VATICANO - “En muchas partes del mundo, especialmente en Asia y en África, hay una gran necesidad de espacios vitales de encuentro con el Señor, en los que a través de la oración y la contemplación se recuperen la serenidad y la paz con uno mismo y con los demás”, fueron las palabras del Papa a los Abades Benedictinos

lunes, 22 septiembre 2008

Castel Gandolfo (Agencia Fides) –“En un mundo desacralizado y en una época marcada por una preocupante cultura del vacío y del ‘sinsentido’, vosotros estáis llamados a anunciar sin compromiso el primado de Dios y de hacer propuestas de nuevos caminos de evangelización”. Son las palabras del Santo Padre Benedicto XVI dirigidas a los participantes del Congreso Internacional de Abades Benedictinos, recibidos en audiencia en el Palacio Apostólico de Castel Gandolfo el 20 de setiembre. En el Congreso, que se celebra cada cuatro años en Roma, participaron todos los Abades de la Confederación y los Superiores de los Prioratos independientes, un grupo de Abades en representación de la Communio Internationalis Benedictinarum, y los Representantes ortodoxos.
También en nuestra época, hombres y mujeres, corren a los conventos para “buscar a Dios y a aprender a reconocer los signos de la presencia de Cristo, de su caridad, de su misericordia”, señaló el Santo Padre exhortando a los Benedictinos a no cansarse de compartir, con cuantos se dirigen a ellos en busca de ayuda espiritual, “la riqueza del mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, dispuesto a abrazar en Cristo a todas las personas”.
Dirigiéndose a los Abades y Abadesas el Santo Padre evidenció el rol de los monasterios en el campo cultural y educativo, especialmente en favor de las nuevas generaciones: “es de vital importancia preparar a los jóvenes a afrontar su porvenir y a medirse con las múltiples exigencias de la sociedad, teniendo una referencia constante en el mensaje evangélico, que siempre es actual, inagotable y vivificante. Dedicaos por tanto a los jóvenes con renovado ardor apostólico, pues son el futuro de la Iglesia y de la humanidad. Para construir una Europa ‘nueva’ es necesario empezar con las nuevas generaciones, ofreciéndoles la posibilidad de acercarse íntimamente a las riquezas espirituales de la liturgia, de la meditación y de la lectio divina”.
Benedicto XVI continuó afirmando: “En muchas partes del mundo, especialmente en Asia y en África, hay una gran necesidad de espacios vitales de encuentro con el Señor, en los que a través de la oración y la contemplación se recuperen la serenidad y la paz con uno mismo y con los demás. Por tanto, no dejéis de salir al encuentro con corazón abierto a las esperanzas de cuantos, incluso fuera de Europa, expresan el deseo verdadero de vuestra presencia y de vuestro apostolado para poder sacar las riquezas de la espiritualidad benedictina. Dejaos guiar por el íntimo deseo de servir con caridad a todo hombre, sin distinción de raza y de religión. Con profética libertad y sabio discernimiento, sed presencias significativas allí donde la Providencia os llame a estableceros, distinguiéndoos siempre por el equilibrio armónico de oración y trabajo que caracteriza vuestro estilo de vida”.
El Santo Padre recomendó también un equilibrio en relación a la “celebre hospitalidad benedictina”: “el corazón de la comunidad debe estar abierto, pero los tiempos y modos de la acogida deben estar bien proporcionados... Una comunidad capaz de una auténtica vida fraterna, ferviente en la oración litúrgica, en el estudio, en el trabajo, en la disponibilidad cordial al prójimo sediento de Dios, constituye el mejor impulso para hacer brotar en los corazones, especialmente de los jóvenes, la vocación monástica y, en general, un camino de fe fecundo”.
Antes de la conclusión Benedicto XVI les dirigió unas palabras especiales a las representantes de las monjas y hermanas benedictinas, alentándolas frente a la escasez de nuevas vocaciones: “afrontad estas situaciones dolorosas de crisis con serenidad y con la conciencia de que a cada uno no se nos pide tanto el éxito como el empeño y la fidelidad. Lo que se debe evitar absolutamente es el debilitarse de la adhesión espiritual al Señor y a la propia vocación y misión. Perseverando fielmente en ella se confiesa, en cambio, con gran eficacia también de cara al mundo, la propia confianza firme en el Señor de la historia, en cuyas manos están los tiempos y los destinos de las personas, de las instituciones, de los pueblos, y a él confiamos lo tocante a las realizaciones históricas de sus dones”. (S.L.) (Agencia Fides 22/9/2008 líneas 51 palabras 743)


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