VATICANO - HACIA EL SACERDOCIO a cargo de Mons. Máximo Camisasca - "Educación a la gratuidad”

viernes, 21 julio 2006

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - La gratuidad es una dimensión fundamental de la vida sacerdotal. Educar a la misma es hoy aún más necesario, en una época en que una posición mentirosa frente a la realidad es contrabandeada como la única posible para la mentalidad corriente. Esta mentalidad es la del consumo, opuesta a la gratuidad. La realidad externa a nosotros, el "tú", quienquiera que sea, cosa o persona, son sentidas por la mentalidad dominante - y por tanto impuesta a nosotros - como algo de lo que servirse, como algo por aprovechar, por quemar en una utilidad inmediata, en lugar de algo a lo que abrirnos, algo a acoger, escuchar, hacer florecer desde dentro.
La posición de la persona frente al ser es una cuestión fundamental para todo hombre, pero adquiere una importancia extraordinaria para nosotros que estamos llamados a ser educadores, que estamos llamados a vivir nuestra vida en relación con otras personas a las que deberíamos ayudar precisamente a esta posición de verdad. ¿Qué diremos, qué llevaremos a los otros, si nosotros mismos no vivimos esta gratuidad? ¿Cómo se puede vivir con los otros si no conseguimos acoger al otro por lo que es, y no por lo que da?
Somos criaturas hechas y creadas por Dios, nuestro ser es por su naturaleza de dependencia, abierto, de escucha. La educación a la gratuidad busca a encontrar esta posición originaria. ¿De qué modo concreto? Por medio de algo de tiempo en la semana, dedicado de forma sistemática a la relación con otros, quienquiera que sea, por la única razón que son. Teniendo como utilidad aquel de reconducir en nuestro corazón, en nuestra mente, la percepción de la Gratuidad Absoluta que hace todas las cosas, los hombres y el mundo, gratuidad de la que venimos y a la que vamos y en la que cada cosa consiste.
Este tiempo, poco o mucho, regularmente gastado por esta educación de si, es educación a una dimensión permanente de la vida. Esta tiende, si se vive de modo verdadero, a influir en el modo en que establecemos las relaciones con cualquier persona, así como los momentos de silencio, porque en el fondo tienen la misma naturaleza: son un acto de oración. (Agencia Fides 21/7/2006 - Líneas: 28 Palabras: 386)


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