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Vaticano

2003-10-08

VATICANO - EL PAPA EN LA AUDIENCIA GENERAL INICIA LAS CATEQUESIS SOBRE LA LITURGIA DE LAS VÍSPERAS: “LA MAÑANA Y LA TARDE CONSTITUYEN MOMENTOS SIEMPRE OPORTUNOS QUE HAY QUE DEDICAR A LA ORACIÓN... PARA ORIENTAR NUESTRO CAMINO COTIDIANO Y DIRIGIRLO HACIA CRISTO”

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – En la Audiencia general de hoy, 8 de octubre, el Santo Padre Juan Pablo II ha introducido el nuevo ciclo de catequesis dedicado ala Liturgia de Vísperas. “El salir del sol y su ocaso no son momentos anónimos de la jornada. Tienen una fisonomía inconfundible: la belleza gozosa de una aurora y el esplendor triunfal de un ocaso marcan el ritmo del universo, en el que queda profundamente involucrada la vida del hombre. Además, el misterio de la salvación que se realiza en la historia, tiene momentos ligados a diferentes fases del tiempo. Por este motivo, junto a la celebración de Laudes al inicio de la jornada, se ha ido consolidado en la Iglesia la celebración de las Vísperas al caer la noche. Tanto una Hora Litúrgica como la otra poseen una carga evocadora que recuerda dos aspectos esenciales del misterio pascual: «En el atardecer el Señor está crucificado, en la mañana resurge...”
En la antigüedad, después de que se ponía el sol, el momento de encender el candil en las casas daba un aire de alegría y comunión. También la comunidad cristiana, al encender la lámpara al anochecer, invocaba con espíritu agradecido el don de la luz espiritual. “Cuando caen las tinieblas los cristianos saben que Dios ilumina incluso la noche oscura con el esplendor de su presencia y con la luz de sus enseñanzas – dijo el Santo Padre. Inspirándose en el simbolismo de la luz, la oración de las Vísperas se ha desarrollado como sacrificio vespertino de alabanza y de reconocimiento por el don de la luz física y espiritual y por los demás dones de la creación y de la redención. La noche es el momento propicio para considerar ante Dios, en la oración, la jornada transcurrida... Es también el momento en el que hay que pedir perdón por el mal que hemos cometido, implorando de la misericordia divina que Cristo vuelva a resplandecer en nuestros corazones”.
“Para el hombre antiguo, más que para nosotros, la sucesión de la noche y del día regulaba la existencia, haciéndole reflexionar sobre los grandes problemas de la vida. El progreso moderno ha alterado en parte la relación entre la vida humana y el tiempo cósmico. Pero el ritmo intenso de las actividades no ha sustraído totalmente a los hombres de hoy de los ritmos del ciclo solar.
Por este motivo, los dos ejes de la oración diaria siguen manteniendo todo su valor, pues están ligados a fenómenos inmutables y a simbolismos inmediatos. La mañana y la tarde constituyen momentos siempre oportunos que hay que dedicar a la oración, ya sea en comunidad ya sea personalmente. Ligadas a momentos importantes de nuestra vida y de nuestra acción, las Horas de Laúdes y Vísperas se convierten en un modo eficaz para orientar nuestro camino cotidiano y dirigirlo hacia Cristo, «luz del mundo»”. (S.L.) (Agencia Fides 8/10/2003 Líneas: 39 palabras: 529)

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