“Asesinamos personas basándonos en metadatos”: la Inteligencia Artificial como instrumento de guerra

jueves, 21 mayo 2026

por Luca Mainoldi

Roma (Agencia Fides) – Con motivo de la presentación, el próximo 25 de mayo, de la encíclica del papa León XIV dedicada a la Inteligencia Artificial (IA), resulta oportuno ofrecer algunas claves sobre el uso de esta tecnología en el ámbito militar.
La IA promete transformar prácticamente todos los aspectos de la vida humana, y el sector bélico es uno de los primeros en haber incorporado estas herramientas. Las guerras actualmente en curso, especialmente la de Ucrania (desde 2022) y la de Oriente Medio (desde 2023), se han convertido en auténticos laboratorios de experimentación para nuevas armas y tácticas militares. Entre ellas destacan los sistemas robotizados, como los drones, y distintas aplicaciones de inteligencia artificial. Desde la logística hasta la inteligencia militar; desde la planificación de operaciones hasta su mando y control; desde la identificación de objetivos hasta la guía de armas autónomas: prácticamente no existe un ámbito militar o estratégico en el que la IA no esté ya presente.
Entre los sistemas que generan mayor preocupación ética figuran aquellos destinados a identificar objetivos humanos mediante mecanismos automatizados de perfilado.

“Asesinamos personas basándonos en metadatos” (“We kill people based on metadata”), reconoció sin rodeos el general Michael Hayden ya en 2014. Hayden fue director de la NSA entre 1999 y 2005 y de la CIA entre 2006 y 2009. Los metadatos no hacen referencia al contenido de llamadas o correos electrónicos, sino a la información asociada a esas comunicaciones: fecha, hora, ubicación y contactos de quienes envían o reciben mensajes. El análisis sistemático de esos datos permite elaborar mapas relacionales de posibles objetivos y desarrollar lo que se conoce como “perfilado ambiental”: rutinas diarias, vulnerabilidades, vínculos familiares, amistades o relaciones profesionales.

Este modelo se ha visto reforzado por herramientas de IA como Lavender y Hasbara (“Evangelio”), utilizadas por el ejército israelí en Gaza, junto con otro sistema denominado “Where’s my Daddy?”. El primero rastrea movimientos e identifica posibles miembros de Hamás mediante el análisis de contactos telefónicos, publicaciones en redes sociales, chats de WhatsApp, reconocimiento facial y otros datos. A partir de la información recopilada por Lavender, el programa Hasbara genera automáticamente listas de objetivos, las llamadas killing lists, que posteriormente son gestionadas por Where’s my Daddy?, encargado de detectar cuándo los teléfonos móviles de los objetivos vuelven a activarse, normalmente cuando regresan a sus domicilios.

El drama es que, en la guerra de Gaza, miles de civiles han muerto por encontrarse cerca de objetivos identificados mediante sistemas de IA que, aunque concebidos inicialmente para funcionar bajo supervisión humana estricta, habrían sido utilizados sin una verificación adecuada de la información generada.

En la guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán también se han empleado herramientas de IA proporcionadas por Palantir Technologies, la compañía estadounidense fundada en 2003 que domina buena parte del mercado de inteligencia artificial aplicada a la seguridad y al ámbito militar. Entre los sistemas utilizados destaca Maven, capaz de integrar datos procedentes de satélites, drones, radares, señales electrónicas y otras fuentes para crear una “imagen operativa común” del campo de batalla. Esto ha acelerado drásticamente el proceso de identificación de objetivos, hasta el punto de permitir que una sola persona pueda realizar en semanas tareas que antes requerían meses de trabajo de equipos enteros de analistas. Según diversas informaciones, Maven incorpora modelos de IA como Claude, desarrollado por Anthropic, y habría sido utilizado tanto por fuerzas estadounidenses como israelíes.

La expansión de estas herramientas, además de plantear graves interrogantes éticos, podría provocar una progresiva desaparición de cuadros intermedios dentro de las estructuras militares -oficiales dedicados al análisis y procesamiento de datos, por ejemplo-, sustituidos por sistemas automatizados. Esto abre también un debate sobre la formación de futuras élites dirigentes, tanto en el ámbito militar como en el civil, ya que la experiencia práctica adquirida “desde abajo” podría verse cada vez más limitada por la dependencia tecnológica. El riesgo es que la inteligencia artificial termine convirtiéndose en la principal, o incluso única, fuente de información para tomar decisiones letales.
Ese peligro ya se percibe en el desarrollo de armas autónomas capaces de decidir por sí mismas cuándo matar sin intervención directa de un operador humano.

La decisión de desarrollar y utilizar este tipo de armamento sigue siendo política. Hasta ahora, las potencias occidentales han asegurado que no desplegarán sistemas autónomos letales sin supervisión humana. Más ambigua es, sin embargo, la posición de otras potencias. Según un informe de la ONU, en 2020 un dron turco equipado con inteligencia artificial habría realizado en Libia la primera acción letal completamente autónoma documentada, sin intervención humana directa.

Siguen siendo objeto de controversia, además, las declaraciones realizadas en 2023 por el coronel de la Fuerza Aérea estadounidense Tucker Hamilton, quien aseguró durante un congreso sobre IA que, en una simulación, un dron encargado de destruir un radar enemigo habría atacado su propio centro de mando después de recibir la orden de cancelar la misión, con el objetivo de completar el ataque. Aunque posteriormente esas afirmaciones fueron matizadas, el escenario descrito continúa siendo considerado técnicamente plausible.
(Agencia Fides 21/5/2026)


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