El Curso para nuevos obispos aborda los medios concretos para vivir la comunión misionera con el Sucesor de Pedro

miércoles, 9 septiembre 2026 dicasterio para la evangelización   obras misionales pontificias   caridad   papa   santa sede  

Roma (Agencia Fides) – Los obispos de reciente nombramiento reunidos en Roma para participar en los cursos de formación organizados para ellos por los Dicasterios de la Santa Sede han podido conocer de cerca diversas realidades e instrumentos que tienen a su disposición para vivir y expresar plenamente su responsabilidad episcopal al servicio de la misión de la Iglesia universal, en el vínculo de comunión que une a cada Sucesor de los Apóstoles con el Sucesor de Pedro, el obispo de Roma.
Las sesiones de la tarde de ayer, martes 8 de septiembre, se celebraron en el Aula Magna de la Pontificia Universidad Urbaniana. En ellas participaron conjuntamente tanto los obispos inscritos en el curso organizado por el Dicasterio para la Evangelización (Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares) como los participantes en el curso de formación organizado por el Dicasterio para los Obispos.
En sus intervenciones, los ponentes subrayaron que las instituciones y las obras presentadas hunden sus raíces en la historia milenaria de la Iglesia.

El Óbolo de San Pedro y la viuda del Evangelio
El arzobispo Filippo Iannone, prefecto del Dicasterio para los Obispos, ha abierto la reflexión repasando la historia del Óbolo de San Pedro, «ofrenda voluntaria que los fieles hacen directamente al Papa», cuyo nombre «evoca el “pequeño don” de la viuda del Evangelio (Mc 12,41-44), signo de una generosidad que nace del corazón y no de la abundancia».
Surgido oficialmente en el siglo VII, durante el reinado de Offa de Mercia, con el nombre de ‘Denarius Sancti Petri’, se convirtió en la Edad Media en «un tributo fiscal regular... a menudo cuestionado por los abusos», hasta desaparecer con la Reforma protestante. Pío IX lo impulsó de nuevo después de 1870 mediante la encíclica ‘Saepe Venerabilis’, como «ofrenda voluntaria de los fieles de todo el mundo». El arzobispo Iannone también ha citado a san Juan Pablo II («el Óbolo constituye una verdadera participación en la acción evangelizadora») y a Benedicto XVI («es la expresión más característica de la participación de todos los fieles en las iniciativas de bien del obispo de Roma»). Desde el motu proprio de Francisco del 26 de diciembre de 2020, la gestión del Óbolo corresponde a la Secretaría de Estado, mientras que la administración de los fondos está a cargo de la APSA bajo la supervisión de la Secretaría para la Economía, «con el fin de garantizar una mayor transparencia».
Sobre el canon 1271, «nuevo en la legislación canónica» del Código de 1983, el arzobispo Iannone ha precisado que «la norma no pretende imponer un tributo. Se limita a recordar a los obispos una obligación vinculada a su propio oficio». Y ha citado el texto: «Los obispos, en virtud del vínculo de unidad y caridad, según las posibilidades de sus diócesis, contribuyan a proporcionar los medios que la Sede Apostólica necesita, según las circunstancias de los tiempos, para poder prestar adecuadamente su servicio a la Iglesia universal».

Los fondos y los colegios romanos en la larga historia de Propaganda Fide

El arzobispo Samuele Sangalli, secretario adjunto para la Administración del Dicasterio misionero, ha enlazado con la explicación sobre el valor del Óbolo de San Pedro y del canon 1271 para presentar «otros tres ámbitos, que se sitúan en el mismo horizonte»: las Obras Misionales Pontificias (de las que hablaría después el padre Tadeusz Nowak), el Fondo Ecclesiae Sanctae, junto con la Colecta Pro Afris, y el apoyo a los colegios romanos de formación.
El Fondo Ecclesiae Sanctae, ha explicado el arzobispo Sangalli, «es el resultado de un proceso de elaboración y análisis que duró unos 17 años y que tiene su origen en el Concilio Vaticano II y en el Motu Proprio del mismo nombre promulgado por Su Santidad Pablo VI» el 6 de agosto de 1966. Fue concebido para implicar «al episcopado mundial... en el envío cada año de una contribución específica al Dicasterio».
El Fondo financia becas para la Universidad Urbaniana y sus cinco colegios, así como el envío de libros a los seminarios mayores.
En cuanto a la Colecta Pontificia Pro Afris, fue instituida por León XIII en 1890 «para apoyar a quienes trabajaban por la liberación de los esclavos en África» y posteriormente confirmada por Pablo VI en 1976, «ampliando su finalidad a la liberación de todas las formas de esclavitud». En la actualidad financia los cursos del I.C.O.F. destinados a agentes de pastoral que han sufrido «traumas físicos, psicológicos y espirituales» en zonas afectadas por la guerra o la trata.
El arzobispo Sangalli se ha detenido especialmente para mencionar los colegios romanos, herederos de la Congregación de Propaganda Fide (1622). El Pontificio Colegio Urbano (1627), que el próximo año celebrará su cuarto centenario, acoge a «unos 170 seminaristas» procedentes de África, Asia, Oceanía y los vicariatos apostólicos de América Latina. Los colegios San Pedro (1946) y San Pablo (1965) acogen cada uno a «entre 150 y 200 sacerdotes». El Colegio Mater Ecclesiae (1979), en Castel Gandolfo, alberga a «unas 130 jóvenes religiosas». El Colegio San José, situado en el Janículo desde 2006, recibe cada año a rectores y formadores de «425 seminarios menores, 135 seminarios propedéuticos y 270 seminarios mayores» para sus cursos de formación.
La Universidad Urbaniana cuenta con 97 instituciones afiliadas en 40 países. El secretario adjunto del Dicasterio misionero concluyó: «Necesitamos el apoyo de todas las Iglesias locales para que estos colegios puedan prestar el servicio para el que fueron creados».

El «secreto» de las Obras Misionales Pontificias

En calidad de coordinador ad interim de las Obras Misionales Pontificias (OMP), el padre Nowak ha iniciado su intervención con una afirmación cargada de humor, señalando que «las Obras Misionales Pontificias son quizá el secreto mejor guardado de la Iglesia católica», dado que incluso muchos obispos y sacerdotes «no saben realmente quiénes somos».
En su intervención, el padre Nowak ha recordado brevemente el perfil y los orígenes de las cuatro Obras Misionales Pontificias: la Pontificia Unión Misional, definida por Pablo VI como «el alma» de las cuatro OMP; la Obra de San Pedro Apóstol, que apoya a seminarios y noviciados; la Obra de la Santa Infancia, cuyo lema es «Los niños ayudan a los niños»; y la Obra de la Propagación de la Fe (POPF), fundada por la beata Pauline Jaricot en Lyon en 1822.
El padre Nowak, secretario general de la POPF, ha definido esta Obra como «un socio, y no un benefactor o un financiador» de las Iglesias locales. Asimismo, ha recordado la amplia variedad de ayudas ordinarias y extraordinarias que la OPF distribuye cada año para apoyar la misión de las Iglesias particulares, así como los criterios de transparencia y sostenibilidad garantizados por los procedimientos establecidos para la concesión de estos recursos.
(MLK) (Agencia Fides 9/9/2026)


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