VATICANO - HACIA EL SACERDOCIO de Mons. Máximo Camisasca - "Vida común y silencio: dos puntos que marcan una trayectoria"

viernes, 22 diciembre 2006

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - La vida común en su verdad coincide con la virginidad, porque éste es el método con el que Dios ha decidido comunicarse a los hombres: ligándolos a un pueblo. En su forma esencial esta realidad es la familia. La segunda modalidad es la vida común vista cómo vocación de personas elegidas para vivir juntos en su nombre. El punto que debe comprenderse es que la virginidad y la posibilidad de una vida común (o fraternidad), sólo pueden existir en presencia de una mirada al otro como signo de Cristo. Si no se da esto, la vida común es imposible, porque se convierte en una contigüidad de hombres que antes o después corren el peligro de entrar en rivalidad el uno contra el otro. Si por el contrario, se vive la virginidad, la vida común se convierte en experiencia de una gran libertad y también de una gran facilitación de vida. Realmente la virginidad vivida es el alba del mundo nuevo.
Además, hay que añadir que en nuestra sociedad asistimos a una paradoja: con los tiempos que corren se hace más difícil criar hijos, evitar que al crecer se pierdan, que vivir la responsabilidad del sacerdocio. La historia nos enseña que en los siglos pasados - en particular en el 500, en el 600 y en el 700 - la vida de sacerdote fascinaba más por las facilidades materiales que ofrecía y no por la posibilidad de ser portadores de Cristo. Hoy la principal amenaza está en la comodidad de una vida fácil, libre de las incumbencias de la vida cotidiana familiar.
El segundo aspecto sobre el que se debe reflexionar es el nexo existente entre silencio y vida común. El silencio es la raíz de la vida común, pero la vida común es a su vez es la raíz del silencio. Y esto no es sólo un juego de palabras. Si la vida común es una vida dialéctica en vez de escucha, una vida llena de ruido en vez de de paciencia, una vida de prevaricaciones en vez de de perdón, el silencio no conseguirá arraigar. Antes bien podría convertirse en el peor tiempo: aquel en que la vida nos ataca con una serie de preguntas que parecen no tener respuesta. Por el contrario, el silencio realmente vivido acompañado de la meditación y de la oración, hace que renazca la vida común. Y con ella una vida nueva. Si se vivieran realmente estos pequeños pero esenciales pasos , serían capaces de generar grandes cosas: crean la capacidad de caridad, reorganizan la vanagloria, haciéndonos capaces de ver el bien que representa el hermano. (Agencia Fides 22/12/2006 - Líneas: 29 Palabras: 458)


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