de Marie-Lucile Kubacki
Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – El 26 de agosto de 1978, Albino Luciani era elegido Papa, asumiendo el nombre de Juan Pablo I. Su pontificado duraría solamente 34 días, pero ya en el Radiomensaje “Urbi et Orbi” del 27 de agosto, un discurso programático pronunciado al día siguiente de la elección, el nuevo Pontífice delineaba con claridad las líneas programáticas de su pontificado. Una prioridad es la evangelización en la misión eclesial: “Queremos recordar a toda la Iglesia que su primer deber sigue siendo el de la evangelización”, afirma el Papa, recordando explícitamente la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de Pablo VI. La Iglesia, añade, “animada por la fe, alimentada por la Palabra de Dios y sostenida por el alimento celestial de la Eucaristía”, debe “estudiar todo camino, buscar todo medio, “opportune importune”, para sembrar el Verbo, para proclamar el mensaje, para anunciar la salvación”.
En el Radiomensaje, Juan Pablo I anunció la voluntad de continuar la herencia del Concilio Vaticano II y de sus predecesores, articulando su programa en seis “queremos”: poner en práctica el Concilio; custodiar la “gran disciplina” de la Iglesia; poner la evangelización en primer lugar; continuar el compromiso ecuménico; cultivar un diálogo sereno y constructivo; favorecer cuanto pueda “tutelar e incrementar la paz en el mundo turbado”. En el Radiomensaje el Papa, junto a los otros queremos, indicaba una Iglesia llamada a “perseguir sin interrupción la herencia del Concilio Vaticano II”.
Una reflexión muy arraigada en la Tradición de la Iglesia y, por ello, muy actual. “Había asimilado ya durante su formación sacerdotal aquella visión, querida por los Padres del primer milenio de la Iglesia como “mysterium lunae”: una Iglesia, es decir, que no brilla con luz propia, sino con luz reflejada; que no es propiedad de los hombres de Iglesia, sino Christi lumini. “Fulget Ecclesia non suo sed Christi lumine” (resplandece no con luz propia, sino con la de Cristo), que, al igual que Pablo VI, había retomado de san Ambrosio. Imagen de la naturaleza eclesial y del actuar conveniente a ella que había impregnado ampliamente los documentos del Concilio Vaticano II y que se había vuelto decisiva y fecunda en la acción pastoral de Albino Luciani, mucho antes ya de ser elevado a la Sede de Pedro”, escribe Stefania Falasca, estudiosa de Juan Pablo I, postuladora de la causa y vicepresidenta de la Fundación Vaticana Juan Pablo I, en un artículo publicado en L’Osservatore Romano del 25 de agosto.
La centralidad de la atención a la misión había marcado ya su ministerio como obispo de Vittorio Veneto y como patriarca de Venecia, como también se ha puesto de relieve en un ensayo del profesor Roberto Morozzo della Rocca publicado en 2009 y titulado “El horizonte misionero de Albino Luciani”.
Para el Papa, el anuncio no está confiado únicamente a especialistas o a estructuras eclesiales. Juan Pablo I habla, en efecto, de “todos los hijos de la Iglesia”, llamados a ser “incansables misioneros del Evangelio”, para que surja “una nueva floración de santidad y de renovación” en un mundo “sediento de amor y de verdad”. A los fieles el Papa les pide que no se uniformen “a los gustos y costumbres del mundo” ni tampoco “a los halagos del fácil aplauso”, sino que estén dispuestos a dar razón de la esperanza que hay en ellos. La Iglesia, prosigue, está llamada a ofrecer al mundo aquel “suplemento de alma” que necesita, en un tiempo en el que el progreso técnico corre el riesgo de reducir “la tierra a un desierto, la persona a un autómata, la convivencia fraterna a una colectivización planificada”. Dirigiéndose a los misioneros, saluda a “toda la Iglesia misionera” y a los hombres y mujeres que trabajan “en la avanzada de la evangelización”.
Un mes después, el 28 de septiembre de 1978, en el discurso a un grupo de obispos de Filipinas en visita ad limina, precisa aún más su pensamiento. “Entre los derechos de los fieles, uno de los más importantes es el derecho a recibir la Palabra de Dios en toda su integridad y pureza, con todas sus exigencias y su fuerza”, dice. A los bautizados debe ofrecérseles la Palabra de Dios “en toda su integridad y pureza”. El Papa subraya que “un gran desafío de nuestros días es la plena evangelización de todos aquellos que han sido bautizados”. “La evangelización, dice también el Pontífice, comporta una enseñanza explícita respecto al nombre de Jesús, a su identidad, a su enseñanza, a su Reino y a sus promesas”; entre estas, “su principal promesa es la vida eterna”. Reconoce “la gran vocación de Filipinas” a ser “la luz de Cristo en Extremo Oriente”, llamadas a proclamar “su verdad, su amor, su justicia y la salvación con la palabra y con el ejemplo” a los pueblos de Asia.
Ya después del viaje a Burundi de 1966, Luciani había mostrado una mirada concreta sobre el encuentro entre Evangelio y culturas. Reconocía el valor decisivo del clero local, llamado a guiar Iglesias arraigadas en la lengua, en la historia y en la mentalidad de sus propios pueblos, y pedía a los misioneros trabajar con humildad a su servicio. Pero rechazaba las contraposiciones ideológicas entre misioneros “extranjeros” e Iglesias autóctonas: “Hay trabajo para todos”, escribía, recordando el criterio paulino: “Dummodo Christus annuntietur”, con tal de que Cristo sea anunciado.
Ante los obispos filipinos, vuelve a definir Radio Veritas como “un instrumento privilegiado” para proclamar, junto con toda la Iglesia, “que Jesucristo es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo”. El Papa Juan Pablo I está, en efecto, muy atento al desarrollo de los medios de comunicación. En el Discurso a los representantes de la prensa internacional del 1 de septiembre de 1978 promete una colaboración “franca, honesta y eficaz” con los medios de comunicación social, sin ocultar los riesgos de “masificación y de nivelación” para la interioridad de la persona y su capacidad de juicio. A los periodistas les pide, ante todo, presentar a la Iglesia «con amor a la verdad y con respeto de la “dignidad humana”, y después “comentar, en ocasiones, Nuestro humilde ministerio”, “con amor a la verdad y con respeto de la dignidad humana, porque tal es el objetivo de toda comunicación social”, pero pone a la Iglesia en primer lugar.
El 4 de septiembre de 1978, dirigiéndose a las Misiones Especiales presentes con ocasión del inicio de su pontificado, explica: “Nos comprometeremos a desempeñar este servicio utilizando un lenguaje sencillo, claro y seguro”. La Iglesia, recuerda a los obispos filipinos, está irrevocablemente comprometida a aliviar la pobreza y las necesidades materiales; pero su caridad pastoral quedaría incompleta si no indicara también las “necesidades superiores” de la humanidad.
En el texto de la biografía “Io sono la polvere. Biografia ex documentis”, el recorrido de Juan Pablo I muestra además cómo ya había afrontado, como patriarca de Venecia, la relación entre evangelización y promoción humana, defendiendo la primacía del anuncio cristiano sin separarlo de la responsabilidad hacia las necesidades concretas de los hombres.
En “L’Osservatore Romano”, Stefania Falasca recuerda que Juan Pablo I reiteraba que el Papa y la Santa Sede no disponían de “soluciones milagrosas para los grandes problemas mundiales”, pero podían “sin embargo dar algo muy valioso: un espíritu que ayude a resolver estos problemas y los sitúe en la dimensión esencial, la de la apertura a los valores de la caridad universal”. Para Luciani, el apoyo a la construcción de una paz posible, inseparable de la misión propia de la Iglesia, fue el hilo conductor de todo su breve pontificado.
“Indagar en el pontificado del papa Luciani como un paso decisivo para el ejercicio del ministerio petrino, con enormes repercusiones sobre la vida de la Iglesia, ayuda no solo a reconstruir plenamente el perfil de Juan Pablo I, sino a comprender las cuestiones con las que la Iglesia estaba y está llamada a confrontarse”, subraya Stefania Falasca, señalando la perspectiva desde la que releer la herencia del Papa véneto. La relectura de los seis “queremos” y de su actualidad será el centro del congreso internacional de estudios “Juan Pablo I: Iustitia et Pax. Tutelar e incrementar la paz en este mundo turbado”, previsto para el 13 de octubre de 2026 en la Pontificia Universidad Gregoriana. La Fundación, instituida para custodiar y poner en valor el patrimonio documental de Luciani, se propone hoy como punto de referencia internacional para los estudios y la investigación realizados a la luz de las fuentes sobre su magisterio y su recorrido eclesial. Las fuentes archivísticas actualmente adquiridas y disponibles, fruto de la investigación “omnino plena” sostenida durante más de una década por la Causa de canonización de Albino Luciani-Juan Pablo I y recopilada desde 2020 por la Fundación Vaticana Juan Pablo I, “han abierto una nueva página en la historiografía”, escribe Stefania Falasca en L’Osservatore Romano. Estas permiten, añade, iluminar “la génesis de un proyecto de gobierno pontificio” y restituir con mayor precisión las enseñanzas y la memoria de Juan Pablo I. “A través de las Jornadas de Estudio promovidas por la Fundación en colaboración con la Pontificia Universidad Gregoriana, dedicadas a las fuentes del Magisterio de Juan Pablo I, la Fundación ha proseguido la actividad científica de estudios, centrándose precisamente en los seis volumus del programa de pontificado del papa Luciani, a cada uno de los cuales pretende dedicar, a lo largo de los años, un congreso de estudios”, explica la vicepresidenta de la Fundación.
Promovido por la Fundación Vaticana Juan Pablo I, con la colaboración de la Pontificia Universidad Gregoriana y del Comité Pontificio de Ciencias Históricas, contará con la participación del cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, presidente de la Fundación. “Indagar en el pontificado del Papa Luciani como un paso decisivo para el ejercicio del ministerio petrino —afirma Falasca—, con enormes repercusiones sobre la vida de la Iglesia, ayuda no solo a reconstruir plenamente el perfil de Juan Pablo I, sino a comprender las cuestiones con las que la Iglesia estaba y está llamada a confrontarse”.
(Agencia Fides, 25/8/2026).