ÁFRICA/ETIOPÍA - “¿Cómo ser Iglesia allí donde todavía no hay una iglesia?” Nueva presencia misionera en Ghinnir, al este de Bale

martes, 29 septiembre 2026

Missionari di Villaregia

Ghinnir (Agencia Fides) – Después de siete años de presencia en Robe, la fraternidad de la Comunidad Misionera de Villaregia ha dado un nuevo paso en su camino misionero y se ha trasladado a Ghinnir, en el corazón del este de Bale. Se trata de una decisión madurada a través de un largo proceso de discernimiento y de la experiencia vivida durante estos años en una región donde la presencia de la Iglesia católica sigue siendo muy limitada.

«Hay momentos en los que la misión nos pide permanecer, echar raíces, construir relaciones, y hay otros en los que nos pide volver a ponernos en camino, atravesar nuevos horizontes. Para nosotros ha llegado el momento de partir de nuevo», cuenta Teresa Zullo, misionera de la Comunidad de Villaregia, presente en Etiopía desde hace siete años, tras la invitación del padre Angelo Antolini, O.F.M. Cap., prefecto de la Prefectura Apostólica de Robe.

«Nos hemos trasladado a Ghinnir, en el corazón del este de Bale. Esta decisión nace de un camino de discernimiento y de los años de experiencia vividos en un territorio que hemos ido conociendo cada vez más de cerca», explica la misionera. Desde 2023, la comunidad comenzó a visitar con mayor continuidad las comunidades del este de Bale, dedicándose especialmente a la sensibilización contra la mutilación genital femenina y el matrimonio precoz (véase Agencia Fides, 12/4/2025). «Al encontrarnos con personas y comunidades, recorriendo caminos y llegando hasta aldeas lejanas, fue creciendo en nosotros una pregunta: quizá no basta con seguir yendo hacia estas realidades».

El traslado representa así una nueva etapa del camino misionero: «Salir de lo conocido, entrar en una realidad nueva y aprender a estar presentes allí donde todavía no existe una comunidad católica». En un contexto de abrumadora mayoría musulmana, la presencia de los misioneros quiere ser ante todo «una presencia basada en la relación, la escucha, el servicio y la fraternidad».

Desde Ghinnir, además, será más fácil llegar a las zonas remotas del este de Bale, incluidas las próximas a la región etíope de Somali. «Por tanto, el traslado no es simplemente un cambio de lugar. Es un nuevo paso: una nueva realidad que conocer, nuevas personas con las que encontrarse y nuevos caminos que recorrer. Una casa que habitar, pero una tienda en el corazón: dispuestos a permanecer, a encontrarnos y, cuando llegue el momento, a volver a partir».

Hace siete años, la Comunidad Misionera de Villaregia asumió la responsabilidad pastoral de las pequeñas parroquias de Robe y Goba. «Empezamos a dar nuestros primeros pasos en este contexto, que no está exento de desafíos. Un lento proceso de aprendizaje de la lengua, el intercambio con las personas y el tiempo pasado en los caminos nos permitieron, poco a poco, iniciar las actividades pastorales e integrarnos en esta nueva realidad».

También hubo una experiencia concreta que les llevó a plantearse una presencia más estable en el este de Bale. «Hace tres años, un prolongado periodo de sequía obligó a muchas personas a abandonar la región del este de Bale y dirigirse hacia Robe en busca de oportunidades. Al pasar cerca de la estación de autobuses de Robe nos dimos cuenta de su presencia. Nos acercamos, preguntamos y descubrimos que procedían de la región del este de Bale. Así nos encontramos ante un vasto territorio prácticamente desatendido por la acción misionera de la Iglesia. Esto se convirtió para nosotros en una llamada insistente a nuestra identidad como misioneros ad gentes».

«Hoy estamos presentes en las cuatro provincias de Golcia, Sauena, Laga Gaida y Daarar», añade el padre Emanuele Ciccia, misionero de la Comunidad de Villaregia. «Pero durante estos años una pregunta seguía interpelándonos: ¿esta zona, donde el Evangelio todavía no ha penetrado, nos está pidiendo quizá un compromiso exclusivo? ¿Puede la ciudad de Ghinnir ser un lugar en el que estar presentes precisamente porque todavía no existen allí una iglesia y una comunidad católica?».

Con el paso del tiempo, explica el misionero, la respuesta ha ido madurando a través de las relaciones. «Nos dimos cuenta de que algo estaba cambiando. El Bale Este no podía ser simplemente un territorio en el que desarrollar algunas actividades misioneras. Las relaciones construidas durante estos tres años de trabajo nos hicieron comprender que había llegado el momento de dar un paso más: no solo seguir acercándonos a estas comunidades, sino acercarnos a ellas de manera estable. En otras palabras, ya no una misión hacia la frontera, sino una misión en la frontera. De ahí nace la elección de Ghinnir».

«Es un paso que nos saca de lo conocido y que, después de siete años de trabajo en Robe, significa volver a empezar: habitar la ciudad, construir relaciones, estar constantemente atentos a los signos del Espíritu», subraya el padre Emanuele. Una decisión que plantea también una pregunta concreta: «¿Cómo ser Iglesia allí donde todavía no existe una Iglesia? ¿Cómo serlo en un contexto de mayoría musulmana? La respuesta no será ante todo una estructura, sino una presencia».

«Ser numéricamente insignificantes puede representar una gran oportunidad para el Evangelio, una ocasión preciosa para acercarnos a los demás, para no dar miedo, para descubrir las fuerzas positivas del territorio y trabajar en red con ellas», observa Teresa. «En algunos contextos no será posible anunciar directamente a la persona de Jesús, pero hay mil maneras de contar el Evangelio», añade el padre Emanuele. «Ante todo, compartiendo los valores del Reino de Dios, en nuestra manera de relacionarnos con las personas, en la atención a los últimos y en la capacidad de tender puentes con los demás». Precisamente por eso, según el misionero, el traslado a Ghinnir representa «una etapa de madurez misionera». «Crecer en la misión significa aprender a salir de nuestras seguridades, a no depender demasiado de las estructuras, a estar disponibles para lo que todavía no conocemos».

La elección de una casa de alquiler adquiere así un significado simbólico: «Habla de agilidad misionera, pero nos recuerda también que, en una Prefectura como la nuestra, la fisonomía más adecuada es la de una tienda, más que la de una casa. La tienda ofrece refugio y permite habitar un lugar, pero sigue siendo ligera, esencial, preparada para ser desmontada y montada de nuevo en otro sitio. Una Iglesia que sabe echar raíces, pero que no se deja cargar por sus propias estructuras; una Iglesia que sabe habitar un territorio, pero que permanece libre para volver a partir cuando la misión lo requiere. Por eso Ghinnir no será solo un nuevo destino, sino una nueva base desde la que partir».

«La movilidad, por tanto, no es solo una cuestión práctica, sino que forma parte de nuestra manera de entender la misión», retoma Teresa. «Una Iglesia que se mueve, una Iglesia que sale, una Iglesia que se acerca. Esta decisión no se refiere únicamente a nuestra fraternidad, sino que se inserta en el camino de la Prefectura Apostólica de Robe, llamada a crecer y a ampliar cada vez más su radio de evangelización».

«Dejamos Robe hace pocos días y aquí estamos ahora, en Ghinnir, sin saber qué nos espera», concluye Teresa. «Queremos volver a ponernos en camino con una casa que habitar, pero con una tienda en el corazón, dispuestos a detenernos, a encontrarnos y, cuando llegue el momento, también a partir de nuevo».

La Comunidad Misionera de Villaregia es una comunidad católica formada por consagrados, consagradas, clérigos, matrimonios y personas solteras de distintas nacionalidades, unidos por una misma espiritualidad y una misma misión: ser comunidad para la misión ad Gentes.
(AP) (Agencia Fides 29/9/2026)


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