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Malabo (Agencia Fides) – «Como en los primeros siglos de la Iglesia, África está llamada hoy a ofrecer una contribución decisiva a la santidad y al carácter misionero del pueblo cristiano». Las últimas palabras que Papa León XIV dirigidas a la multitud reunida en el estadio de Malabo y, de modo ideal, a todo el continente, al término de su primer largo viaje como Obispo de Roma en tierra africana, evocan el pasado de los tiempos apostólicos para mirar al futuro. Acaba de concluir la misa, acto final de la visita a Guinea Ecuatorial. Antes de regresar a Roma, el Papa Prevost ha confesado que regresa de África «con un tesoro inestimable de fe, de esperanza y de caridad: un tesoro hecho de historias, de rostros, de testimonios alegres y sufridos que enriquecen enormemente mi vida y mi ministerio como sucesor de Pedro». Y ha encomendado a la intercesión de la Virgen María «a todos ustedes, a sus familias, a sus comunidades, a su Nación y a los pueblos africanos».
Al inicio de la homilía, el Papa León había recordado el doloroso hecho de la muerte repentina de Fortunato Nsue Esono, vicario general de la diócesis de Malabo, quien había contribuido de manera importante a la preparación de la visita papal y fue hallado sin vida el 17 de abril en su residencia, en la parroquia de Nuestra Señora de Bisila. Hasta ahora no se han dado a conocer las causas de su fallecimiento. «Invito a vivir con espíritu de fe -ha dicho el Pontífice- este momento de dolor y confío en que, sin dejarse llevar por comentarios o conclusiones apresuradas, se esclarezcan plenamente las circunstancias de su muerte».
En la última homilía pronunciada en Guinea Ecuatorial, tomando como punto de partida las lecturas de la liturgia del día, León XIV ha ofrecido valiosas indicaciones sobre cómo acercarse a la lectura de las Sagradas Escrituras. «Todos los textos bíblicos-ha recordado- revelan en la fe su verdadero sentido, porque en la fe fueron escritos y transmitidos hasta nosotros: por ello, su lectura es siempre un acto personal y eclesial, no un ejercicio solitario o meramente técnico. Juntos leemos la Escritura como bien común de la Iglesia, teniendo como guía al Espíritu Santo, que la inspiró, y a la Tradición apostólica, que la custodió y difundió por toda la tierra».
En la parte final de su homilía, León XIV ha recordado que la fuente viva de la misión de la Iglesia es la experiencia del amor gratuito del Señor: «Él nos ama primero, siempre: su palabra es para nosotros Evangelio, y nada tenemos mejor que anunciar al mundo». Esta evangelización –ha añadido- «nos implica a todos, comenzando por el Bautismo, que es sacramento de fraternidad, baño de perdón y fuente de esperanza. A través de nuestro testimonio, el anuncio de la salvación se hace gesto, se hace servicio, se hace perdón: en una palabra, se hace Iglesia».
El Pontífice ha recordado el inicio de la exhortación apostólica Evangelii gaudium de Papa Francisco: «la alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de quienes se encuentran con Jesús». Y ha animado a todos, «Iglesia que vive en Guinea Ecuatorial, a continuar con alegría la misión de los primeros discípulos de Jesús. Leyendo juntos el Evangelio -ha dicho para concluir- sean anunciadores apasionados, como lo fue el diácono Felipe. Celebrando juntos la Eucaristía, testimonien con la vida la fe que salva, para que la palabra de Dios se convierta en pan bueno para todos».
(Agencia Fides 23/4/2026)