos en Nápoles la Jornada de oración por la Iglesia en China.
“Que el Señor nos bendiga, bendiga a la Iglesia en China y bendiga también a nuestra querida patria”, concluyó. “Con alegre esperanza, nos vemos el próximo año”.
(GV) (Agencia Fides 24/5/2026)