Abuya (Agencia Fides) – «No creo que nuestro gobierno se lo esté tomando en serio. Lo digo porque si miran nuestra ciudad aquí en Akure, Akure está bajo invasión. Están llegando personas desconocidas, ¿de dónde vienen? ¿Y el gobierno dice que no sabe lo que está pasando?», ha afirmado Mons. Jude Ayodeji Arogundade, obispo de Ondo, en la homilía de la Misa del Domingo de Ramos, al día siguiente del secuestro de tres personas ocurrido en las primeras horas del sábado 28 de marzo en el Centro de Salud Integrada de Oke Ijebu, en Akure, la capital del Estado en el noreste de Nigeria. A causa de este nuevo episodio de violencia, los servicios sanitarios en el Estado corren el riesgo de interrumpirse debido a la amenaza de boicot de los turnos nocturnos por parte de enfermeros y comadronas.
Mons. Arogundade ha dirigido un llamamiento a las autoridades estatales y federales para que garanticen la seguridad de los ciudadanos, amenazada por lo que califica como «individuos extraños» que «están ocupando posiciones estratégicas ante la mirada impotente de todos, hasta que empiezan a atacar y a matar».
Sin nombrarlo, el obispo de Ondo ha criticado al Jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general Olufemi Oluyede, quien había definido a los criminales que operan en el noreste de Nigeria como «hijos pródigos».
«La persona que debería velar por la seguridad de Nigeria dijo precisamente la semana pasada que estos terroristas son hijos pródigos. Dios mío, ¿cómo se puede minimizar la enormidad de lo que estos individuos han hecho a este país?», ha afirmado Mons. Arogundade.
Estas personas «han declarado prácticamente la guerra a Nigeria, a su gobierno y a todos los ciudadanos honestos de este país. ¿Y ustedes los llaman hijos pródigos? El hijo pródigo de la Biblia no mató a su padre ni a su hermano para apoderarse de los bienes. El hijo pródigo se marchó, lo perdió todo y cuidaba de los cerdos. No mató al dueño de los cerdos para quedarse con todo», ha subrayado el obispo, que ha pedido la dimisión del general Oluyede. «En un país civilizado, ese hombre debería dimitir», ha afirmado, recordando que «hemos perdido a 41 personas aquí en mi diócesis, ¿y quienes las han matado son hijos pródigos? No creo que este país sea serio. Los nigerianos decimos no saber lo que está pasando. Ha llegado el momento de plantearse la pregunta evidente».
Mons. Arogundade ha concluido invitando a los fieles a la oración: «Debemos rezar, es nuestro deber como cristianos. Debemos rezar, pero al mismo tiempo el gobierno debe asumir sus responsabilidades. Antes de que la gente diga que la situación se ha degenerado… Yo también dudaba en su momento de que se tratara realmente de un genocidio. Está ocurriendo y se está extendiendo como una mancha de aceite».
El general Oluyede había realizado estas declaraciones durante la lección inaugural del Centro Conjunto de Doctrina y Guerra de las Fuerzas Armadas (JDWC), en el Centro de Conferencias del Ejército Nigeriano en Abuya.
Sus comentarios se producen en un contexto de continuas críticas a la «Operación Corredor Seguro», el programa de desradicalización militar destinado a rehabilitar y reintegrar a los ex insurgentes que se rinden.
Dirigiéndose a los escépticos que sostienen que los terroristas «deben ser eliminados» por sus crímenes, Oluyede ha defendido un enfoque más matizado, subrayando la necesidad de vías alternativas para quienes estén dispuestos a abandonar la violencia.
(L.M.) (Agencia Fides 30/3/2026)