VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - La oposición al Magisterio petrino impide la unidad de los cristianos

jueves, 22 enero 2009

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En no poco Cartas pastorales ya no se cita al Papa como término de confrontación de la autenticidad y garante de la catolicidad de la enseñanza episcopal sino al Cardenal o el teólogo, el laico, o incluso el no creyente o el monje de moda del momento, a los que se considera como interpretes autorizados de la enseñanza oficial de la Iglesia. Además a veces se tiene la impresión de pensar que su declaración, aunque disconforme con la verdad católica, tiene el mismo peso que una intervención pontificia. De manera análoga se procede análogamente en el campo ecuménico e interreligioso, creyendo que la voz de un rabino o un imán pueda expresar el pensamiento de todo el pueblo hebreo o del mundo islámico, cuando este no tienen una "jerarquía", sino sólo peritos o doctores "privados" que no son sacerdotes ni "Obispos".
¿Qué está sucediendo? Olvidando que la Lumen gentium ha reafirmado que la Iglesia es el pueblo de Dios jerárquicamente ordenado, se practica una eliminación y una sorda oposición al Magisterio de la Iglesia, constituido por la inseparable y necesaria unión entre el Obispo de una Iglesia particular y el Supremo Pastor de la Iglesia universal. Casi se puede concebir una "responsabilidad local" que no esté en estrecha dependencia y en relación teológica, y por tanto jurídica, con el Supremo Pastor. Los historiadores consideran que todo eso comenzó en 1968 con las protestas a la Encíclica de Paolo VI Humanae vitae.
Si bien gracias a los medios de comunicación, algún trozo de las palabras del Papa llega a las casas, los fieles comunes tienen, sin embargo, el derecho a recibirla de forma integra por parte de los Pastores de las Iglesias particulares y de sus colaboradores, sacerdotes y laicos. Desde los Apóstoles lo que ha hecho "funcionar" la Iglesia ha sido la asiduidad a la enseñanza, una de las condiciones para convertirse en un solo corazón y una sola alma. Es la traditio o transmisión de la fe que se produce de forma masiva en la catequesis y en la liturgia, especialmente en las homilías. Sin tradición de la fe no hay recepción por parte de los fieles. La paradoja a la que se ha llegado es que se habla mucho de recepción de los documentos ecuménicos, pero en al mismo tiempo se silencia o peor se censura el magisterio petrino. Siempre es bueno recordar que el magisterio del Obispo es auténtico sólo si está en comunión efectiva, y afectiva, con el del Papa. A cinco años del Concilio, el 8 de diciembre de 1970, Pablo VI puso en guardia sobre "una tendencia de reconstruir, partiendo de los datos psicológicos y sociológicos, un Cristianismo que arrancaba de la tradición incesante que lo relaciona con la fe de los Apóstoles, y exaltar una vida cristiana carente de elementos religiosos".
Un fenómeno tal produce divisiones y contraposiciones en la Iglesia. ¿Quizás los católicos se han contagiado de la autocefalia ortodoxa y del libre albedrío protestante? ¿se ha difundido que existe, como en política, una diarquía o triarquía entre Roma, Constantinopla y Moscú? Esto no tiene nada que ver con los principios católicos del ecumenismo enunciados por el Vaticano II.
Que el mundo ataque la Iglesia es fisiológico, pero que esto ocurra dentro es preocupante. Esto en efecto condiciona, al menos desde un punto de vista humano, la eficacia de la evangelización. No raramente los fieles cuando oyen predicar a un sacerdote o un Obispo de modo disconforme con el Papa, perciben la confusión que eso engendra y piden la uniformidad de la enseñanza. Es una oposición y a veces un desprecio por la Iglesia actual en nombre de la futura, una hermenéutica que se da siempre tras un Papa: hoy Juan Pablo II viene exaltado por aquellos que lo tacharon como reaccionario y conservador cuando vivía.
La desobediencia es un pecado que se debe confesar, porque al final provoca en los fieles la indiferencia hacia el Magisterio, además de la confusión y despiste. Sólo el Magisterio viviente, del Papa y de los Obispos en comunión con Él - subrayamos "en comunión con Él” - constituye la orientación segura del barco de la Iglesia en nuestro tiempo, para ayudar a formar el juicio de fe y moral, para elegir el bien y rechazar el mal a la luz de la verdad de Cristo. Él ha confiado a Pedro a "mis ovejas", es decir a todos. Esta es la hermenéutico católica. (Agencia Fides 22/1/2009)


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