VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvador Vitiello - Transmitir la fe a las jóvenes generaciones

jueves, 24 julio 2008

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En Australia el Papa ha recordado que "al promover los valores cristianos, no podemos descuidar proclamar su fuente dando común testimonio de Jesucristo Señor. Es Él quien confió la misión a los apóstoles, es Él de quien hablaron los profetas y es Él a quien nosotros ofrecemos al mundo". (Encuentro ecuménico del Santo Padre Benedicto XVI con algunos líderes de otras Iglesias y Confesiones cristianas, 18/7/2008).
Se sabe que después del Concilio, sea en el ámbito misionero sea en el ámbito pastoral, se ha abierto paso la idea de que solo se debe anunciar a Cristo después de haber solucionado los problemas humanos o, en el caso de los jóvenes, al final de la propuesta educativa. Una tesis que semeja consiguiente a la del cristianismo anónimo de Karl Rahner. Pecado que haya fue experimentada por San Pablo en el areópago, con las consecuencias que sabemos. El Cardenal Angelo Bagnasco afirma a este respecto: "El anuncio de Cristo no es un cumplimiento final, el acontecimiento conclusivo de un recorrido. Es el fundamento. Es hay donde está la referencia educativa visible, concreta. Y que la fascinación por Cristo esté al inicio del recorrido educativo - no como un método académico, sino como experiencia completa -, lo vemos todos. Es el impacto de ese atractivo el que da a luz un movimiento interior, un impulso, una intuición ante las exigencias de la vida. Y esto pone en marcha una conversión, un camino; porque se intuye que allí está la plenitud del hombre" (Tracce n 7,2008, p 113).
O nos fiamos de la potencia de Jesucristo - y de Cristo crucificado - como Pablo después del fracaso en el areópago de Atenas, o pensamos que nuestra sabiduría y metodología valen más. Así se comprende lo que quería decir el Papa a la asamblea de los Obispos italianos el pasado mayo, cuando dijo que el problema educativo para la Iglesia coincide con transmitir la fe a las jóvenes generaciones: sólo encontrando a Cristo el hombre se redescubre como hombre, como había ya dicho el rector de la antigüedad latina, Vittorino. No hay un anuncio humano distinto de un anuncio cristiano para quien ha consagrado la vida a Cristo en la misión y en el sacerdocio. El anuncio de Jesús, verdadero Dios hecho hombre por nosotros hombres y por nuestra salvación, contiene y manifiesta la concepción plena del hombre.
Juan Pablo II lo enseñó en sus veinticinco años de pontificado, empezando por la Encíclica Redemptor hominis, donde retomaba el conocido pasaje de la Gaudium et spes 22: "En realidad el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado…Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación……El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido en cierto modo con todo hombre" (n 8).
Sacerdotes y misioneros, saben que sólo anunciando a Jesús y no los valores de moda, incluso aquellos de la justicia y la paz, son fieles a su llamada. De otro modo se convierten en asistentes sociales. Sólo trabajando para construir la Iglesia como el lugar de los reconciliados y no promoviendo marchas e iniciativas por la legalidad, son ministros de la reconciliación, no sindicalistas. Sólo construyendo la Iglesia se contribuye a la humanización del mundo. Todo Obispo comprende la importancia de esta impostación en el camino educativo para que los jóvenes no se vean inducidos a errores de perspectiva, a condición de que desarrolle su misión de doctor y maestro en el exhortar y corregir, en el animar y reprochar.
Transmitir la fe a las jóvenes generaciones significa en una palabra retomar el traditio: aquella que en el catecumenado viene enfatizada por los símbolos del Credo y del Padre Nuestro y que en la realidad significa transmitir a Jesucristo como el que da sentido a la vida - Él me dice "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" – de la que reciben valor todo pequeño fragmento del universo, sensible o sobrenatural. Estén atentos los adultos - los presbiterios - a esta responsabilidad. (Agencia Fides 24/7/2008)


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