Por el Obispo Jean-Marie Chami*
El Cairo (Agencia Fides) – En un escenario global desgarrado por los conflictos, donde “la guerra ha vuelto a estar de moda y un fervor bélico se está propagando” (Papa León XIV), publicamos la carta-llamamiento del Obispo Jean-Marie Chami, Vicario patriarcal general de los greco-melquitas católicos para Egipto, Sudán y Sudán del Sur.
Dirigida a los fieles de la Iglesia greco-melquita católica, la carta invita a todas las personas de buena voluntad a implorar el don de la paz.
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Queridos hermanos y hermanas,
Queridos amigos, constructores de paz,
“Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5,9).
En estos días difíciles que atraviesa nuestro mundo, nuestros corazones están profundamente conmovidos. Dolorosos acontecimientos que afectan a Líbano, Siria, Irán y muchas otras regiones nos ponen frente a una crisis mundial de alcance excepcional. La violencia, el miedo y la incertidumbre parecen prevalecer, y la humanidad entera gime esperando una paz auténtica.
Frente a esta situación, podríamos sentirnos impotentes. Sin embargo, como creyentes, sabemos que nunca estamos desarmados. El Señor Jesús nos lo dijo claramente: “hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis…” (Jn 16,24). Y la Escritura nos recuerda: “…no obtenéis porque no pedís” (Santiago 4,2).
Hoy, en nombre de Jesucristo, queremos dirigirnos al Padre, el Padre de toda misericordia. Queremos pedirle con fe y perseverancia que intervenga, que intervenga con fuerza y que imponga su paz allí donde las fuerzas humanas muestran sus límites.
Por ello, hago este llamamiento no solo a los fieles de nuestra Iglesia greco-melquita católica, sino también a todas las personas de buena voluntad que llevan en su corazón un sincero deseo de paz, justicia y reconciliación.
Invito a emprender juntos un camino espiritual exigente y fecundo: un camino de oración, ayuno y adoración.
Cada uno puede elegir una forma concreta de ayunar, según sus posibilidades y discernimiento. El ayuno no es una simple privación: es fuente de gracia, acto de humildad y de confianza, apertura interior a la acción de Dios. El Señor nos enseña que algunas victorias espirituales solo se obtienen mediante el ayuno y la oración.
También los invito a vivir cuarenta días de adoración, para que cada uno pueda encontrar una iglesia, una capilla o un lugar de recogimiento. Que estos cuarenta días sean una preparación espiritual para la Gran Cuaresma, pero que se ofrezcan desde ahora por la unidad entre los pueblos, la paz en el mundo y la misericordia de Dios sobre nuestra humanidad herida.
Ha llegado el momento de asumir nuestras responsabilidades como cristianos, como creyentes. Si no siempre podemos actuar con medios políticos o humanos, podemos –y debemos– actuar a través de nuestro vínculo con el cielo, mediante nuestra comunión viva con el Señor, implorándolo con ayuno y oración.
En este espíritu, recemos con confianza por intercesión de Santa María de Jesús Crucificado, humilde testigo del Evangelio, artífice de paz y mensajera de esperanza para Tierra Santa y todo Medio Oriente. Que ella nos enseñe el abandono total a la voluntad del Padre e interceda por nuestros pueblos heridos, para que la paz de Dios triunfe allí donde el odio y la violencia buscan imponerse.
Salgamos de nuestra comodidad habitual. Entremos en una comunión de oración que supere fronteras, culturas y religiones. Seamos artesanos de paz y de misericordia.
Ha llegado el momento. Les ruego: unámonos y recemos.
A todos ustedes y a sus familias,
Que nuestro Señor Jesucristo,
la verdadera Luz nacida del Padre antes de todos los siglos,
esté delante de ustedes para guiarlos por el camino de la verdad,
detrás para protegerlos de todo mal,
a su lado para fortalecerlos en las pruebas,
y que habite en sus corazones como Vida y Resurrección,
revelándoles la inmensidad de su Amor y la dulzura de su paz.
(Agencia Fides 15/01/2026)
* Obispo titular de Tarso, Vicario patriarcal general de los greco-melquitas católicos para Egipto, Sudán y Sudán del Sur