“Como un niño en brazos de su madre”. La fe según Joseph Ratzinger

sábado, 28 febrero 2026 benedicto xvi   fe   iglesia católica  

Del cardenal Pietro Parolin*

Publicamos amplios extractos del prefacio escrito por el cardenal Pietro Parolin para el volumen “La fe del futuro, el futuro de la Iglesia”. El libro, que reúne una selección de textos y un inédito de Joseph Ratzinger, ha sido publicado por Edizioni Cantagalli bajo la dirección de Giuseppina Cardillo Azzaro (traducción de Pietro Luca Azzaro y revisión de Lorenzo Cappelletti).

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Roma (Agencia Fides) – ¿Qué es la fe para Joseph Ratzinger?
Ante todo, es un abandono confiado en Otro, «como un niño en brazos de su madre, seguro de que en su “tú” se custodia toda respuesta a mis preguntas. Fe, confianza y amor se convierten así en una sola realidad, y todos los contenidos particulares en torno a los cuales gira la fe no son sino concreciones de ese giro fundamental que lo sostiene todo: el “yo creo en ti”, el descubrimiento de Dios en la mirada del hombre Jesús de Nazaret».
Si la fe es esto, entonces -como recordó León XIV desde su primer mensaje pronunciado el 8 de mayo de 2025 desde la Logia central de la Basílica de San Pedro- el núcleo de la Iglesia consiste en caminar de la mano a lo largo del sendero de la vida en compañía de Cristo, Aquel que hace arder el corazón, como ocurrió con los discípulos en el camino hacia Emaús.
¿Por qué, entonces, hoy muchos perciben la fe como una carga y sienten que la Iglesia ya no les concierne? ¿Cómo puede florecer un nuevo comienzo?
En el fondo, estas preguntas atraviesan todos los textos reunidos en el volumen, que en su conjunto restituyen la figura y el mensaje de un gran maestro de la fe. Por profundidad, claridad expresiva y fuerza testimonial, Ratzinger camina tras las huellas de los grandes Padres y Doctores de la Iglesia, a quienes constantemente remite; entre ellos, de modo especial, san Agustín, su auténtico maestro.
Resultan particularmente actuales y humanos los textos dedicados a la conversión de Agustín y al papel decisivo que desempeñó su madre, Mónica: «San Agustín describe en sus Confesiones lo que su madre significó para él: en ella experimentó la Iglesia como persona, la Iglesia hecha cercanía concreta. No era para él una estructura distante ni un aparato incomprensible. En aquella mujer estaba personalmente presente lo que la Iglesia es. Ella fue para él la Iglesia en persona, y por eso pudo confiar en la Iglesia y convertirse en un hombre de Iglesia».
Los escritos recogidos en esta publicación muestran con especial nitidez que Joseph Ratzinger nunca fue el “jefe” de una corriente eclesial ni alguien convencido de poseer la “teología correcta” para enderezar la situación o edificar “su” Iglesia. En sus páginas se percibe una auténtica “teología del corazón”: la de un hombre totalmente centrado en Cristo, siempre orientado a vivir, testimoniar e invitar a otros a compartir esa relación plena con Jesús que llamamos fe. Redescubrir esta fuente constituye, en definitiva, lo que verdaderamente importa para la vida de la Iglesia.
Con ese propósito, Ratzinger recuerda insistentemente que «el Señor, que se ha hecho huésped y peregrino, nos llama a abrirnos a todos los que en este mundo no tienen patria; nos llama a abrirnos a los que sufren, a los olvidados, a los prisioneros y a los perseguidos: en todos ellos está Él».
De este modo se pone de relieve también la profunda sintonía con sus sucesores, Francisco y León XIV, que se hace aún más evidente en sus palabras sobre un rasgo esencial de la potestad conferida a Pedro: «La autoridad que se le ha confiado para atar y desatar, para abrir y cerrar -escribe- es, en su núcleo, un encargo de dejar entrar, de acoger en casa, de perdonar (cf. Mt 16,19). La misma realidad aparece en la Última Cena, que inaugura la nueva comunidad a partir del Cuerpo de Cristo y en el Cuerpo de Cristo. Es posible porque el Señor derrama su sangre “por muchos para el perdón de los pecados” (Mt 26,28). Finalmente, el Resucitado, en su primera aparición a los Once, funda la comunión de su paz otorgándoles el poder de perdonar (cf. Jn 20,19-23). La Iglesia no es una comunidad de quienes “no necesitan médico” (Mc 2,17), sino una comunidad de pecadores convertidos, que viven de la gracia del perdón y la transmiten a su vez a otros».
(Agencia Fides 28/2/2026)

* Secretario de Estado de Su Santidad


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